lunes, 22 de marzo de 2010

Memín Pinguín #365-367

Por incongruente y totalmente fuera de contexto que suene, Memín y sus amigos, en compañía de sus padres, pasan sus vacaciones en África, donde viven una serie de incidentes bastante olvidables. Un percance al regresar los deja varados en una isla a merced de un tsunami. ¿Lograran volver con vida a casa? (de que se salvan, se salvan, pero los lectores no nos libramos de sufrir con una de las peores excusas de trama jamás escritas).

En la última pagina del #365, Ricardo invita a sus amigos y sus familias a comer en el jardín de su casa, diciéndoles que les tiene una sorpresa. ¡Huy! ¿Cuál será?
Pues en el camino (más bien en el siguiente numero) les saca de sopetón que se van a África. Memín y Eufrosina no entienden donde queda eso y Ernestillo les va explicando. No puedo decir que los Pinguín sean más ignorantes y despistados que quien escribió este absurdo guión, ya que obviamente no leyó los números anteriores, con lo de la expedición a África que duró como veinte números. ¡No es algo que se olvide de casi doscientos números para otro! Aparentemente, toman a los lectores como unos desmemoriados o por ser gente, así como el argumentista anónimo, que apenas está conociendo la revista de Memín. El señor Arcaraz explica que él se encargara de costear el viaje para las cuatro familias. Ellos creen que es una broma, pero Ricardo les asegura que es en serio y pasaran diez días allá. Ejem, debo interrumpir porque, aunque el señor Arcaraz sea rico y toda la cosa, por no decir generoso, ir de vacaciones de África no es la idea de nadie más que de millonarios excéntricos sobre un viaje de placer, por lo que…¿En serio? Hrm, temo que si.
Eufrosina, Isabel y Mercedes no quieren irse tan lejos y viajando en una avioneta rentada en vez de un avión convencional de pasajeros (¿y con niños? ¡peor aun!). Memín comenta sobre la machista suposición de que las mujeres son cobardes y sus amigos le dan un coscorrón bien merecido.
Dos cuadros después, ya han hecho maletas y sacado visas y pasaportes, viajando los cuatro amigos y sus padres (excepto el de Memín que ni en espíritu puede decirse que ande cuando él solo anda pensando en su má linda) con el piloto a cargo del vuelo. ¡Tienen que estar bromeando! ¿En una avioneta de México hasta África? Uf.
Durante el vuelo, Memín ya exige que les sirvan de comer, y le aclaran que no es un vuelo comercial, pero de todos modos Mercedes les hizo suficiente comida. Ven toninas (¿delfines? Eso parecen pero no conozco este sinónimo) chapoteando en el mar y Memín supone que son otro cosa al malentender la palabra, sólo para ser reprendido. Ni al caso.
El avión aterriza en algún punto de Uganda y al salir, reciben la corriente calida imperante. El señor Vargas le agradece al señor Arcaraz por ayudarle a cumplir su sueño de viajar a África (pero en realidad se está dirigiendo al señor Arozamena ¿el dibujante y el argumentista no se pusieron de acuerdo y no distinguen uno de otro o que? Lo que faltaba). A Memín le viene la estúpida ocurrencia de fanfarronear que una vez derrotó un león, invocando a uno de verdad, que se aparece a sus espaldas. Sus amigos huyen despavoridos, dejando al atolondrado negrito a merced de la fiera, pero ésta se limita a olisquearlo. Todos se ponen a salvo en el avión y aprovechando que al león le dio por ponerse a rugir, apremian a Memín a treparse a un árbol cercano. Así hace él y pronto se pone a salvo, dejando al león tratando de alcanzarlo en vano. La bestia se cansa y se retira. Le dan luz verde para que se baje del árbol y luego le hacen burla de que así parece chango. A lo lejos, Carlangas divisa nieve en la montaña y a sus amigos se les hace raro por el calor que hace ahí. El señor Arcaraz explica que es un interesante fenómeno natural que es la principal razón por la que vinieron ahí (¿de veras? voy a vomitarme). El piloto sale para sugerirles que empiecen a montar las tiendas. Los chicos, emocionados con la nieve en la montaña, se ponen de acuerdo y aprovechan que los adultos no los miran, para escalarla (¿con que objeto?). Así, empiezan el difícil ascenso, y mientras más suben, les va costando más trabajo. Por supuesto, Memín se distrae en el momento más inoportuno, apunto de caerse, pero sale ileso y sigue con sus amigos. El frío envuelve sus pies y Ernestillo les advierte que lo mejor es retroceder. Los adultos ya habían empezado a buscarlos, y el señor Arozamena los reprende, porque podrían perder un dedo por congelamiento al hacer tal barbaridad sin el entrenamiento adecuado. Memín corretea y cae en una de esas trampas en que el pie pisa una cuerda y acaba colgado (¿Quién la puso y con que motivo? No se, para ellos es una trampa natural de la naturaleza, que nomás ponen para sostener la mala suerte del negrito que lo lleva a tener accidentes extraños). Los cuatro son curados con alcohol sobre sus pies por los adultos, sin dejar de regañarlos por hacer esas cosas al aventón.
Llega la hora de dormir y descubren que Memín ha desaparecido, pero al poco rato lo hayan dormido en el avión, donde se siente más cómodo. El señor Arcaraz le aclara a Ricardo que vinieron a ver lo de las montaña esa y no a escalarla, razón por la cual no trajeron equipo. Les dice que están muy jóvenes para eso, y Memín replica que ellos son muy viejos (¿Qué parte de no vinimos a escalar no entendió éste?). Como es de esperarse, le dan un coscorrón, pero el muy vivo se pone una sartén para protegerse.
Al argumentista se le acabaron las ideas de que más podían hacer en África, dejando todo en que “anduvieron de aquí para allá”, para brincarse al día de regreso. Ya están todos bien acomodados en la avioneta y el piloto muy confiado, cuando un pajarraco se interpone y acaba hecho pulpa en los motores al cruzarse con las hélices. El piloto comenta con angustia que tarde o temprano sucede algo como esto (si y por eso sólo un loco llevaría tantos pasajeros en una avioneta propensa a esta clase de accidentes). Los pasajeros se ponen nerviosos y el piloto maniobra, logrando dar con una isla cercana donde hace un aterrizaje forzoso. El avión choca contra un árbol, pero ninguno sale herido. Salen para ver en donde han caído y Ricardo señala un esqueleto humano. Consideran la presencia de caníbales pero el piloto lo duda, aunque no deja de titubear, demostrando lo contrario. El viento mueve al esqueleto y Memín echa a correr, creyendo que ha cobrado vida. Sus amigos van tras él para hacerlo volver y Carlangas le hace ver su cobardía y forma de exagerar de más. El piloto, a quien llaman Capitán Gómez, advierte a los otros adultos que es imposible reparar el motor y dependerán de la radio transmisión para pedir por ayuda. El aparato se estropea, haciendo inútiles sus esfuerzos, y Gómez considera que tienen que atenerse a que se haga notoria su desaparición y los busquen o que consiga componer el sistema. Lo peor es que tienen comida para pocos días. El señor Vargas sugiere construir una buena barca para que puedan salir de su predicamento (eso solo funciona en las películas) pero el piloto es realista e indica que si una tormenta los sorprende, por más resistente que la haga, seria inútil y se ahogarían. Los chicos andan perdidos por haberse ido con Memín y los adultos se disponen a encontrarlos. Pasan varias horas hasta que los cuatro amigos dan con una cabaña. La encuentran vacía y el negrito supone que la habitaba el esqueleto. Ernestillo encuentra unas hojas que se usaron para hacer un diario, en donde los habitantes de la cabaña cuentan que hubo un tsunami y les dejó a ese esqueleto de proveniencia desconocida. Por la falta de alimentos, dicen que decidieron huir en una balsa, y como eso fue escrito hace dos años, los cuatro suponen que les espera un destino similar. Se asustan al oír que abren la puerta, pero son los adultos que los han encontrado. Vuelven al avión, donde ya hicieron una fogata. Se racionan la comida para tortura de Memín, acostumbrado a comer de más. El piloto empieza a trabajar desesperadamente para arreglar el radiotransmisor.
En México, las señoras empiezan a preocuparse por la ausencia de sus hijos y esposos. Se encaminan a buscarlos al aeropuerto.
El Capitán Gómez anuncia que ha logrado reparar la transmisión y por fin ha hecho contacto, dándoles la ubicación exacta, por lo que solo les queda esperar a que los rescaten. Al solicitar informes, se les comunica a las señoras que ellos están bien y ya van a enviar por ellos, por lo que se sienten aliviadas.
Al día siguiente los recogerán, por lo que los chicos y los adultos se duermen sin preocupaciones. El piloto es el primero en despertar y a lo lejos, ve como se forma un impotente tsunami. Alerta a los adultos sobre el inminente peligro. Los chicos insistieron en dormirse en la tienda de campaña y les gritan que se metan al avión de inmediato. Por “tsunami”, Memín supone que se refieren a “su mami” y ya va a correr al encuentro de la suya, pero logran sujetarlo y meterlo al avión. Una fuerte sacudida se abata sobre ellos, conforme la ola gigantesca engulle la mayor parte de la isla. El piloto comenta que han tenido suerte de salir con vida, siendo Memín el único que no entendió que tan peligroso estuvo, preguntándose si eso habrá apagado la fogata. Justamente en ese momento, un helicóptero de rescate se aproxima y deja caer una cuerda para que los náufragos lo aborden. En el regreso, Ernestillo se pregunta que pasó con los que abandonaron la isla y Carlangas supone que a lo mejor llegaron a casa con bien (¿referencia a la familia Robinson o que?). De vuelta en casa, son recibidos efusivamente por sus madres, y todavía por Romero en la escuela.

En serio, es la peor y más mal planeada trama de Memín que he visto y no entiendo porque la revista no fue cancelada inmediatamente despues de esto. Ahora lo preocupante será ver que futuras secuencias podrán "superar" este desperdicio de arte y material impreso.

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