miércoles, 26 de agosto de 2009

Memín Pinguín #282-288

Tras lidiar con los últimos parientes, finalmente se da la lectura del testamento. Pero todo resulta ser una broma cruel, siendo procedido inmediatamente a la partida de Memín y Chispitas, coincidiendo con la llegada de los amigos del negrito que han venido a recogerlo.

Los últimos parientes, los hermanos de Don Fernando Duprá, resultan ser un par de viejos maniáticos. Espiridión, aficionado a la poesía que se autoproclama el mejor en su campo, se la pasa escribiendo, leyendo y recitando todo el tiempo. Nicolás, antiguo profesor de botánica, amante de las formas de vida vegetal, es aun más raro y siempre trae consigo un viejo paraguas. Los dos llegan a la cabaña transportados en una carreta. A Nicolás ya se le olvidaba a que venían y Espiridión se lo recuerda, para luego tratar de pagar con sus versos al conductor. Acaban dándole la cantidad que exige y al presentarse, asustan a Memín, que al verlos tan ancianos, los confunde con zombies. Una vez que lo saludan, lo ponen nervioso por sus respectivas pasiones, y va corriendo con Chispitas para avisarle. Ella aun está deprimida y tarda en atender la petición del negrito de no dejarlo con esos dos chiflados. Memín le recuerda que dijo que no pensaría más en Bernardo, y ella recupera su ánimo, acompañándolo a atender a los recién llegados. Espiridión se lanza enseguida a marearla con su poesía chafa. Ella repara en el paraguas de Nicolás, quien lo ha traído abierto todo el tiempo, demostrando que ha pasado por un aguacero imaginario. Espiridión le arrebata el paraguas, ofreciéndoselo a Chispitas como regalo, y Nicolás responde arrojándole lo que encuentra a la mano. Los dos se empiezan a aventar cosas para luego luchar encarnizadamente. Chispitas y Memín tratan de detenerlos, pero les cuesta mucho trabajo. Al forcejear con los vejestorios, Memín le muerde un pie a Chispitas, y acaban correteándolos.
Mientras, Bernardo pasea con Rosaura. Ella insiste en hacerle confesar sus sentimientos por Chispitas, y él finalmente admite que la quiere, pero no es correspondido de la misma forma. Le sugiere que le provoquen celos para que Chispitas sea sincera y él acepta (aunque ya tenían rato haciéndolo indirectamente, ahora será lo mismo exagerando).
Espiridión y Nicolás se cansan de tanto movimiento, deteniendo su absurda pelea. Memín y Chispitas también están cansados y se sientan con ellos en la mesa, quedando a merced de sus manías. A Nicolás le da por impartirles clases de botánica, presentando las flores de la primera maceta que encontró, pero Memín no comprende los términos que utiliza en su explicación. Espiridión se come la flor para llamar su atención y deleitarlos con sus improvisados versos, en los que el negrito se pierde al no entender el sentido (y es que en realidad no tenían, nada que ver ni con la más bizarra poesía). Llegan Bernardo y Rosaura, comenzando con su actuación, mostrándose muy acaramelados para picar a Chispitas, quien se esfuerza por no darles el gusto. Rosaura va a prepararles unas copas y el desconfiado Memín la sigue, pidiéndole que no vaya a tratar de envenenar a nadie como su tía, la loca. Rosaura lo toma por descarado, señalando que si él estaba enterado de lo que ella hacia, podría ser un cómplice. No le da tiempo de explicarse y lo manda a repartir galletas a la cocina. Gilberto se les une más tarde para anunciar que ahora que están todos, sólo falta llamar al notario al siguiente día. Bernardo sale a dar otro paseo a la luz de la luna con Rosaura. Chispitas, tratando de responder, invita a Gilberto, pero él ha aprendido la lección y no quiere arriesgarse a que vuelvan a golpearlo, negándose rotundamente a acompañarla. Memín se ofrece a ir con ella, ignorando su propósito, y Chispitas lo manda al demonio, retirándose a su cuarto, furiosa. El negrito decide que debe hacer algo por ella, aclarando las cosas con Bernardo.
En casa de los Pinguín, Eufrosina ha desarrollado un odio hacia el televisor, responsable de la partida de su hijo. Está a punto de arrojarle la plancha para destruirlo, cuando los amigos de Memín se presentan. Le preguntan si ha recibido noticias de su hijo irresponsable o le ha dado alguna dirección, pero nones. Anuncian que irán a recogerlo, aunque sea una búsqueda difícil sin ninguna seña. Viajarán con el chofer de confianza de los Arcaraz hasta Minatitlan, y aun con su determinación, la lavandera lloriquea, pensando en lo mal que podría estarla pasando el pobre Memín. Ellos se enfurecen con su amigo por hacerla sufrir, pero le aconsejan mantener el optimismo, en lo que ellos lo buscan y lo traen de regreso. Eufrosina se conforma con rezarle a la virgen y les desea suerte. En cuanto se van, no dejar de recordar la tabla con clavo, destinada a darle como nunca, una vez que vuelva sano y salvo.
Chispitas pasa un rato con Rosaura, quien se esmera en su arreglo, tratando de hacer que ella admita lo que siente por Bernardo. La chica no deja de negarlo, y Rosaura finge felicidad, alegando que así no tendrá ningún problema en conquistarlo. Después de que ésta sale, Chispitas rompe un espejo del coraje que se estuvo aguantando, y Rosaura alcanza a escucharlo, satisfecha de que su plan esté dando frutos. Memín encuentra a Bernardo, dispuesto a contarle la verdad, más por la preocupación de su propia seguridad al ser victima de los desquites de su amiga que nada, niega su suposición de que ella lo mandó. Una vez que le explica que Chispitas no es Olga Duprá y están cobrando la herencia en nombre de otra persona que los envió, Bernardo se alegra, disipando por completo la mala opinión que tenia de ella al tacharla de interesada. Aun así, dice que seguirá ocasionándole celos, para que ella misma le confiese la verdad, prometiendo no decirle que el negrito le fue con el chisme. Mientras, Gilberto le hace saber a ella que se encargará de que el notario haga la lectura esa misma noche, para que concluya el asunto, y cada quien vea cuanto le tocó por la herencia.
El señor Arcaraz despide a su hijo y sus amigos, dejándolos en manos del chofer. Poniéndose rumbo a Minatitlán, para dar con Memín, consideran prudente buscar primero a Pedro Gómez Gómez, suponiendo que para ese entonces el negrito habrá cumplido su cometido de verlo (y así fue).
Memín galopa con Bernardo sobre Mariposa, pero algo asusta a la yegua, y los deja caer a ambos. Memín, como suele suceder, cae de mala pero cómica forma, y queda atontado, pero Bernardo lo ayuda a reaccionar. Distinguen entre los arbustos al despistado Nicolás, que admiraba un trébol de cuatro hojas, pensando en venderlo a un museo de historia natural. Tardan en reconocerlo, tomándolo a Memín por un duende, y Bernardo asesta un golpe usando un palo. Al percatarse que han agredido a Nicolás, tratan de ayudarlo, pero no le pasó nada grave. No así a su inseparable paraguas, el cual se ha roto con el golpe, para desgracia del anciano, que después de insultarlos a ambos, lo entierra, hablándole como si fuera un viejo amigo. Memín y Bernardo se alejan del chiflado lo más rápido y lejos posible.
Más tarde, Bernardo sigue picando a Chispitas, diciendo frases cariñosas deliberadamente, sabiendo que ella escucha tras la puerta del establo. Chispitas supone que se las dice a la odiada Rosaura, pero en realidad era a Mariposa. Ella no puede más y admite que lo ama, esta vez diciendo que por él podría renunciar a la herencia. Finalmente, confiesa que ella no es Olga Duprá, y eso basta para que él le proponga matrimonio. La chica acepta encantada, aunque Bernardo no deja de advertirle que sí quieren que eso funcione, ella debe cambiar su carácter, porque la mujer debe ser mansa ante su hombre y cederle la autoridad (puro machismo). Memín los espiaba desde la rama de un árbol y Chispitas le llama la atención por metiche. Le ordena bajar o ella irá para allá, y como él le dice que no debe portarse así sin consentimiento de Bernardo, ella desdeña su autoridad, demostrando que su advertencia le entró por un oído y le salió por el otro. Chispitas agarra a Memín por lo oreja y lo hace bajar, mientras Bernardo se aparta, reconsiderándolo todo. Ama a Chispitas pero va comprendiendo que por su carácter, forjarán una relación inestable. Rosaura se le une, compadeciéndolo por el difícil (y quizá imposible) trabajo de domesticar a Chispitas, para después confirmar la presencia del notario en la noche.
Chispitas tiene otro episodio en que la ingenuidad de Memín le consigue un trancazo al decirle que se puso negra (de coraje) y él tomándolo literalmente para ver como puede revertirlo en su persona y hacerse blanco. Gilberto les anuncia de lo del notario, alegando que como Ramiro murió y Petra está en el manicomio, les corresponderán sus partes a ellos.
Los amigos de Memín han llegado a Minatitlán. Antes de hacer cualquier cosa, se detienen en un lugar para comer. Ahí, escuchan comentarios sobre los parroquianos, quienes reparan en los forasteros, mencionando a otros que han estado viniendo, principalmente un negrito chistoso. Carlangas les pregunta, confirmando que se trata de su amigo y le dan la dirección de la finca donde están yendo todos por lo de la herencia, pero les advierten que de noche el camino es peligroso y es más recomendable recorrerlo de día. La lectura del testamento inicia, con Memín cuyos pensamientos demuestran su impaciencia ante tantas formalidades y modos de elaborar un documento póstumo. El notario va nombrando a los herederos de Don Fernando Duprá, empezando con Petra y Ramiro, a quienes deja dos hectáreas de plantación con la condición de que dejen de pelearse (demasiado tarde). Sigue Gilberto, a quien le da su navaja, para que se rasure su ridículo bigote, y una vaca. El joven se indigna y en su ingenuidad, a Memín le parece estupendo que reciba el ejemplar bovino, ignorando el sentido de la burla. Le toca a Rosaura, quien se aferra a Bernardo, haciendo que Chispitas ande rumiando su desquite cuando terminen. A ella no le deja más que sus felicitaciones y buenos deseos para cuando se case, y la joven no deja de notar el sarcasmo. A “Olga”, mencionando que el abuelo sabia del esposo que la explotaba (¿él sabia y los demás no? Ni siquiera comentaron nada al respecto los otros parientes ni antes ni después de oír la noticia), no le deja nadita. Gilberto protesta, alegando que no es posible que no haya heredado algo en serio, y el notario prosigue. El heredero universal de los bienes y propiedades de Don Fernando es Bernardo, por ser la única persona que le mostró afecto desinteresado y estuvo a su lado. También, agrega que para sus hermanos, Espiridión y Nicolás, si aun viven, Bernardo deberá llevarlos al manicomio para que ahí se la pasen el resto de sus vidas. Ni tiempo hay de ver la reacción de los vejetes (de hecho, desde aquí ya no los volvemos a ver más) , y el notario, habiendo cumplido, se dispone a retirarse. Bernardo y Memín piensan acompañarlo de regreso, dejando a Gilberto quejándose del abuelo que deja todo a un desconocido. Chispitas al fin se las ve con Rosaura, atacándola sin razón, como una fiera salvaje. Bernardo se vuelve, apartando a Chispitas, dejando salir palabras que la hieren profundamente, al decir que nunca será una chica decente. Dolida, sale corriendo, y Bernardo quiere ir tras ella, pero Rosaura se lo impide, confesando que no puede ocultar más sus sentimientos hacia él.
Chispitas sale al exterior, tumbándose en la hierba y se pone a sollozar. Memín acompañaba al notario en la carreta, pero éste dice que puede volver solo. Aliviado para no enfrentar la oscuridad del bosque en la larga partida, el negrito se dispone a regresar. Escucha los sollozos de Chispitas, tomándola por el espectro de “La llorona”, y sale corriendo y gritando. Ella también lo escucha, creyendo que es alguien que pide ayuda y acaban estrellándose el uno contra el otro. Ya repuesta, Chispitas reniega de su amor por Bernardo en definitiva, avisando a Memín que emprenderán el regreso, ignorando sus quejas por el sueño y el hambre. El negrito no quiere irse sin despedirse de su amigo Bernardo, pero con un golpe en la cabeza, ella lo convence de desistir. Con un silbido, llama a Pulgoso para que los acompañe, diciéndole adiós para siempre a ese lugar donde pasaron tantas cosas. Sin embargo, no avanzan mucho para que Memín se quede dormido mientras caminan. Chispitas decide dejarlo dormir, siguiendo su ejemplo y esperar al día siguiente para seguir adelante. Los amigos de Memín también se disponen a dormir en donde se han hospedado, esperando que en la mañana cumplan con su misión de encontrarlo.
A la mañana siguiente, Memín despierta, encontrando a un buey que se ha detenido a descansar cerca de ellos. Tomándolo por una vaca, trata de encontrarle las inexistentes ubres para ordeñarlo, logrando disgustar al animal. De un cabezazo, lo hace caer doblado en el suelo. Chispitas se incorpora a tiempo para verlo, y cuando él le señala la “vaca”, le hace ver su metida de pata. Pero el buey se ha enojado y se lanza contra ellos, obligándolos a correr para salvarse.
A la vez, los amigos de Memín tienen un difícil despertar, pero pronto se visten y se ponen en marcha.
De vuelta con Memín y Chispitas, el buey cayó a una zanja fuera de cuadro, pero su dueño aparece para hacerlos rendir cuentas. Los toma por las orejas, amenazándolos. Memín se zafa y logra apoderarse de una piedra, con la que logra atontarlo, dejando que Chispitas acabe por hacerlo tropezar y así escapar.
En la finca, Bernardo lamenta que Chispitas y Memín se hayan ido sin despedirse. Él admite que reaccionó mal la otra noche, al no actuar ni como amigo para la chica al decirle algo tan cruel. Rosaura le sugiere que no se preocupe, expresándose mal tanto de Chispitas como Memín, provocando que él se irrite y le recuerde que el negrito le salvó la vida dos veces (¿no debería haberle quedado claro desde cuando?). Monta a Mariposa, decidido a encontrarlos.
Cuando el auto en que viajan sus amigos pasan cercas de donde están Memín y Chispitas, ella lo obliga a esconderse, suponiendo que un coche como ese pertenecería a la policía secreta, que los podría andar buscando por el dinero que les confiara Gustavo Rosales (pero si está “muerto” no hay modo de que haga una denuncia). Memín insiste en ir por el auto para que les den raite, y para detenerlo, Chispitas se le sienta encima. Rosaura les informa a los tres chicos que el negrito recién se fue con su prima Olga. Al saber esto, ellos empiezan a pensar lo peor de Memín. Agradecen la información y vuelven al coche. Bernardo sigue buscando por el bosque. Memín y Chispitas continúan escondidos, pero un zorrillo que pasaba cerca, deja su apestosa esencia. Memín toma al animal por un conejo, proponiendo cazarlo, pero Chispitas lo apremia para que corran. Al adentrarse en la carretera, alcanza a ver a sus amigos en el auto, gritando entusiasmado. Ellos escuchan su voz, reconociéndola al instante e indican al chofer meter reversa. Chispitas sigue creyendo que son policías y le anuncia que se irá, dejándolo a su suerte. Al salir sus amigos, no tardan los abrazos amistosos, aunque cuando él les pregunta a que han venido, le dan sus coscorrones. Chispitas observa con Pulgoso desde los arbustos, reconociéndolos a los tres. Sabe que eso significa que es el momento de la separación, ya que no piensa compartir esa amistad, decidiendo probar suerte en otro lugar, lejos de la capital. Memín se mete en el auto, donde empiezan a señalarlo por la falta que comete al andarse yendo con una mujer, abandonando a Eufrosina. Él trata de explicarse, pidiendo que lo dejen salir para llamar a Chispitas. Como les dijo que ella trataba de esconderse de la policía, ya están suponiendo que se metieron en problemas y los involucraran, adelantándose a buscar una coartada para salir bien librados ellos mismos. Memín le ofrece a Chispitas que los acompañe, pero ella se niega, admitiendo que sus amigos le caen muy mal. Carlangas sale para traer a Memín, y luego él y Chispitas se disputan su persona, tomándolo de los brazos al punto de casi arrancárselos. Por fin los sueltan, dejándolo tan adolorido que se desmaya, y nomás por llevarles la contra, Chispitas se mete al auto con Pulgoso. Carlangas mete al desmayado Memín, que al sentir la vibración en el carro, cree que hay un terremoto, asustando a sus amigos. Chispitas se burla del temor de los cuatro. El coche pasa cerca de Bernardo, y Memín aprovecha para gritarle su despedida. Apresurando el paso de Mariposa, se interpone en el camino, consiguiendo que el chofer frene el auto. Chispitas recrimina a Memín porque ella no quería volver a hablarle y ahora tiene que soportarlo de nuevo. Bernardo se presenta ante sus amigos, y les recuerda a Memín y Chispitas que en él siempre tendrán un amigo. Ella rechaza esa amistad sin inmutarlo, y él acaba de despedirse, decidiendo que lo conveniente es olvidarla (que fácil se rindieron, ninguno de los dos le echó ganas a la relación).
Más tarde, regresan al pueblo, haciendo una parada. Memín se muere de hambre y sus amigos ni se preocupan, alegando que lo merece. El negrito repara en que Chispitas ya no está, y ellos tampoco muestran interés. Ella aprovechó un descuido para montarse en otro vehiculo con Pulgoso, y cuando éste arranca, se despide Memín, perdiéndose a la vista, diciendo que algún día se volverán a ver en la capital (si, como no, hasta nunca, Chispitas).Decepcionado, se da cuenta de que sólo tiene a sus amigos, que le recuerdan que algunas mujeres son ingratas. Ricardo telefonea a su padre para anunciar su próxima llegada. El señor Arcaraz le avisa a Mercedes, quien prepara una buena merienda para recibirlos, invitando a los demás padres. Después, él va con Eufrosina para hacerle saber que encontraron a Memín y está invitada para recibirlo. Pero ella tiene otros planes, preparando la tabla.
En el viaje, Memín les cuenta a sus amigos las peripecias que vivió, y que al final, si pudo arreglar el problema de la televisión. Ellos le recuerdan que igual seguirá necesitando dinero para pagarla, y ál decir que trabajará, no dejan de mencionarle la escuela, amargándole todo (ni se van a acordar de lo de la tele, de un momento a otro, perderá importancia al grado de que ya no sabremos si se las incautaron al final o no). Los padres, reunidos en la casa de los Arcaraz (excepto Eufrosina, quien esperará en su casa, para demostrar su enojo), comentan sobre la actitud de Memín por andarse metiendo en tantos líos por una televisión, con distintas opiniones sobre si obró bien o mal, concluyendo que todo es por el amor filial. En cuanto llegan y son recibidos por sus respectivos padres, Memín no deja de extrañarse por la ausencia de Eufrosina. Quiere esperarla, pero el hambre lo atormenta y Mercedes sugiere que pasen al comedor de una vez. Después de la merienda, en la que el negrito se atasca de tamales, sus amigos lo encaminan a su casa. Memín se pone tan cariñoso con Eufrosina como siempre, ignorando su mal humor y reclamándole su falta de educación al no haber ido a la reunión. Ella replica que la falta seria el permitir que sus amigos vieran como le da su merecido, y ellos lo toman como una señal de salida, despidiéndose y apresurándose a salir, para dejarlos solos. Eufrosina no tiene tiempo de oír sus excusas, tomando la tabla y dándole con ella hasta que se achata el clavo. Luego, se pone a llorar, lamentando se una madre que golpea a su hijo, pero el mismo Memín la consuela, ya que la quiere a pesar de todo y reconoce que es un justo castigo (ni tanto, por las cosas que hace, hasta requeriría un poco más). Al poco rato, se acuestan y Memín sugiere ver la tele, pero a Eufrosina ya ni le interesa, considerándola culpable de tantas tribulaciones que tuvieron. De todos modos, Memín le asegura que resolvió el problema y aun la conservarán mientras cumplan los abonos (pero ya no se verá como le hicieron para seguirlos pagando).

Desafortunadamente, esta es la última vez que aparece Chispitas dentro de las páginas de Memín. Es una pena porque mostraba mucho potencial, por su desempeño y actitud incorregible, distinguiéndose sobre los estereotipos de heroínas de telenovela, que cambian cuando buscan mejorar su calidad de vida o encuentran el amor, y con ella no tuvieron efecto, manteniéndose inalterable. Sin embargo, de algún modo su personalidad seria retomada para otras obras memorables de Yolanda vargas Dulché, así que la continuidad de esta propuesta no se perdió del todo.

1 comentario:

  1. ojala se hubiera dado continudad a chispitas regresando al lado del tullido y ahora si, por fin resolver su situacin, sin embargo, eso nunca pasó y ahora ni pensar en que los nuevos escritores dieran continuidad al personaje porque solo acabarian con el personaje

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