lunes, 24 de agosto de 2009

Memín Pinguín #267-274

Memín y Chispitas viajan juntos para cumplir con un encargo importante. Pasan diversas peripecias, que los llevan a una finca donde especialmente ella vivirá la experiencia del comienzo de un incierto romance.

Chispitas ha terminado de repartir periódicos y cuenta sus ganancias, quejándose por no ganar lo suficiente. Divisa a Memín, quien anda caminando cercas, aun apesadumbrado por el inminente embargo de la tele. Ella lo llama y se ponen a platicar. Le comenta de su problema y le pregunta sobre su familia. Chispitas admite que a nadie tiene y rechaza la oferta de Memín de compartir a su má linda con ella, queriendo sólo trabajar en algo que le aporte más dinero. Se despide y se va, pero Memín decide seguirla, pensando que como él también necesita trabajo, podrían desempeñar uno juntos. Ella no queda muy convencida, tomándolo por inútil, y se limita a invitarlo a una nevería, prefiriendo entrar en compañía que sola para evitar los molestos piropos. Al entrar, un mesero repara en sus fachas y trata de correrlos, pero Chispitas lo tumba de un golpe y ya nadie se atreve protestar contra su presencia. Toman una mesa y otro mesero atiende su pedido, sin dejar de preguntar si tienen con que pagar, y Chispitas le da el dinero por adelantado. Saborean sus helados, cuando un misterioso hombre barbudo que ha estado observándolos, se les acerca, proponiéndoles un negocio. No da detalles, citándolos a las ocho de la noche en una dirección escrita en una nota que les da. Asegura ser hombre de palabra y les da un anticipo a solicitud del desconfiado Memín, quien no quiere que vuelvan a transarlo. Una vez que se ha retirado, Chispitas y Memín consideran en que estarán metiendo, ya que al negrito le parece muy sospechoso. Llaman al mesero para que les de el cambio y así puedan irse, pero éste miente, alegando que no le dieron ningún billete. Chispitas le saca el cambio en la forma que acostumbra, moliéndolo a golpes. Un cuadro después, ya están frente al domicilio señalado en la dirección, pero lo encuentran vacío y con aspecto de haber sido abandonado. Salen a investigar por el vecindario para cerciorarse de que no los engañaron, y Chispitas interroga a una mujer sobre Gustavo Rosales (el nombre del tipo, que venia escrito en la nota). Ella dice que ese hombre murió, aunque se dice que algunos lo han visto, insinuando que es un fantasma. A Memín le da miedo, pero Chispitas es muy escéptica e insiste en seguirlo buscando. Como el negrito se aturde del pavor, ella lo aplaca de un sopapo, advirtiéndole que odia a los cobardes y no tolerará su compañía si no es valiente. Memín se compromete a hacer lo posible por al menos aparentarlo, y la sigue cuando vuelve a meterse a la casa, tras divisar luz en una sección. Antes de entrar, Memín pide que lo deje rezar, y ella lo permite para luego llevárselo a rastras, hasta dar con el punto del que proviene la luz. Gustavo los esperaba, saludándolos y asegurándoles que está vivo, pero que casi todo mundo lo cree muerto y no quiere sacarlos de su error, de momento. Admite ser rico, pero su estado de “fallecido” le impide usar su dinero y por eso vive como rata. Lo que quiere que haga Chispitas, es viajar a Minatitlán, a recoger la parte de la herencia del abuelo de su esposa muerta, Olga Duprá, a quien tendrá que personificar (algo que no tiene mucho sentido, considerando que Chispitas tiene catorce años, aunque nunca dicen que edad tenia la señora cuando murió), ya que su parecido es idéntico. Al saber que esa ciudad es la misma en la que se encuentra Pedro Gómez Gómez, Memín se emociona, seguro de que si acompaña a Chispitas en esa empresa, podrá arreglar lo de la televisión. Chispitas lo tranquiliza jalándole las orejas, y Gustavo prosigue con sus instrucciones. Acepta que Memín vaya con ella en calidad de sirviente, y que les dará dinero para el viaje, además de ropa que perteneció a Olga. Todo eso para que reciban los quinientos millones que supuestamente el abuelo le dejó, mismos de los que Chispitas recibirá una parte cuando se los entregue, pero ella afirma que con el gusto de aventarse a la aventura le basta. Lleva a Chispitas a que escoja la ropa que más le guste, y ella se da vuelo entre tantas prendas que nunca esperaba usar, aunque Memín la molesta, insinuando que Gustavo podría estar mal de la cabeza por tenerles tanta confianza. Una vez que se cambia de ropa, Gustavo confirma que es la viva imagen de Olga Duprá, haciendo entrega del dinero y una advertencia/amenaza para que no lo traicionen, además de facilitarles un mapa de la cabaña donde leerán el testamento, ubicado en una finca en medio del bosque, propiedad del abuelo.
En casa de la familia Pinguín, Eufrosina termina de ver una película en compañía de una vecina, perdiendo la noción del tiempo. Al darse cuenta que pasa de medianoche y que su hijo no regresa, toma la tabla. Se pone a rezarle a la Virgen porque esté bien, y en eso Memín entra muy feliz, a darle las buenas nuevas. Ella agradece y se dispone a apalearlo, pero él se apresura en explicarle que se tardó por las indagaciones sobre Pedro Gómez Gómez a quien ya tiene localizado. Eufrosina se calma, diciendo que le han dicho que si siguen sin devolver la tele, los acusarán de robo, y Memín ayuda a consolarla. Después van a dormir. Memín se levanta muy temprano, ya que debe reunirse con Chispitas y Gustavo para prepararse para el viaje. Deja una carta donde explica todo a su má linda y sale a la aventura. Gustavo los lleva a comer antes de ir a la estación, reparando en la falta de educación de Chispitas, que ni sabe usar los cubiertos. En eso, ella reconoce en las afueras a su querido perro, Pulgoso, quien en algún momento fuera de cuadro debió haberse separado de ella otra vez, y lo toma en brazos. Chispitas insiste en que lo llevarán con ellos, ignorando las protestas de Gustavo, quien ya empieza a arrepentirse, temiendo que su operación fracasará ante la actitud de la chica. Le advierte que no la dejarán subir al tren con el perro, pero ella no hace caso. Lo despide, mencionando que irá en embriagarse para olvidarse del grave error que estará cometiendo al confiar en ellos. Cuando éste se ha ido, Memín sugiere que se queden con el dinero del pasaje, y es golpeado por Chispitas, decidida a cumplir con lo prometido. Pagan el boleto, y al negrito casi se lo cobran de niño, pero él insiste que sólo es chaparro y debe ser el precio total (no piensa nada en la economía por su orgullo). A la entrada del vagón, el encargado no admite que introduzcan al animal, y Chispitas ya está por sonárselo, pero Memín la convence de que lo siga para hablar a solas, sugiriendo que disfracen a Pulgoso de paquete. Como está muy sucio y huele mal, consiguen darle una remojada en un tinaco, pero en el tiempo que tardaron en hacer eso, el tren se les está escapando. Echan a correr detrás de éste, y Chispitas logra subir de un salto, tirando de Memín apenitas.
Al despertar, Eufrosina se da cuenta de la desaparición de Memín, temiendo lo peor. Las vecinas le señalan la carta que dejó, enterándola de su contenido. Eso basta para aliviarla, confiando en que regrese sano y salvo en cuanto arregle el asunto con el señor Gómez.
Chispitas y Memín descubren que Pulgoso también logró subirse al tren por sus propios medios. Envolviéndolo en el suéter de Memín, pasan con el perro hacia donde están los asientos, pero no hallan lugar. Ven el compartimiento destinado a los pasajeros importantes, aprovechando que está vacío, y ahí deciden quedarse. Un empleado se asoma y al verlo, Chispitas cree que es el padre de Memín, por tener su mismo tono de piel (son tan raros los morenos en México que han de creer que todos están emparentados). Le avisa a Memín que su padre lo busca, confundiéndolo, hasta ver que ella se equivocó. El empleado les avisa que no pueden quedarse en ese sitio, que aunque nadie lo ocupe, es su trabajo mantenerlo así, pero ellos le suplican que los deje quedarse. Cede ante su petición, advirtiéndoles que tengan cuidado de que nadie los vea. Más tarde, han hecho cama sus asientos, y se disponen a dormir. En la corretiza al tren, Chispitas perdió sus zapatos de tacón, y Memín le ayuda a conseguir otro par. Trata de quitarle unos a una señora, pero como uno todavía lo tenia puesto, hace que ella se alarme y grite que alguien le jaló el pie. Los demás pasajeros le gritan que se calme y acaba creyendo que fue su imaginación. Memín repite el proceso y ahora si consigue unos sin dueño que los calzara en ese momento, aunque le quedan un poco grandes a Chispitas, pero no pone objeción. Vuelven a la cama y Memín le reza al ángel de su guarda, siendo rápidamente amenazado con recibir un zapatazo de parte de Chispitas, quien no puede dormir así.
A la mañana siguiente, desayunan en abundancia. Memín trata de enseñarle a Chispitas a usar los cubiertos y comer con delicadeza, pero como hace las pruebas con los platos de ella en vez de los suyos (que ya dejó vacíos), la chica protesta ante su alevosía. Al pedir la cuenta, se percatan de que por andar corriendo, se les cayó el dinero, y así no tienen ni para el pasaje. Le dicen al mesero que adeudarán hasta llegar a su destino en tantos días, mas éste les indica que en seis horas habrán llegado. Al rato, vuelve a darles hambre, cuando el tren se detiene, permitiendo a vendedores ambulantes de comida ofrecer su mercancía por las ventanas. No teniendo dinero, no pueden comprar nada, pero Pulgoso huele la comida y salta por la ventana, metiendo la cabeza en una cesta repleta. El vendedor le da una patada al can para que se aleje, irritando a Chispitas, que salta a defenderlo. Se la parte en un tres por tres, pero luego la esposa del hombre interviene, y lucha encarnizadamente contra ella. Más vendedores se unen, poniendo en desventaja a Chispitas, pero Memín y Pulgoso la socorren, ayudando como pueden. Vencen a sus enemigos, y el tren ya está por ponerse en marcha de nuevo. Cada quien toma cestas de lo que puede, y Chispitas trepa primero, trayendo a Memín del cuello porque con las manos ocupadas no ve otra forma. Por desgracia, Pulgoso se quedó atrás, corriendo tras el tren que cada vez se aleja más. Angustiada, Chispitas pregunta a Memín como detener el tren, y al señalarle la cuerda de alarma, ella la jala, logrando que éste se detenga, y el perro lo alcance. Se meten al compartimiento para evitar averiguaciones cuando los empleados andan buscando al chistoso que detuvo el tren. Ahí, se reparten la comida, y descubren que Pulgoso llevaba un fajo de billetes que se apropió de los vendedores, surtiéndoles lo necesario para el pasaje.
Finalmente, llegan a Minatitlán, y utilizan el mapa. Se hacen bolas al leerlo, confundiendo las direcciones de norte, sur, etc. Un viejo que conduce una carreta de paja, les indica a donde quieren ir, advirtiendo que tardarán mucho, pero les permite que se trepen, ya que precisamente por ahí tiene que pasar. Al inquirir si son parientes de Fernando Duprá, su actitud afable cambia, calificándolos como parte del montón de buitres que vendrán por lo del testamento, familiares que nunca se acordaron del viejo hasta ese momento. Anuncia que la única persona que ve por sus bienes antes de que comience la repartición es Bernardo, un joven que fue criado por Don Fernando desde niño, que a diferencia de sus parientes interesados, nunca lo abandonó. Chispitas replica que no la relacionen con ellos, aunque no puede alegar mucho sin salirse del papel. El viejo los deja ante la cabaña, la cual parece muy descuidada, y Chispitas insiste a Memín a pagarle por el servicio con todo el dinero que les queda, ya que no lo necesitarán ahí. Se disponen a entrar, ignorando al joven apoyado en un tronco, quien los mira con el ceño fruncido. Memín se tropieza con su pie al pasar cerca de éste, y Chispitas le hace burla. El joven finalmente habla, exigiendo saber a quien buscan. El carácter respondón de la muchacha sale a relucir, y no quiere decirle nada, tratando de apartarlo de su camino. Trata de golpearlo pero el joven detiene su mano. Memín trata de defenderla a mordidas, pero antes de que pueda hincar el diente, lo agarran por la oreja. Al final, el joven desiste, divertido por el carácter de ambos, y los suelta. Memín supone que es el tal Bernardo y el joven lo confirma. Chispitas se presenta como Olga Duprá, volviendo a provocar un cambio en la expresión de Bernardo, poniéndose tosco, y ella comprende que es lo mismo que pasó con el anciano, tomandola por una interesada. No da explicaciones y pide que los deje pasar. Bernardo indica que hay habitaciones disponibles y que se acomoden como gusten. Chispitas señala lo sucio que está el interior de la cabaña, y Bernardo menciona que no hay servidumbre, así que se las arreglarán solos. Sin más, se retira, y van a colocar sus pertenencias en los cuartos de arriba. Luego, van a la cocina a buscan algo de comer, encontrando sólo una rata que andaba metida en una cesta. Chispitas exige a Memín que actúe y mate al animal, pero como él ni se fijó, piensa que le está pidiendo que se eche una interpretación teatral. Al decirle esto, ella se carcajea ante su ingenuidad, olvidándose del susto. Le ordena que se ponga a hacer los quehaceres domésticos para dejar la casa más limpia, recordándole que es su “sirviente”. Memín no tiene más opción que obedecer, concluyendo que las mujeres son abusivas, pero después de un rato, ella se le une, decidiendo que sin la presencia de Bernardo, no tiene que permanecer en su papel de tipica dama distinguida que no se molesta en esos menesteres. Entre los dos hacen, muy buen trabajo, y Bernardo lo nota a su regreso. Escuchan los ladridos de Pulgoso afuera, quien está nervioso al ver una vaca por primera vez. Memín y Chispitas deciden tratar de ordeñarla. Ella le tira de las ubres, mientras el negrito canta para calmarla. Bernardo observa su labor, hallándole gracia porque lo están haciendo mal. La vaca se molesta, callando a Memín de un cabezazo y dándole una coz a Chispitas, dejándola caer en el chiquero de los puercos. Bernardo ríe abiertamente al verla así, provocando su enojo, y ella se incorpora, dispuesta a partírsela, pero Memín la detiene, recordándole que se apegue a su papel. Los dos resienten el hambre, y al volver a entrar a la casa, ven a Bernardo comiendo pan con mantequilla. Chispitas se mete a bañar, indignada, y Memín se une con el joven en la mesa, haciéndole platica y logrando simpatizarle para que le convide. Casi mete la pata cuando él pregunta porque le dice Chispitas si se llama Olga, pero Memín atribuye el apodo al mal humor que se carga cuando se enoja y Bernardo concuerda al haberlo notado. Le dice que es la primera de los parientes que ha llegado, y que los otros no tardarán, pero todos arrastrados por el interés, y él tendrá que soportar su fastidiosa presencia. Admite que el estado de la casa se debe al descuido desde la muerte del abuelo, y él no puede ocuparse por estar a cargo de los aserraderos cercanos. Se dispone a ir a uno de ellos precisamente para verificar que el trabajo esté terminado, y Memín lo sigue para despedirlo. Bernardo le presenta a su yegua, “Mariposa”, el único ser femenino que aprecia, más inteligente que las mujeres. Hasta entonces le pregunta su nombre a Memín por hallarlo más agradable que su patrona. Chispitas ha salido del baño, con Pulgoso a su lado, cuando se topan con Bernardo, montado en Mariposa. La antipatía que comparten se refleja en sus animales, ya que Pulgoso se pone a ladrarle a la yegua.
Memín piensa en que estará haciendo Eufrosina, quien en ese momento, ha ido a la escuela, para avisarle al profesor Romero de la ausencia de su retoño. El maestro advierte que ha obrado mal al andarse yendo de vago cuando están por entrar al periodo de exámenes finales (pffft, si cuando llegue, se les va a olvidar y van a seguir con su curso eterno). Eufrosina pide que lo disculpe, ya que todo fue por ella y la televisión, aunque le preocupa no saber de él desde hace dos días. Romero la tranquiliza, diciendo que le escribirá para que regrese a prontitud (¿Cómo? Si ni les dio la dirección). Los amigos de Memín critican su actitud tan irresponsable y que ni les avisara de lo que iba a hacer, compartiendo su opinión con Romero.
Chispitas saluda a Memín que la esperaba dentro (¿Cómo le hizo? ¿Acababa de bañarse, salió para resaltar su antipatía hacia Bernardo, quien acababa de despedirse de Memín y volvió a meterse sin que se cruzaran? Ni idea), y le pregunta por la comida. Él le dice que Bernardo la guarda en una alacena bajo llave, y que le dijo que ella se la pidiera si tenia hambre. Obviamente, Chispitas no piensa rebajarse, tomando un hacha y rompiendo la alacena para hacerse con la comida. A Memín no le parece que a Bernardo vaya a gustarle eso, pero se aprovecha para comer también, imaginando que luego no estará de humor para volver a convidarle. A la hora de dormir, ella se rehúsa a que él la acompañe, ya que no está acostumbrado a dormir solo. Ignora sus quejas y lo manda a su propio cuarto. A Memín no le queda más remedio y reza antes de dormir para que no ocurra alguna desgracia entre tantos animales. En cuanto llega Bernardo, descubre lo que hizo Chispitas, enojándose. Va hasta su cuarto, contemplado su belleza mientras duerme, pero no tarda en despertarla y regañarla. Se le lleva cargando para mostrarle su obra, pidiendo una explicación, y ella se pone brava. Arremete contra él dándole una sarta de golpes, pero de nada sirve, ya que al ser muy fornido, a Bernardo no le hace ni cosquillas, divirtiéndose ante sus inútiles esfuerzos. La obliga a ponerse sobre sus piernas, dándole unas buenas nalgadas para castigarla. Satisfecho, empieza a retirarse, pero ella toma un plato, y se lo estrella en la espalda. Irritado, el joven se vuelve y le suministra más nalgadas, acción que es vista por Memín, quien se despertó en ese momento. Chispitas lo insulta cuando la deja, pero no se atreve a volver a atacarlo.
A la mañana siguiente, Memín se levanta temprano y le hace de desayunar a Bernardo. El joven comparte con él su opinión sobre las mujeres, considerándolas a todas idiotas y perjudicantes para el hombre, sin dejar de aclarar que hay excepciones, como la madre de Memín y la suya. Ya se ha ido para cuando Chispitas baja, empezando a tomar el desayuno mientras Memín comenta que Bernardo le cae bien a pesar de lo mal que habla de ella. Chispitas se irrita, echando mentiras sobre los guamazos que le dio anoche, de los que ni se pudo defender. Memín pregunta si no ha tenido novio, y ella replica que no, sacando a relucir su opinión sobre los hombres, algo muy similar a lo que Bernardo dijo. Al negrito le parece divertido como ellos concuerdan, insinuando en sus pensamientos en que no tardarán en enamorarse.
Pasan algunos días, y en una ocasión, están los tres juntos, en medio de un incomodo silencio, que Bernardo rompe al anunciar que hay jaripeo en el pueblo. Le dice a Memín que le diga a Chispitas si quiere ir, y ella replica que le diga que no necesita, pudiendo alegrarse desde ahí cuando se caiga del caballo (aunque Bernardo no alcanzó a decir iba a participar). Y así, se la pasan usando a Memín como mensajero para indicar cuanto se detestan al no hablar cara a cara, hasta que éste se cansa y les dice que dejen de aprovecharse de su persona. Escuchan a Pulgoso ladrándole a Mariposa, y cada quien va a calmar a su animal, amenazando con lastimar al del otro. Chispitas trata de golpearlo otra vez, y la yegua defiende a su dueño, echándola sobre un charco de agua, mientras Pulgoso reacciona, mordiéndole una pierna. Memín le dice a ambos cuanto le divirtió verlos atacados por los animales, y tanto Chispitas como Bernardo, malhumorados, le da un golpe en la cabeza por tonto.
Los amigos de Memín consideran la idea de ir hasta Minatitlán para hacerlo regresar. Ricardo averiguará con ayuda de su padre como hacer el viaje y Carlangas se apunta para darle su merecido al irresponsable.
Bernardo se alista para ir al jaripeo, invitando a Memín para que lo acompañe. Chispitas intervine, ordenándole que se baje de la yegua y se quede con ella. Memín obedece, pero Bernardo le señala que lo decepciona por dejar que una mujer lo controle, por lo que se trapa otra vez, para demostrar que no es así. Chispitas le dice que haga lo que quiera y la deje sola para que le pase algo. La psicología inversa funciona y Memín se decide a quedarse, ya que debe cumplir como un caballero, aunque en el fondo rumia porque las mujeres al final consiguen lo que quieren de los hombres. Recupera el ánimo en breve, cuando Chispitas le dice que también irán al jaripeo, y que sólo lo presionó para contrariar al odioso Bernardo. Lo malo es que por su orgullo, tienen que irse caminando, y el camino es largo, pero consiguen pegarse a un grupo de personas que se dirigían al jaripeo. Pronto, están disfrutando del espectáculo, viendo a los que montan los brutos, cayendo violentamente al no resistir los forcejeos del animal. Se ponen a criticar a los que lo hacen, y a Chispitas le da por desafiar a Memín a que monte uno, prometiéndole cinco besos sí consigue domarlo. La promesa de los besos basta para que el negrito olvide su miedo típico, y se apunta de inmediato. El encargado no quiere dejarlo, tomándolo por un niñito, pero Memín le da una patada en la pierna, enojándola al grado de decidir que se desquitará concediéndole su deseo. Lo adelanta al siguiente turno para verlo caer. Bernardo, quien estaba sentado cerca de ellos, se mueve al lado de Chispitas, reprochándole por comprometer a Memín en algo tan peligroso. Ella confía que no le pasará nada, y a Bernardo le da porque apuesten. Él también montará y sí no es derribado, ella deberá darle tres besos. Chispitas acepta, segura de que caerá y se divertirá al verlo humillado.
Memín resiste como puede sobre el animal, pero al final acaba siendo despedido por los aires, y aterriza de cabeza (en serio que siempre cae de cabeza y apenas se lastima). Queda atontado, pero consigue volver a su lugar con Chispitas, quien de todos modos, le planta cinco besos en la cabeza, provocando que termine de desmayarse ante tantas emociones. Llega el turno de Bernardo, triunfando en su cometido, para indignación de Chispitas. Para evitar cumplir su palabra, decide apuntarse también, ignorando sus advertencias. Al meterse entre los participantes, hay protestas de quienes no creen que una mujer pueda con eso, pero son superados por otros, considerando quien doma a los hombres, debería hacer lo mismo con esas bestias. Chispitas procede, ante el desconcierto de Bernardo y la preocupación de Memín. No tarda en ser derribada y Bernardo corre a auxiliarla. Teniéndola tan cerca, Chispitas se aturde, pero lo aparta bruscamente.
Más tarde, los tres vuelven a la cabaña en una carreta. Nuevamente, usan a Memín como mensajero, que le dice a Bernardo por Chispitas que no piensa cumplir su palabra, y la replica de él a ella sobre que tomará lo acordado a la fuerza si hace falta. El negrito vuelve a molestarse porque lo usen así y se baja de la cerreta para zambullirse en el río cercano. Viéndose solos, Bernardo cumple su amenaza, besando a Chispitas a la fuerza. Ella le muerde los labios, y él responde con otro beso, más apasionado, que ésta vez no logra resistir. Después la suelta, y en vez de darle otra, se cobra dándole nalgadas en su lugar, para luego recordarle que él manda, aunque ella sigue visiblemente molesta. En el río, Memín es mordido por un cangrejo, que sólo se le desprende después de tropezar y golpearse contra un árbol. Se reúne con Chispitas y Bernardo en la carreta, ignorando lo que pasó entre ellos.
En la cabaña, una tanda de parientes los esperan, abriendo paso a la siguiente parte de esta epopeya.

4 comentarios:

  1. NO se por que, pero en titulo de "Amores perros" u "Amor apache" se me viene a la mente para esta saga.

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  2. Odie esa etapa de la historia. Era la revista de CHISPITAS, ya no de Memin Pinguin. Y una vez terminada esta trama, la historia de Memin tuvo un bajon del que nunca se recupero.

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    1. Si, eso fue un poco frustrante, aunque admito que fue un interesante personaje. No es la primera vez que Doña Yolanda se desvìa tanto de una trama principal.

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  3. Por el contrario para mi es de mis tramas favoritas. De hecho extrañé a chispitas muchos capítulos más adelante.

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