jueves, 2 de julio de 2009

Memín Pinguín #17-19

Carlangas trabaja como papelero para ayudar a su madre con los gastos, y sus amigos siguen su ejemplo. Los cuatro entran de lleno a esto, pero pronto tienen desavenencias con Memín.

Después de instalarse en su nueva casa, Isabel consigue una maquina de coser para que le ayude a desempeñar un trabajo más honrado como costurera, manteniendo su promesa de dejar la vida en el cabaret. Con recomendación del maestro Romero, Carlangas pone su parte, aprovechando el tiempo libre de las vacaciones, trabajando como voceador de periódicos e historietas, algo que se le da naturalmente, infligiéndole el orgullo y gusto de ayudar al sostenimiento del hogar. Sin embargo, al ocultarselo a sus amigos, estos se preguntan el porque de su abandono, ya que contaban con él para estudiar juntos y no andar flojeando en el tiempo de descanso (aunque Memín no tiene problema con lo ultimo).
Más tarde, Memín se topa con Carlangas, quien le informa sobre su “importante” trabajo, disimulando en que consiste, aprovechando la ingenuidad de su amigo. Impulsado por la curiosidad, Memín lo sigue con discreción, espiando sus actividades para entender que trabajo es ese exactamente. El descubrir la verdad lo decepciona un poco, y cuando se reúne con Ernestillo y Ricardo para estudiar, ellos lo interrogan hasta que les cuenta del trabajo de Carlangas. Ernestillo lo reprende por tener esa impresión, ya que ningún trabajo es lo suficientemente deshonroso (excepto bailar en cabarets, supongo). Dando a entender la importancia de ayudar a sus respectivos padres, Memín concuerda con Ernestillo de que podrían hacer lo mismo. Ricardo también quiere intentar, a pesar de que le advierten que no le conviene, por la pena ajena que le daría a sus padres y la inconveniencia que representaría por su aspecto acicalado. Apegándose a la idea de que los amigos deben estar siempre juntos en y para todo, Ricardo persiste en su idea. Los tres encuentran a Carlangas para dejarle en claro que no tenia que avergonzarse ocultándoles eso, y solicitan su ayuda para entrarle inmediatamente al trabajo de papeleros. Él los lleva con la persona encargada (un tal “Calavera”, mencionado un par de veces, más nunca sale a cuadro, por lo que un poco incongruente que se molestaran en ponerle nombre a un personaje que ni sale, a menos que esten haciendole un homeneje a un personaje de la vida real, lo que es probable, considerando que las bases de la vida de Memín y sus amigos se toman de la infancia de Guillermo de la Parra y personas que conoció). Al día siguiente, ya están los cuatro vendiendo revistas y periódicos, codo a codo. Curiosamente, entre las publicaciones de revistas que venden, se mencionan diferentes títulos propios de Editorial Vid, que incluyen Lágrimas, Risas y Amor (clásica historieta popular tipo que inspirase diversas novelas, cuya mayoría de historias venían de la pluma de la misma autora de Memín y su esposo). Una forma curiosa de hacer publicidad a los demás títulos de la casa editora, aunque unos de los mencionados, en la tercera versión a colores, que ha sido relanzada tres veces, sólo estuvo disponible durante la primera vez (no puede esperarse que actualicen algo tan pequeño cada vez, pero si uno ignora este detalle, considerando que desconozca la trayectoria de la editorial de Memín con sus otras publicaciones, pasaría desapercibido fácilmente).
Deciden separarse para desempeñar mejor su trabajo. Para Ricardo es especialmente difícil, ya que tiene problemas para pregonar las publicaciones que ofrece y le tocan algunas personas impacientes que no quieren comprarle nada. Memín, por su parte, tiene la ocurrencia de gritar una noticia falsa en el periódico, que argumenta sobre un platillo volador que aterrizó en Chapultepec, lo que ocasiona que en instante venda todos sus periódicos. Un cliente pregunta en que parte del periódico aparece dicha nota, pero consigue despistarlo con su palabrería, y escapa. Después se empeña en vender las revistas de temática romántica, ofreciéndolas a quienes parecen tener problemas en el amor. Pasado un rato, los cuatro vuelven a reunirse. Ricardo sólo pudo vender un periódico, así que todos concuerdan en que le fue fatal, y se sorprenden de que a Memín le fuera tan bien. Atribuye su éxito a un “secreto profesional”, que se niega a decir, pero le insisten, y admite haber soltado patrañas. Sus amigos se enojan con él, tachándolo de vil mentiroso y embustero. Memín intenta justificarse, pero lo mandan a volar. El cliente de hace un rato reaparece para exigirle donde dicen lo del platillo volador de Chapultepec, y Memín señala un articulo sobre los platillos de un restaurante con ese nombre que “vuelan” al ser servidos. Recibe una buena patada en las posaderas y se apresura a volver a casa. Al reparar Eufrosina en su falta de entusiasmo, Memín explica que vendió todos sus periódicos y sus amigos lo cortaron. Ella piensa que se debe a la envidia, y él empieza a decirle sobre la nota falsa del periódico. Hasta Eufrosina se lo traga al principio, pero una vez que Memín confiesa que era mentira, ella se pone de parte de sus amigos. Afortunadamente, en esta ocasión no le da por pegarle, obligándolo a ayudarle a lavar ropa, y Memín acepta sin objetar. Conforme pasan los días, Ricardo va mejorando en su desempeño para vender periódicos, pero luego resulta que por parte de amistades de la familia, la noticia de su humilde trabajo, ya llegó a oídos de su madre. Ella no podría estar más avergonzada y lo abofetea cuando éste admite lo que ha estado haciendo. Discute con su esposo, que aprueba la decisión de su hijo de aprender a ganarse la vida humildemente, siguiendo el ejemplo de sus amigos. El disgusto de Mercedes es más grande lo que piensan, y al amenazar con separar a la familia (creo que debería haber mejores razones para propiciar un divorcio), Ricardo se ve obligado a abandonar ese trabajo.
Ernestillo y Carlangas continúan de papeleros, satisfechos por sus aportes, a los que sus padres agradecen, respectivamente. En casa de Carlangas, tras contar las ganancias del día, éste intenta sugerir a Isabel que debería dejar la escuela y seguir trabajando para ayudarla más. Ella se rehúsa, poniendo sus estudios en primer lugar, y sugiriendo que al terminar el sexto año, considera el enviarlo a un internado, donde podrá seguir estudiando sin problemas mientras ella se las arregla sola. La idea de separarse en el futuro mortifica a Carlangas y se niega a alejarse de ella, por lo que Isabel prefiere dejar la cuestión para otro día (en realidad no volverán a hablar de ello).

Este episodio debe ser nostálgico para quienes recuerden los días en que el trabajo de voceador estaba un poco más cotizado de lo que está ahora. Con tantas librerías y puestos, casi nadie andaría comprando en la calle. Además de que los repartían a la gente directamente en vez de depender de los semáforos en rojo.
Que tiempos aquellos, aunque para uno sean desconocidos, igual puede empatizar.

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