domingo, 28 de junio de 2009

Memín Pinguín #4-7

Los problemas familiares de Carlangas y Ernestillo son mostrados por vez primera, haciendo enfoque especial en el segundo.
Después del día agitado en casa de los Arcaraz, los tres amigos va rumbo a sus respectivos hogares, encontrando diferentes, pero desagradables, sorpresas. Al llegar a la carpintería, Ernestillo descubre a su padre en estado de ebriedad. No es la primera vez que sucede, y lo atribuye a la insistencia de un amigo suyo que lo hace beber en demasía. Inconciente de lo que hace, el padre de Ernestillo lo agrede física y verbalmente, obligándole a traer otra botella, que tiene que conseguir fiada tras suplicar al dependiente español que se la negaba, a cambio de barrarle la tienda. En esa condición, su padre compromete su trabajo al rehusarse a hacerlo, por lo que Ernestillo se asegura de terminar por su cuenta con lo pendiente.
Carlangas llega a su barrio justamente cuando un par de vecinas chismosas comentan sobre la profesión de su madre. Una de ellas le echa en cara que Isabel trabaja en un cabaret en vez de en un taller de costura, como él siempre había creído. La reacción del chico es lanzarse sobre la mujer (vaya manera de responder, hay peores formas de insultar a la madre de uno que se toman más a la ligera) para que se retracte, pero la otra vecina, un poco más comprensiva, confirma con su silencio que es verdad. Así, Memín y Ricardo están felices de la vida esa noche, ignorando la congoja que acontece en sus amigos.
Al día siguiente, en la escuela, Memín intenta hacerle la zancadilla a Carlangas, que al no estar de humor, reacciona agresivamente. A Ernestillo le llaman la atención por llegar tarde, pero prefiere dar disculpas que explicaciones. En el recreo, tanto Carlangas como Ernestillo tienen los ánimos muy bajos, y Memín se les une, alegando que los amigos se apoyan aunque signifique que los tres dejen de disfrutar de la vida. Carlangas, conmovido, se disculpa por su reacción anterior y le asegura que todo está bien, permitiéndole retirarse para aprovechar el recreo jugando. Ni él ni Ernestillo se atreven a comentar de lo que les pasa entre ellos, lidiando solos con sus penas (de momento, no se hará esperar la inevitable intervención). Al regresar a la carpintería, Ernestillo encuentra a su padre caído de borracho. Vuelve a dejar sus responsabilidades de lado y una clienta viene a reclamar su pedido. Aunque le ofenden los comentarios de la mujer sobre el vicio de su padre, ofrece terminarle el trabajo.
Mientras, en casa de Carlangas, éste ya ha puesto al tanto a su madre de lo que escuchó. Isabel no cree que él éste preparado para conocer la verdad, así que le indica que sólo crea en sus palabras, asegurándose de preguntar hipotéticamente sí la despreciaría de ser ciertos esos chismes. El chico responde que la querría igual y con eso ambos quedan conformes y plácemes, saliendo a comer para olvidarse de todo. Pasan los días, y como su padre sigue dejando el trabajo a medias, Ernestillo tiene que seguir ayudando, desvelándose, lo que le conlleva a seguir llegando tarde y dormirse durante las horas de clase. El maestro vuelve a llamarle la atención, reprendiéndolo al pensar que se ha vuelto perezoso. Sus amigos se preocupan por él y exigen saber lo que le pasa. Ernestillo oculta la verdadera razón, alegando que la acumulación de trabajo lo orilla a ayudar a su padre para terminar a tiempo. Ofrecen ayudarlo para que no se desgaste tanto, pero él rechaza su ofrecimiento por la vergüenza de que sepan que su padre es alcohólico. Ellos piensan que él es tímido, un termino que Memín desconoce. Le sugieren que lo busque en el diccionario pero él ni sabe que es eso (¡guau! Eso si es ser ignorante). Con esa idea, deciden ir a ayudarlo de todos modos. En la carpintería, Ernestillo es molestado otra vez por su padre y su compañero de vicio. En eso, sus amigos llegan, comprendiendo su problema de inmediato. El padre de Ernestillo los recibe de mala manera, haciendo mofa de todos, en especial de Memín por su peculiar aspecto. Ellos disimulan su desconcierto hasta que éste se retira en compañía de su compadre. Ernestillo se entristece, pero sus amigos lo apoyan y lo incitan a comenzar con el trabajo de inmediato.
Pasan las tardes trabajando en la carpintería hasta que terminan con todos los pendientes que su padre dejó de lado. El último día en que les informa que ya no tienen que venir, Ernestillo cree que el problema de su padre ha terminado después de que su colega alcohólico sufrió un accidente en la pierna (que ocurre fuera de página) que le impide seguirlo frecuentando. Sin embargo, el señor Vargas sigue embriagándose por su cuenta, simulando hablar con su mujer fallecida, lo que resulta especialmente penoso cuando sus amigos son testigos. Ricardo los invita a su casa a celebrar que han acabado con eso, pero Ernestillo prefiere quedarse a cuidar a su padre, preocupado por su seguridad.
Al día siguiente, cuando se reúnen en la escuela, es notoria la ausencia de Ernestillo. Deciden solicitar al maestro permiso para ir a buscarlo, pero éste no ve necesidad, considerando que él parece haber perdido interés en sus estudios. Memín, ignorando que debían mantenerlo en secreto, no pierde tiempo en comentar sobre el vicio del padre su amigo, lo que ayuda al maestro a comprender. A Carlangas y Ricardo no les queda más que contar todos los detalles, y así consiguen el permiso de ir a verlo.
Al llegar a la carpintería, descubren que Ernestillo había estado bebiendo, imitando a su padre, cayendo rápidamente en el mismo estado que lo pone inestable emocionalmente. Le arrebatan la botella, y éste llora y suplica que se la devuelvan porque espera que con eso pueda ver a su madre del mismo modo que su padre, y ante la negativa, intenta atacarlos con un martillo. Se desmaya antes de lograr lastimar a alguien, y sus amigos deciden recostarlo sobre la cama. Regresen a la escuela, acordando no comentar nada, diciéndole al maestro que no lo encontraron. Éste supone que ocultan algo y pide hablar con ellos después de clases. Cuando llega la hora, Ricardo y Carlangas guardan silencio, y Memín, de nuevo, aunque esta vez a conciencia, dice exactamente lo que pasó. Así no les queda opción más que contarlo todo de nuevo. Temiendo que sufra una congestión alcohólica, el profesor los lleva en su coche para tratar el problema directamente. Allí, descubren a Ernestillo, que sigue inconciente, y de inmediato llaman una ambulancia para llevarlo a la Cruz Roja.
Dejando a los niños en el hospital, el maestro se dirige a la casa del padre de Ernestillo, quien sigue resintiendo los efectos de su ultima borrachera. Éste piensa que le dará un sermón sobre su alcoholismo, pero cuando Romero explica lo que ha sucedido, deja la testarudez a un lado para llenarse de pena y vergüenza. En el hospital, Ernestillo se ha recuperado, lo que produce gran alivio a sus preocupados amigos. Cuando estos se retiran y llega su padre, éste se disculpa por todo lo que le ha hecho pasar, suplicándole que no siga sus pasos y prometiendo que no volverá a beber. Con una emotiva escena conciliadora de padre e hijo, se cierra este capitulo.

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