martes, 25 de agosto de 2009

Memín Pinguín #274-282

Con la llegada de los parientes de la mujer que interpreta Chispitas, surgen diversas fricciones. Entre ellos, se encontraran aquellos que tienen planes de matar a los otros para quedarse con toda la herencia y parece que sólo Memín puede detenerlos, mientras Chispitas y Bernardo se la pasan echándose celos entre si al ser pretendidos respectivamente por los demàs.

Memín, Chispitas y Bernardo regresan del jaripeo, encontrando a cuatro de los parientes que iban a venir para la lectura del testamento. Estos se presentan, dando una impresión particular. El Conde Ramiro, de porte aristocrático que se luce con su monóculo; su hermana Petra, vieja solterona; y sus sobrinos, Rosaura, joven frívola, quien de inmediato se interesa por Bernardo; y Gilberto, presuntuoso y petulante que le echa el ojo a Chispitas. Afortunadamente, ninguno de ellos conocía a su prima y sobrina política Olga, por lo que no se percatan del engaño, aunque no dejan de desconcertarse por la forma de expresarse de Chispitas. Después de las presentaciones, Bernardo les indica donde quedarán sus habitaciones, siendo indiferente a los coqueteos de Rosaura. Chispitas es llevada por Gilberto, soportándolo y fingiéndose inocente al no saber nada del abuelo, a quien por supuesto, ninguno de ellos conoció lo suficiente. Petra y Ramiro comentan sobre los parientes que faltan, quienes siendo ancianos, podrían tardar mucho en llegar, o hasta morirse, lo que les conviene para aumentar su parte de la herencia. Afuera, se escuchan los sonidos provenientes de una riña entre Pulgoso y Mariposa. Bernardo y Chispitas bajan a separar a sus animales, pasando bruscamente al lado de Memín, quien apenas puede seguirles el paso. De nueva cuenta, todo termina en discusión y amenazas huecas entre los dos.
A la mañana siguiente, Rosaura insiste en acompañar a Bernardo a su trabajo en el aserradero, logrando que le permita montar con él en su yegua. Chispitas los mira desde la ventana, y se la carcomen los celos. Memín se da cuenta al escuchar sus amargos comentarios sobre lo que desearía que les pasara a ambos, insinuando que ella está enamorada de Bernardo. Chispitas le responde con un trancazo que refleja su estado de negación. Memín cambia de tema, recordándole que debe interpretar bien su papel cuando estén con los parientes o quedarán muy mal. Estando irritada, a ella no le puede importar menos, valiéndole lo que pueda pasar, recordándole a él que se ha olvidado de tratar su asunto de la tele por andar siguiendo todo el tiempo a Bernardo.
En ese momento, en la capital, Eufrosina recibe una carta, leída por una vecina, donde le dan un plazo para devolver la tele o la acusarán de robo. Ella está dispuesta a entregarla, pero la vecina le sugiere que espere, ya que pueden llegar noticias de Memín antes de que se acabe el plazo.
En la escuela, sus amigos también andan desconcertados por la ausencia prolongada del negrito. Ricardo retoma su idea de planificar la ida para recogerlo y traerlo de vuelta, aun cuando sea difícil porque no les dio ninguna dirección. De momento, están preparando el coche para partir cuando lo vean propicio.
Memín observa a Petra en la cocina. Ella no se ha dado cuenta de su presencia, estando a punto de echar una pastilla en la leche que iba a servir más adelante. Memín le pregunta que clase de pastilla es, sobresaltándola, y haciéndola guardar rápidamente la pastilla, negando todo y diciendo que fue su imaginación. Memín insiste e insiste, pero no le saca nada, y acaba sentando en la mesa, pensativo. Como ella le dijo que la llamara señorita por no haberse casado aun, le da por comentar que le extraña sí es más vieja que su má linda, y ella si es señora, insinuando que para esas alturas, Petra se morirá así. El Conde Ramiro alcanza a escuchar y se carcajea del insulto inocente a su hermana, a quien no le hace gracia. Gilberto se les une en la mesa, pronunciando una palabra malentendida por Memín, que al comentar, hace que el joven y Ramiro se rían, mientras Petra se limita a señalar su analfabetismo. Memín niega ser tal, y en eso baja Chispitas, que deslumbra a todos al haber cambiado su apariencia, mostrando muy buenos modales y hasta mejorando su forma de hablar. Sin embargo, no tarda en echar a perder la impresión al retomar sus expresiones vulgares. Ramiro menciona como la desconcierta al verse tan refinada y simplona a la vez, a lo que ella replica que le gusta sentirse mezclada con la gente común, y por eso se ha acostumbrado a alternar ambos aspectos. Pero no tarda en meter la pata otra vez, al desconocer lo que es un monóculo al señalar el que porta Ramiro, para luego tratar de componerla al decir que estaba bromeando. Gilberto nota como el negrito se la pasa llamándola Chispitas, pero en vez de usar eso para poner en duda su identidad, hace una referencia poética y le propone que la acompañe a dar un paseo. Chispitas acepta y al cuadro siguiente ya están en el exterior. Él trata de abrazarla, pero ella lo aparta y se sientan bajo un árbol, donde el “primo” persiste en conquistarla con más referencias poéticas mal empleadas, aburriéndola a mares. En el aserradero, Rosaura admita lo bien que desempeña su puesto Bernardo, pero él sigue mostrándose indiferente a sus encantos. Ella se pone en camino de unos troncos y Bernardo la aparta a tiempo. Finge haberse lastimado el pie para que se lo sobe y la lleve cargando hasta la yegua. Pasan por donde están Chispitas y Gilberto. La chica estalla en celos y despierta a Gilberto, quien por lo visto se aburría con su propia voz, para que la abrace enfrente de ellos. Él se presta gustoso, al verlos, Bernardo también se pone celoso y hace que Mariposa apriete el paso para alejarse de ahí.
Pasan los días, y llega la oportunidad para Memín, cuando Bernardo se dispone a ir a Minatitlán por asuntos del aserradero. El negrito se ofrece a acompañarlo para resolver su asunto personal, mas Chispitas sale para tratar de impedírselo, pidiéndole que la acompañe a pasear. Memín se hace fuerte y se rebela contra sus caprichos, dándole la espalda para irse con Bernardo. Chispitas se enoja, pero la actitud del negrito al no dejar dominarse termina por impresionarla. Bernardo se marcha a encargarse de lo suyo, dejando a Memín con la yegua estacionada. Pero cuando se empieza a escuchar música, Mariposa sale corriendo, dejando caer a Memín de cabeza. No logra darle alcance y se sienta en una banca, desde donde ve pasar oportunamente a Pedro Gómez Gómez. Corre detrás de él, siguiéndolo hasta su lugar de trabajo, y éste lo reconoce al instante. Memín le cuenta lo que pasó cuando desconocieron el trato que le dio de pagar la tele en abonos fáciles, y él se compromete a solucionar todo y mandar instrucciones para que no se la quiten a Eufrosina, siempre en cuando, sigan pagando los abonos. Memín sale, muy contento de haber arreglado todo. Si me preguntan, parece una solución demasiado rápida para algo en lo que se tardaron tantos números, casi diría que fue puro relleno al meterlo dentro de este arco, que apenas va a la mitad.
Encuentra a Bernardo, enterándolo de que ha perdido a Mariposa, pero él lo tranquiliza diciendo que ella ya fue a buscarlo para que le diera de comer y todo marcha sobre ruedas. Pasan a comer para luego volver muy tarde a la cabeza.
Siguen pasando los días. Rosaura pone música en la casa para invitar a Bernardo a bailar, y él acepta, aunque en el fondo se nota que ella le cae gorda por su frivolidad. Memín estaba jugando con Chispitas, pero al oír la música, ella lo abandona, y al verlos a ellos bailando, acepta de inmediato la invitación de Gilberto a unírseles. Mientras bailan, respectivamente se vislumbra en ambos la inevitable llama del amor. Memín trata de seguir jugando con Pulgoso, pero se cansa y va a buscar a su amiga. Pero al pasar por la habitación de Petra, la escucha hablando con Ramiro y se repega para espiar su conversación. Ramiro ha descubierto su caja de pastillas con veneno, y en vez de ponerla al descubierto, pretende que trabajen juntos, eliminando así al resto de la parentela y se queden con toda la herencia. Deciden que la primera en morir será la antipática Rosaura. Preocupado, Memín se aleja, temiendo lo que pueda suceder ahora. Trata de avisarles a Bernardo y Chispitas, pero ellos están ocupados dándose celos entre si al bailar con los primos pesados, y lo mandan a volar. Decide que él solo tendrá que actuar, poniéndose alerta al primer indicio de intento de envenenamiento. Petra anuncia que va a servirles su especialidad en cócteles, y Memín la sigue, sabiendo a lo que se propone. Disimula al decir que quiere ayudarla, pero ella asegura que puede encargarse sola y no le deja hacer nada. Fingiendo que juega con Pulgoso, observa en que copa ha puesto la pastilla mortal, y a la hora en que los sirve, para salvar a Rosaura, le advierte que tiene un alacrán en la espalda. Eso basta para que ella grite y deje caer la copa, pero como no había alacrán y Memín alega que echó a volar, lo cachan en la mentira. Creyendo que fue una broma de mal gusto, Rosaura le da un coscorrón. Ramiro sugiere que pasen a comer pastel en la cocina. Memín sube al segundo piso, donde hay un agujero que le permite ver en que rebanada Petra ha introducido la pastilla de veneno. Al distinguir un alacrán cerca de él Memín le quita la punta de la cola, y decide utilizarlo para salvar otra vez a la joven. Cuando les sirven a todos, discretamente, el negrito echa al bicho en el plato de Rosaura, y luego le avisa que tiene una mosca. Ella mira el plato y al ver al alacrán pega de gritos. Petra sugiere que no haga caso y coma su rebanada de pastel, pero Rosaura se niega, exigiendo otra rebanada. Bernardo señala que Memín es un tonto por andar confundiéndose de insectos, y el negrito se defiende alegando que confunde a las moscas y los alacranes por su gran parecido (¿Cuál?). Una vez que se han retirado de la mesa, Petra sospecha de la coincidencia que involucró a Memín en sus intentos frustrados por acabar con Rosaura. Para cerciorarse, le pide que traiga a Pulgoso para darle la rebana de pastel que Rosaura rechazó. Memín trata de poner excusas, pero la mujer está determinada y él no quiere que sospeche que sabe de su plan y lo maten también. Poniéndole una cinta en el hocico a Pulgoso del mismo color de su pelo, consigue tantearla para que parezca que el perro no quiso comer.
Las dos parejas han salido a dar un paseo a la luz de la luna. Bernardo compara a Rosaura con Chispitas, concluyendo que ella le gusta más por su fiereza. Chispitas hace lo mismo, concluyendo que no le gusta nada Gilberto, volviendo a dejar pasar sus vanos intentos por conquistarla.
Petra y Ramiro comparten sus sospechas sobre la actitud del negrito, decidiendo que sabe algo y deben silenciarlo. Ramiro sugiere ahogarlo en el río, pero Petra le advierte que es de mala suerte matar a un negro (¿Qué clase de superstición tonta y pasada de moda es esa?). Su hermano propone otra forma, secuestrándolo y dejarlo amarrado y encerrado en una cabaña abandonada que vio por los alrededores., ya que así no los molestará. Memín ignora lo que traman, durmiendo tranquilamente y soñando con hacer lo imposible: amenazar él a Eufrosina con la tabla con clavo. Los dos codiciosos entran, y Memín despierta, creyendo que ha entrado Bernardo. Ramiro lo sujeta antes de que se pueda defender, y como no hay nadie en casa, gritar por auxilio resulta inútil. Cumpliendo su cometido, salen de la casa y Ramiro carga a Memín, desmayado dentro del saco en él que lo metió, dirigiéndose al lugar donde lo depositará. Pulgoso ha sido testigo de todo, pero no hace nada por ayudar, creyendo que es un juego. Ramiro deja a Memín a su suerte, atrancando las puertas. Cuando éste recupera la conciencia, entra en pánico al notar que no puede moverse por los amarres. Pulgoso, quien siguió a Ramiro hasta ahí, se alcanza a escuchar tras la puerta y Memín le grita que lo ayude. El perro se pone a cavar presurosamente por debajo de la puerta.
Otra vez en la capital, unas vecinas que acompañaban a Eufrosina, le sugieren que Memín se ha estado tardando para evitar los exámenes finales que se vienen. Ella niega que su hijo sea tan descarado, aunque persiste la duda.
Al día siguiente, Chispitas se extraña de no ver ni a Memín ni a Pulgoso en ningún lado. Petra alega que el negrito salió temprano sin dar explicaciones, pero eso no basta para calmarla. Sale a buscarlos, adentrándose en el bosque, y se encuentra con Bernardo. Él le advierte que no ande recorriendo esos lugares porque son peligrosos, pero ella no hace caso y pasa de largo. No tarda en caerse en lo que toma por un pantano, y le exige que la ayude. Él acepta siempre en cuando ella prometa ser más amable. La saca fácilmente, explicándole que no era un pantano, sino un charco de lodo, y ella vuelve a indignarse. Él empieza a confesarle que la atrae, pero que apenas pueden ser amigos, hasta que ella tome su parte de la herencia. Chispitas considera la idea de andar con él, pero al oír la voz de Rosaura llamándolo, vuelve a ponerse brava, olvidándose de Memín y Pulgoso para ir a verse con Gilberto. No tarda en encontrarlo y él le propone que lo acompañe a ver algo interesante que ha descubierto en una zona más alejada. En la cabaña, Petra anuncia a Ramiro que logró hacer que Rosaura bebiera leche con el veneno disuelto y no tardarán en darse los efectos.
En su confinamiento, Memín se alegra cuando Pulgoso, después de mucho excavar, consigue entrar, pero en vez de ayudarlo, se echa una siesta, haciéndolo sentir impotente por no poder avisar a sus amigos del peligro.
Gilberto y Chispitas ya se han alejado bastante cuando él demuestra sus pérfidas intenciones, tratando de aprovecharse de ella. Chispitas se defiende de la forma acostumbrada, y al aturdirlo con el último golpe, lo hace caer por un barranco cercano. Gilberto logra sostenerse de una rama, y como ella no ve como ayudarlo, corre a buscar a quien si pueda. Rosaura sigue coqueteando con Bernardo, cuando empieza a dolerle el estomago, desmayándose. Él se apura a llevarla a la casa, dejándola recostada, ante el gozo de Petra al presentir su primer triunfo cercano. Después, se topa con Chispitas, que le pide ayuda para impedir la caída de Gilberto, asegurando que no le importa nada, pero tampoco quiere ser participe de su muerte. Bernardo ríe ante la ironía de que las parejas de ambos hayan sido victimas del destino que respectivamente les deseaban, y vuelve a incitarla a que ella declare lo que siente por él. Pero Chispitas le recuerda la situación de Gilberto, y él va por una cuerda que pueda servirles para salvarlo. Pulgoso abandona a Memín, ya que no puede hacer nada por él. Bernardo y Chispitas llegan al barranco, efectuando la operación de rescate del petulante joven. Después de salvarlo, Bernardo se cobra su intento de propasarse con Chispitas, noqueándolo de un fuerte golpe. Después, se lanza sobre ella, quien ahora no puede resistirse, y finalmente tienen su escena del beso de amor. Pero Bernardo cambia de humor, al recordarla como una interesada que no estuvo con el abuelo, pidiéndole que confiese que fue por el dinero que vino y nada más. Chispitas calla, no pudiendo decirle la verdad, que es muy parecida. Su silencio dice lo que él necesita saber, despreciándola para volver con Rosaura. Chispitas se desquita, airándole una piedra en la cabeza. Ella se aleja, hundida en sus pensamientos tratando de comprender que quiere él de ella si la desprecia así. Pulgoso se le aparece, guiándola a la cabaña donde su amigo está prisionero.
Como Rosaura no ha muerto de inmediato y Bernardo se comprometió a llamar al doctor, Ramiro le advierte a su hermana que la denunciará para no arriesgarse, amenazándola con terminar el trabajo con otra dosis. Ella se dispone a hacerlo, aunque en el fondo desea matarlo también a él. Prepara el té con que la liquidará, pero al ver que Bernardo ha llegado con el doctor, lo echa sobre unas plantas, decidida a matar a Ramiro primero, y luego a todos los demás.
Memín alucina con Eufrosina y comida, cuando Chispitas es atraída por Pulgoso, escuchando su voz. Derriba la puerta, y libera al negrito, quien apenas le cuenta del plan de envenenar a todos, empezando por Rosaura. A Chispitas le da gusto, y Memín la reprocha por pensar de ese modo. Al advertirle que hasta Bernardo está en peligro de morir envenenado, ella lo apremia a que se apresuren a volver para prevenirlo. Pero el camino es largo y tienen que detenerse a descansar, para luego proseguir, justo cuando el mal tiempo se avecina.
En la cabaña, el medico diagnostica a Rosaura con síntomas de envenenamiento, dándole la medicina que debe darle continuamente. Ramiro le avisa a Petra del fracaso de su plan y que ahora cargará sola con la culpa, a lo que ella responde irritada, amenazándolo para que no diga nada. Ramiro demuestra pasarse de confiado, firmando su sentencia de muerte al irle a avisar a Bernardo sobre sus “sospechas” de que Petra envenenara a Rosaura por estar celosa de su juventud y belleza.
Una lluvia torrencial sorprende a Memín y a Chispitas, empeorándoles las cosas al llevarse el tren que permite cruzar el río. En su desesperación por prevenir a su amado, Chispitas se dispone a cruzarlo a nado, y se lanza a éste, imprudentemente. Memín se encomienda a los santos y la sigue. La corriente los agarra a ambos, poniéndolos en peligro de ahogarse, pero se salvan al montarse en un tronco. Pero como éste los dirige a una cascada, Chispitas indica que deben arriesgarse, saltando del tronco hacia una rama por la que están a punto de pasar. Los dos lo consiguen y tienen que recorrerse entre ésta para alcanzar el suelo, mas la rama se rompe y caen duramente. Memín se lastima el pie, aunque se trata de una torcedura menor, pero a Chispitas le va peor, ya que se ha golpeado la cabeza contra unas rocas. Memín intenta reanimarla, y ella reacciona, sólo para pedirle que la deje y prevenga a bernardo. El negrito no quiere dejarla, pero al tratar ella de ponerse de pie, no puede caminar, denotando que también se lastimó el pie. Él se encarga de vendarle la cabeza con tiras arrancadas de su camiseta, y obedece, con la condición de que no se muera. En es estado débil, ella no puede más que responder sin acompañar de un golpe su replica sobre como se le ocurre decir tal cosa.
Bernardo trata de confortar a Rosaura, sin dejar de pensar en Chispitas. Escucha unos gritos, y al ir a averiguar, descubre a Ramiro, a quien le han clavado un cuchillo en la espalda mientras leía en la sala. Gilberto llega en el momento en que él retira el arma, tomándolo por asesino. No hace caso a sus palabras de que no ha sido obra suya, amenazándola con una pistola hasta que venga la policía. Empleando una jeringa, Petra está a punto de acabar con Rosaura. Los gritos de la joven distraen a Gilberto y Bernardo le arrebata el arma, para luego ir a detener a la solterona, quien revela haberse vuelto completamente loca. La policía avisada por Gilberto, se lleva detenida a la demente asesina para meterla al manicomio, y se encargan de retirar al cadáver de su hermano. Memín y Pulgoso han llegado, pero ante el temor de toparse con los dos malvados, el negrito no quiere correr riesgos. Supera su miedo y entra, hallando a Bernardo muy quitado de la pena. Lo pone al tanto de lo que le pasó y él le hace saber que todo ha terminado y los dos han pagado sus culpas. Hasta entonces Memín se acuerda de Chispitas, dándole largas para contar como la dejó, y Bernardo le insiste que la lleve con ella lo más pronto posible. Rosaura, ya recuperada, buscaba al joven en ese momento para volver a intentar seducirlo, y sale al encuentro de su primo. Ella le confiesa que la herencia no le importa en absoluto y vino sólo por la emoción, pero que no esperaba enamorarse, considerando más valioso a Bernardo que la herencia. Gilberto le hace ver que él anda tras Olga, sólo para molestarla.
Bernardo se reúne con la malherida Chispitas, y se dan un beso que ocasiona que Memín se desmaye de la impresión. Bernardo lo hace reaccionar y al negrito le da fiebre, causa por tantas horas de angustia y falta de alimentos, alucinando otra vez con su má linda.
En ese momento, Eufrosina recibía a una vecina que pedía prestado un libro de texto de Memín para que ayude a estudiar a su hijo, ya que los exámenes se aproximan. Mientras busca el libro en su mochila (nunca se ha visto que Memín y sus amigos lleven mochilas a la escuela, sus útiles aparecen mágicamente cuando ocupan su asiento en el salón) se acuerda de que el suyo anda de vago en vez de estudiar, y va disipándose su conformidad, pensando en como le dará con la tabla con clavo cuando lo tenga de vuelta.
En la escuela, se concretan los planes de ir a recogerlo de una vez. Como tienen que hacer un repaso final, Romero aprueba la idea de sus amigos de emprender el viaje, dispuestos a realizarlo ese mismo fin de semana si todo sale bien.
Pasan más días todavía, en lo que Memín y Chispitas terminan de recuperarse. Ella confiesa estar enamorada de Bernardo, y que no sabe que hacer. Furiosa, ve a Rosaura dirigirse al aserradero para verlo. Gilberto pasa a saludarlos, avisando que su prima se ha enamorado de verdad de Bernardo, al grado de renunciar a la herencia con tal de quedarse con él. Anima a Chispitas, ya que eso significa que si ella hace eso, ellos recibirán una mayor parte de herencia, lo que a la muchacha no le puede importar menos, pero se lo guarda. En el aserradero, Rosaura intentaba irse por un camino más corto, poniendo en medio de un montón de troncos que la aplastarán. Bernardo interviene, justo a tiempo para quitarla de ahí, exponiendo su persona al peligro. Los troncos son arrastrados por el agua, llevándose a Bernardo, inconsciente. Chispita sale en compañía de Memín, decidida aguarle la fiesta a Rosaura. Al ver que el agua con los troncos se dirige hacia donde están, corren a ponerse a salvo. Chispitas divisa el cuerpo de Bernardo, orando porque siga vivo, aunque no le corresponda. Memín se ha apartado más, y cuando todo ha pasado, le toca ver a Rosaura, tratando de reanimar a Bernardo con respiración de boca a boca. Chispitas los alcanza, congelandose ante la escena, y Memín se le une. Los empleados vienen a ayudar, sacando a Bernardo en camilla. Un cuadro después, ya está restablecido (¿en el mismo día? ¿La misma hora? Quien sabe).
Chispitas se la pasa tratando de evitar una nueva confrontación con él, pero un día no puede escapar, y él le deja en claro que la ama y está dispuesto a casarse con ella, con una condición. El requisito es que renuncie a la herencia, pero ella está necia en cumplir su palabra, aun cuando desde que llegaron, en ningún momento pensaron en Gustavo Rosales para avisarle que estaban donde los había enviado, que era lo que habían acordado. De nuevo, él interpreta el silencio como su respuesta. Ella insiste que lo quiere, pero no puede renunciar a la herencia. Bernardo no ve caso a seguir, sugiriéndole que se olvide de él, y que él hará lo mismo con ella. Memín, que anduvo espiando, trata de aconsejar a Chispitas, pero ella lo agarra por el cuello, advirtiéndole que no se mete en sus asuntos. Nada más lo suelta y rompe a llorar por su corazón roto. Rosaura se reúne con Bernardo, tratando de hacerle confesar si le tiene cariño a Chispitas, pero él asegura que no, para su regocijo.
Memín y Chispitas regresan, a tiempo para vérselas con los últimos parientes, prosiguiendo al fin con la lectura del testamento y el final de esta historia.
*Nota: Durante este segmento, en algunos números, es notorio que el dibujante regular, Sixto Valencia, de pronto queda indispuesto, dejando a un reemplazo anónimo que usa trazos más irregulares, pero aun aceptables, aunque Memín se ve más caricaturesco de lo normal.

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