sábado, 25 de julio de 2009

Memín Pinguín #126-133

Memín y sus amigos viajan a Dallas, junto con los tíos de Trifón, dispuestos a terminar con el desempate y ganar. Antes y después del juego decisivo Monterrey Vs. Dallas, Texas, se ven involucrados en problemas legales.


El entrenador Álvarez (aunque ya lo habían presentado como Álvaro) les informa a Memín y sus amigos sobre la decisión de librar un juego de desempate a solicitud de sus contrarios de Dallas, Texas, el cual se llevará a cabo en su territorio. A Memín no le parece, ya que siente que ahí matan a gente importante, como al presidente Kennedy, alegando que lo mismo podría pasarle a él. Pasando de lado su sangronería, el entrenador ofrece llamar a sus padres para convencerles de permitirles el viaje. Así los pone en el auricular a cada uno, y consiguen obtener el permiso. Una vez más, es Memín quien tiene problemas, ya que tras batallar en dar con Eufrosina (que atiende las llamadas a través de una tienda en donde debe tanto que ya andan queriendo negarle el ¨servicio¨), recibe una negativa y le cuelga el teléfono, después de ordenarle regresar de inmediato. Memín lamenta informarles que no se pudo, y siguiendo neciamente su regla de estar siempre parejos, sus amigos deciden que ellos tampoco iran, contrariando al entrenador. Éste sugiere volverlo a intentar, y en ese lapso, Eufrosina ya está recapacitando sobre la poca seguridad que ofrece la idea de que Memín se regresara solo. La mujer de la tienda vuelve a informarle que tiene otra llamada de su hijo, y los dos se ponen a conversar como si nada, en una típica conversación telefónica entre parientes que andan lejos (dejando pasar el costo elevado de las llamadas a larga distancia). Memín le habla tan melosamente como siempre, asegurando que volverá para ayudarla con el quehacer, pero Eufrosina le hace ver que está de acuerdo en que siga con sus amigos, y que cuando resuelva el asunto, regrese sin más. Los cuatro celebran que ahora nada podrá detenerlos, aunque Trifón se queda sin llamar a su casa, mas le recuerdan que él esta con la tía Canuta y ella es quien le debe dar el permiso. Cuando le cuentan sobre la decisión de ir a Texas para el desempate, Canuta lo celebra con otra sesión movida de la redova, que de nuevo obliga a Memín a bailar sin poder detenerse por si mismo. Canuta propone acompañarlos y darles sitio en el elegante hotel en que se hospedará junto con Cleto, además de regalarles quinientos dolores a cada uno (demostrando que los regiomontanos no son tan codos como muchos piensan). Llaman al entrenador para que les de los boletos que ya tenían listos, ahorrándole un poco en gastos a los tíos y viajando con un día de anticipación a Dallas, Texas. Durante el vuelo, los amigos de Memín comentan sobre lo que han oído de la discriminación que se le da a la gente de color en ese lugar, temiendo que él pudiera ser victima de ello. Memín no tiene ni idea de que hablan y por más indirectas que le dan, no comprende y prefieren dejarlo tranquilo en su ignorancia. Una vez que el avión ha aterrizado, solicitan una silla de ruedas para la tía Canuta, que aun sigue con su pie enyesado. Memín y Ernestillo la pasean un poco, pero acaban precipitándose en un área inclinada, lastimándose los tres al chocar con un poste (parece que a cada rato andan sufriendo este tipo de accidentes en la revista). Pasan a dejar sus cosas en el hotel, y luego los cuatro salen, acompañados del fiel Trifón, a hacer compras con el dinero que les obsequiaron. La mayoría lo invierten en ropas nuevas.
A Memín le llama la atención un traje de baño que deja poco a la imaginación, queriendo comprárselo a su madre, pero sus amigos se lo impiden, imaginando lo bochornoso que seria. Ricardo propone que vayan a una neveria, donde sus conocimientos en ingles, le permiten ordenar los helados que sus amigos quieran. Sin embargo, el pedido de Memín es el único que falta, y se lo hacen saber a la mesara, pero ella se va sin decir nada. Memín se impacienta y sus amigos suponen lo que está pasando. Él mismo pasa al mostrador, exigiendo su helado, ignorando que el empleado le dice en ingles que se largue. Memín regresa con sus amigos, contrariado, y estos le hacen ver que están discriminándolo.Mandan llamar a la mesara para confirmar, y en efecto, ella replica en su idioma que en ese lugar no sirven a los negros. Carlangas protesta, arrojando una copia vacía al suelo. Ricardo y Ernestillo siguen su ejemplo, para después echarse a correr sin pagar. Pero el dueño consigue atrapar a Carlangas y tienen que volver por él. Mientras éste se apresura a llamar a la policía, el empleado se desquita con el causante indirecto del desbarajuste, abofeteando a Memín. Éste responde el golpe y sus amigos prosiguen rompiendo mesas, vidrios y todo lo que alcanzan. Llegan los policías para llevárselos presos. Ya que Trifón no se entrometió en ningún momento, limitándose a observar mientras lamia su helado, Memín le pide avisarle a la tía Canuta para que los saque.
Trifón acepta y carga con todas las cosas, regresando al hotel, saludando a sus tíos que se relajaban, sin decirles nada, olvidándose de todo. En le delegación, con la presencia de un interprete, Memín y sus amigos exponen la injusticia cometida que ameritaba su poco sutil forma de protesta. Éste les hace ver que así son las leyes en ese lugar, permitiendo que los dueños de comercios admitan a quienes quieran, sin importar lo anticuado o antisocial que parezca, y siendo extranjeros, deben respetar las leyes regionales como tales. Les dice que la única solución es que paguen la multa por los destrozos ocasionados, pero ellos no tienen nada y sólo esperan que la tía Canuta venga a sacarlos. Al recordar que dejaron a Trifón con el recado, de ahí a que se acuerde, sienten que pueden pasar años.
No pasa tanto tiempo, cuando Cleto ha salido y entre las preguntas que Canuta le hace a su sobrino sobre lo que anduvieron comprando, acaba por informarle del pleito que se armó por no servirle su helado a Memín. Indignada, la tía Canuta se apoya en él para salir, tomando un taxi. Pronto está dando de gritos en la delegación, exigiendo que liberen a sus sobrinos (para este punto ya los considera a todos como tales). Discute con el intérprete, quien le advierte que se apegue al cumplimiento y respeto de las leyes. Canuta lo ignora y se pone a repartir un montón de dólares a las autoridades, tratando de sobornarlos. Ninguno recoge los billetes y se limitan a mirarla con extrañeza. El interprete le hace ver que ahí no pueden comprarse las autoridades (¿Cómo no? Si en cualquier lado la corrupción es igual, quizá en esos tiempos no habían decaído tanto). Unos policías se acercan para apresarla, después de que el interprete traduce sus amenazas e insultos, pero ella se zafa, golpeándolos y sacando su pistola.
Una tremanda balacera se produce en la delegación, obligando a todos a esconderse en sus escritorios, mientras la mujer grita como loca, recobijándose de tenerlos angustiados. Pero las balas se le acaban, (aunque siguen siendo inofensivas salvas) y no puede evitar que la apresen, pero exige que recojan el dinero que tiró si no lo quieren. Obedecen en el acto y ya satisfecha, se deja conducir a la celda. Ahí, los cuatro la esperan ansiosamente, reanimándose al verla, mas la impresión no les dura mucho cuando la meten con ellos y cierran con llave. No les queda más que confiar en que Trifón traiga al tío Cleto y él ayude a resolver la situación. El entrenador Álvarez se reúne con el encargado del equipo de Dallas, dejando que él se ocupe de hospedar a los otros jugadores. Después, pasan al hotel a saludar a los demás jugadores, pero sólo encuentran a Trifón, que no sabe que hacer al no ver rastros del tío Cleto. Les informa que tanto sus amigos como su tía están prisioneros, y los dos se apresuran a ir, a ver como los liberarán. En la cárcel, Canuta y los muchachos se distraen jugando rayuela, justo cuando los dos entrenadores llegan a tratar con las autoridades. Tienen facilidad de sacar a los cuatro, pero a la tía no porque a ella le pusieron una multa muy alta por el desorden que causó, aunque como no les importa, los tiene sin cuidado. En cuanto les abren la reja, los cuatro salen emocionados, pero se detienen al ver que la tía Canuta seguirá presa, por lo que exigen que vuelvan a meterlos con ella, sin importarles si se pierden el juego por eso. Frustrados, a los entrenadores no les queda de otra que usar sus esfuerzos para sacarla a ella también, mediante un abogado y un extenuante proceso legal de tramites para pagar las multas y demás. Ya con todos libres, Canuta promete al entrenador que ella misma repondrá esos gastos. De vuelta en el hotel, se reúnen con Trifón, que se durmió durante la espera. Sigue sin haber hallado señales de Cleto, y salen otra vez a buscarlo, e incluso el entrenador Álvarez se ofrece a ayudar. Mientras exploran las calles, a Memín le da hambre y es atraído a un expendio de hot dogs. Se sorprende al ver que Cleto está trabajando ahí, preparando y sirviendo la comida. Supone que ha vuelto a perder la memoria, volviendo a convertirse en Honorato. Llama a sus amigos y al entrenador para que le hablen con sutileza, para darle confianza, pero en realidad Cleto sigue consciente de su identidad y no entiende a que se refieren. Alega que al ver que solicitaban ayudante, se ofreció a trabajar, e incluso pagó para que lo admitieran. Todos se desconciertan, pero luego disfrutan de los hot dogs que prepara Cleto, empeñado en seguir en su puesto hasta que termine su turno. El entrenador se retira para informar a su esposa y más tarde, los cuatro vuelven al hotel, acompañados por Cleto. Canuta está contenta al ver que no le pasó nada, pero no comprende su nueva actitud de darle por preparar y surtir comida rápida, que es a lo que Cleto piensa dedicarse en cuanto regresen a Monterrey.
Llega el día del partido, y el entrenador Álvarez, en vista del incidente anterior, ya anda temiendo que vuelva a pasarle algo a los cuatro y no alcancen a llegar. Pero estos pronto están ahí, con Trifón y la tía Canuta, a quien han quitado su pistola, por lo que no podrá volver a echar porras a balazos. Se ponen el uniforme y salen al estadio. No dejan de señalar la falta de entusiasmo entre el publico asistente de los americanos, a diferencia de los mexicanos que siempre andan haciendo escándalo para demostrar su apoyo. ¿Qué esperaban? Para los americanos el soccer carece de la importancia de otros deportes, por lo que no puede esperarse que se tomen tan en serio su afición y menos en juegos en que participan puros escuincles.
El entrenador los pone a cargar la bandera de México, llevándola por el estadio para después formarse y escuchar el himno nacional, que tiene un efecto nostálgico sobre ellos, despertando su sentimiento patriótico (no le hagan, la competencia deportiva no tiene nada que ver con la patria). Lo mismo hace el equipo americano, y ya después da comienzo al partido. Los contrincantes esta vez juegan con mayor rigor, poniéndoselas difícil desde el inicio, pero Memín consigue anotar el primer gol con un oportuno cabezazo. Queda atontado pero pronto vuelve en si. El juego sigue con tácticas realmente rudas por parte de los americanos, pero consiguen frustrar todos sus intentos de anotar gol. Entre el publico, la tía Canuta fuma como desesperada, formando tanto humo que algunos protestan, y el primero en exigirle que apague su pipa, le responde echándole humo en la cara. Se ven obligados a abanicarse con periódicos para ahuyentar el humo, ya que no pueden detenerla. Memín consigue dar un pase a Carlangas para lograr otro gol y luego se van a medio tiempo, optimistas porque esta vez llevan la ventaja. El entrenador los anima a seguir así. Al reanudarse el juego, los de Dallas se ponen más agresivos, cometiendo falta tras falta. Ernestillo quiere responder, pero sus amigos le recuerdan que ellos deben jugar decentemente para demostrarles como lo hacen los mexicanos. Realizan una extraña jugada de pases de cadera, que resulta efectiva para que Ernestillo anote el tercer gol, y poco después, termina el partido. Sus contrincantes no guardan rencor y los felicitan por su contundente triunfo.

Canuta celebra la victoria tocando la redova, que pone a todos los jugadores a bailar. Memín, nuevamente, baila de más, llamando la atención del público americano, hasta que lo aplacan. El entrenador Álvarez los felicita por el triunfo, apremiándolos a reunirse más tarde para el banquete que darán en su honor. A Memín le preocupa que al día siguiente volverán a México a primera hora, por lo que no tendrá tiempo de comprar un regalo especial, una plancha de vapor, para su má linda. Durante el banquete, aprovecha una oportunidad para escabullirse, dirigiéndose a una tienda de electrodomésticos. Trata de darse a entender en vano con una empleada que no le entiende ni papa. Manda a llamar a otra que si habla español y Memín le pide el precio de las planchas. Cree tenerlos al alcance su bolsillo, pero sólo traía cinco dólares consigo y el resto del dinero mexicano no tiene valor ahí. Desilusionado, empieza a retirarse, pero la empleada lo detiene, refiriéndose a que hay una oferta especial en planchas. Aun así no le alcanza, pero ella acepta comprarle una canica que traía, completando la cantidad necesaria. Memín sale muy contento con la plancha envuelta para regalo. Regresa justo a tiempo para una foto del equipo con la copa, y él insiste en sostener y presumir el regalo para que Eufrosina lo vea. Siguen disfrutando del banquete y dedican una porra a los de Dallas por hospitalidad y ser tan buenos perdedores.
En México, los padres se enteran del triunfo de sus hijos, mediante el periódico con la foto en que salen con la copa. No podrían estar menos orgullosos y emocionados, esperando ansiosos su regreso (sobretodo Eufrosina, que intuyó que el regalo que Memín exhibía era para ella).
Memín y sus amigos se despiden del entrenador Álvarez y sus compañeros del equipo de Monterrey, confirmando que al día siguiente partirán. Pasan la última noche con los tíos de Trifón. La tía Canuta se siente triste por su inminente partida, habiendose encariñado mucho con ellos y aun agradecida porque le devolvieron a su marido. Ante su buena voluntad, ellos deciden ser honestos, confesando que los “accidentes” fatales que afectaron a su persona, fueron perpetrados por ellos, y que el dedo de Cleto se lo comió el gato en un descuido. Canuta sólo puede echarse a reír y a llorar al mismo tiempo ante tantas ironías. Durante la cena, vuelve a admitir lo mucho que los extrañará, quedándose únicamente con Trifón (quien ya no volverá a aparecer, al menos no dentro de las tramas elaboradas directamente por Doña Yolanda). Ellos la invitan a que venga a visitarlos cuando quiera y les toma la palabra (por desgracia, no la volveremos a ver). Suben al avión tras despedirse de Trifón y los tíos, emprendiendo el viaje de regreso. Los padres esperan ansiosos su llegada, pero a la vez preocupados, a raíz de la desconfianza de Eufrosina hacia la eficacia de los aviones como medios de transporte seguros. Y tiene algo de razón en su presentimiento, ya que por el camino, enfrentan la turbulencia provocada por pasar sobre nubes de tormenta. La experiencia es aterradora, pero una vez que la libran, recuperan el optimismo. Aterrizan y son bien recibidos por sus respectivos padres, e incluso el profesor Romero y su esposa. Aunque los felicita, Romero no deja de recordarles que por su ausencia tendrán que esforzarse para ponerse al corriente con sus estudios, y ellos aseguran que así será, aunque con Memín siempre hay dudas de que lo consiga. Mientras deja sus cosas y se prepara para que lo bañe, Memín le cuenta a Eufrosina todo lo que vivió en Monterrey y Dallas, brincando entre los detalles más sórdidos, impidiéndole cualquier posibilidad de hilar la historia. Al llegar a la parte en que fue discriminado y que acabó en prisión, Eufrosina concuerda en que habría hecho igual que la tía Canuta para defenderlo, aunque tratándose de ella seguro que seguirían en la cárcel. Luego, se acuerda del regalo que lo trajo, que es finalmente desenvuelto, y pronto hace la primera prueba de la plancha (no estoy del todo enterado sí este avance tecnológico en las planchas aun está vigente o fue algo experimental, supongo que sólo alguien que sepa del trabajo que implica planchar, podría saberlo, nunca he usado una plancha).
Al día siguiente, Memín y sus amigos encuentran que no les permiten entrar a la escuela por un rato. Cuando por fin les abren las puertas, encuentran a alumnos y maestros formados, dedicándoles una porra general a los cuatro (y solo a uno de los otros dos que también participaron). El director los felicita personalmente por haber enorgullecido tanto su escuela como su país (ya, no fue para tanto).
Pasan con el profesor Romero, contándole todo lo que pasó, y él antepone el respeto a las leyes extranjeras al saber el desastre que ocasionaron en la heladería, mas en el fondo, aprueba su actitud de defender a Memín. Habiendo sido puesto al tanto, los incita a tomar sus asientos y ponerse a estudiar.

A mi juicio, está prolongada saga de Monterrey Vs. Dallas, Texas, es una de las mejores que han presentado en la revista. Entre tantos incidentes chuscos y divertidos, apenas hubo tiempo para el futbol, así que al final eso no fue lo más representativo, aunque si una buena excusa para poner a Memín y sus amigos dando vueltas en dos escenarios con peculiares personajes de ocasión.
Algo curioso que debe comentarse, es que al parecer, en la parte en que están en Dallas, la forma de presentación, una vez que llega a manos americanas, ocasionó una oleada de mala fama para Memín, por insinuar que allá son racistas por poner esas cosas. Bueno, obviamente eso no es verdad, y sí se hubieran fijado mejor, entenderían que la revista no está actualizada, retratando una época en que las leyes de igualdad no eran tan fuertes como hoy en día, por lo que los dueños de comercios podían darse lujo de negar servicio a cualquier minoría detectable cuando se les antojara. Ahora debe ser muy difícil hacerlo legalmente, a excepción de pequeñas y atrasadas comunidades de mentalidad cerrada, pero lo que haya sido de Dallas, Texas, era la del ayer, y no la del hoy, por lo que todo se debió a una confusión. Eso pasa por no tomar precauciones al exportar la revista, por su versión a colores, quienes no sepan, no podrían saber que esta representando a una época clásica.

4 comentarios:

  1. Hay algo que no tiene explicación en estos capitulos ¿Cómo pudieron entrar a USA sin pasaportes ni visas?

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  2. en este número fue que memin habla mientras le toman una foto y dice que su mama sabrá lo que el ha dicho?

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