domingo, 12 de julio de 2009

Memín Pinguín #63-65

Ernestillo se ve obligado a trabajar mientras su padre sigue en el hospital, pero en el oficio que encuentra suceden desagradables incidentes.

Con su padre sufriendo una larga recuperación en el hospital, Ernestillo debe conseguir trabajo para mantenerse y pagar la renta de la carpintería (servicios a menores no eran muy eficientes en ese época, o en la Cruz Roja no se molestaban en contactarlos, ya que andan dejando a un menor de edad con un padre convaleciente por su propia cuenta). Ernestillo trata de encontrarlo con los amigos de su padre, pero ninguno puede permitirse el lujo de contratarlo, mas uno lo guía hacia una tienda de abarrotes donde necesitan dependiente. Ernestillo no tarda en entrevistarse con el dueño, Nicanor, un español malencarado, que le asigna un horario que no le permitirá asistir a la escuela. No teniendo otra opción, acepta el sacrificio y promete volver con una carta de recomendación.
Más tarde, sus amigos van a visitarlo a la carpintería. Ernestillo expone su pena de no haberles dicho nada de lo que le pasaba, en parte para no echarles a perder el buen tiempo de regreso con sus padres tras la larga excursión. Después, va con el profesor Romero, desahogando su tristeza ante tanta desgracia. Éste le aconseja que tome el trabajo de momento, y luego podrá considerar otras opciones que no le hagan desatender los deberes escolares. Ernestillo comienza a trabajar, más horas de las que las leyes a menores deberían permitir. Bajo las instrucciones de Nicanor, debe calcular mal los precios de las cantidades en kilogramos para sacarles más dinero a los ingenuos clientes. Pasan algunos días, cuando sus amigos deciden pasar a la tienda para ver si él puede venir a jugar con ellos al callejón en la tarde. Al verlos, empiezan a cuchichear y él se pone a contarles sobre las bajezas que tiene que hacer, ignorando a Memín que se acerca demasiado a los aparadores. Nicanor aparece, quejándose de la presencia de los amigos de Ernestillo, llamándolos ladrones. Ellos responden que no lo son, pero entonces el español señala a Memín y sus abultados bolsillos. Lo sujeta por los pies y lo sacude, haciendo caer los dulces que se había metido. La vergüenza de sus amigos no podría ser peor, y los tres se retiran.
Ya afuera de la tienda, Ricardo y Carlangas no paran de que atacar a Memín, echándole en cara que le ha ocasionado problemas a Ernestillo. Él se excusa, alegando que quería equilibrar los robos que hacia Nicanor con los precios, pero lo cortan igual. Memín está tan arrepentido, que piensa en una forma de pagar su error. Al llegar a casa, pregunta por sus ahorros, y al querer saber Eufrosina el motivo, rompe a llorar, admitiendo que es un ladrón. Ella hace un drama similar, avergonzandose por los dos, pero consiente que se lleve el dinero, después de darle el castigo merecido, que esta vez Memín recibe sin soltar ninguna queja. Regresa a la tienda, y al salirle de nuevo Nicanor, le ofrece el dinero para pagar por lo que pensaba tomar. Éste lo acepta más por codicia que nada. Memín ni se fija y se disculpa con Ernestillo, quien lo perdona fácilmente ante su acto de arrepentimiento. Después, se reencuentra con sus amigos, enterándolos de lo que hizo y también lo perdonan, advirtiéndole que no se repita (tal vez no, pero igual pasaràn varias vergüenzas a causa de los inconscientes acciones de Memín).
Un día, Nicanor ve a Ernestillo preparando el dinero que usará para pagar la renta de la carpintería. Acuerda ayudarle el domingo a arreglar unas cosas sí lo deja salir temprano. Más tarde, cuando se encuentra solo, un cliente sospechoso, le hace bajarle los productos que están más lejos del alcance la mano, para distraerlo mientras extrae dinero de la caja registradora. Cuando Nicanor regresa y revisa la caja, repara en la falta del dinero, señalando al que Ernestillo tiene en sus ropas, que era el de la renta. El chico se lo recuerda, mas el español no hace caso y lo golpea, obligándolo a huir de éste. Un policía lo intercepta y lo llevan a la delegación. Ahí, Ernestillo expone que el dinero es suyo, pero igual se lo “devuelven” a Nicanor, y a él lo dejan para enviarlo a la correccional. Después de llorar y explicar que el dinero que tenia en la caja no era la misma cantidad que él que tenia, logran convencerlos para que lo dejen libre, pero se queda sin nada. Deprimido, va con sus amigos, contándoles de la injusticia que ha sufrido. Ellos lo acompañan para ir con el maestro, dejando a Memín para que vaya a la tienda a vigilar según (¿para que? quien sabe). Éste propone vengar a su amigo rompiéndole todos los vidrios al español, entre otros actos vandálicos, pero le hacen prometer que no hará nada de eso. Como sea, el negrito no está dispuesto a dejar las cosas así. Se dirige muy ufano al interior de la tienda, dejando salir burlas y desprecios hacia el “gachupín”, para hacerle perder los estribos. Nicanor acaba rompiendo uno de los vidrios al arrojar algo que Memín esquiva hábilmente, y luego, colérico, sale corriendo en su persecución. Memín logra eludirlo, saltando y metiéndose en un bote de basura. El español recuerda que ha dejado la tienda vacía, y al regresar, un amigo suyo que encargó unos vinos, señala su descuido. Para calmarse, Nicanor se sirve un vaso de licor y se pone a hablar en defensa de españoles que emigraron a México siendo más patriotas que los nativos de ahí, mas su amigo cambia de tema abruptamente sobre lo mal que trata a sus trabajadores (ni al caso, toda esta conversación no tenia ni ton ni son, a mi parecer).
Ernestillo expone su problema al maestro, quien de inmediato se dirige a la tienda para reclamarle al hombre. Para entonces, Nicanor ya anda lamentándose a causa del alcohol, por lo que no pone objeción en devolver el dinero a Romero cuando se presenta. Únicamente, deja salir una advertencia de que Memín nunca más pise su tienda porque lo desollará vivo. Ricardo y Carlangas se preguntan que diablura habrá hecho Memín, mientras Ernestillo agradece al profesor por haber recuperado su dinero. Al despedirse del maestro, Memín se les une, apestando a la basura en que se metió, contando lo que hizo para que el “gachupín” pagara por aprovecharse de su amigo, habiendo cumplido su palabra de no romper nada por si mismo. No ven caso a regañarlo y le exigen ir a bañarse sí quiere acompañarlos al hospital. Una vez que ha quedado limpio, sigue con ellos rumbo a la clinica. Una vez dentro, Memín se separa de sus amigos sin querer y se pierde en el pasillo de los enfermos mentales. Uno le sale al encuentro, reconociéndolo por que a todos sus compañeros les gusta su revista (autopublicidad, buen toque), y le propone llevarlo a conocer a “Napoleón”. Memín acepta, observando las extrañas actividades de los chiflados sin entender. Al salirle el loco que se cree personaje histórico, aprovecha para que lo saque de dudas en unas preguntas de historia que falló. Cuando “Napoleón” hace ver que tiene mucho dinero escondido e influencias para apoyar a los pobres, pide ayuda para el padre de Ernestillo, y al responder que con chicle pueden pegarle la pierna, le cae el veinte que está loco de remate. Luego se las ve con otra chiflada que se cree actriz famosa, y al encontrarlo atractivo, Memín confirma que no está bien de la cabeza.No tarda en darse cuenta que él que lo invitó también es un loco y se apresura a salir de ese lugar. Una enfermara lo retiene, negándose a creer en su cordura, pero logra escapársele. Ernestillo y los demás terminan de visitar a su padre, asegurando que la carpintería está segura. Se reúnen con Memín, que les cuenta de su estadía con los locos, y luego pasan a ver que trabajo podrá encontrar Ernestillo para no perder clases. Memín sugiere dejar la escuela él también y ayudarle a buscar, pero sus amigos le espetan que su amigo puede darse el lujo al estar más adelantado, y él no por andar mero atrás.

Lo difícil que es sostener un trabajo en una época en que las leyes no eran tan estrictas sobre la contratación de menores de edad. Además, un detalle repetitivo perceptible en la revista, es que por lo menos hay tres veces que salen españoles como dueños de tiendas de abarrotes. ¿Un homenaje a un recuerdo nostálgico o de verdad los españoles vienen a este país para iniciar negocios de esa índole? Lo que hay que ver, claro, la próxima vez.

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