miércoles, 11 de agosto de 2010

Memín Pinguín #413-415

Memín y sus amigos asisten a un concierto en Bellas Artes. Carlangas se aficiona con el oboe y se presenta el caso familiar de su instructor, en el que los cuatro acaban entrometiéndose. Gran aburrición.

El ingeniero Arozamena informa a Isabel sobre un concierto en Bellas Artes con un programa de musica clasica que le interesa y de inmediato se dispone a comprar los boletos. Llega Carlangas y lo primero que hace Isabel es invitarlo a que vaya con ellos, y contrario a lo esperado, enseguida se apunta y pide invitar a sus amigos. Su padre acepta y corre a buscarlos, hallando a los tres demasiado pronto. Al parecer hay un malentendido no mencionado en que según el padre de Carlangas les pagará el boleto a los tres, así que todos acceden, aunque claro, Memín no deja de pasar por ignorante. Los cuatro se ponen a parlotear sobre sus conocimientos de la dichosa música clásica que les espera y Carlangas menciona el programa (alguien hizo su tarea de investigación o quizá el argumentista es aficionado a esta clase de música, el problema es que en una revista, y encima insulsa como esta, es muy inapropiado lucir conocimientos de algo que ni siquiera podemos escuchar). Ricardo hasta se emociona con la música de su “tocayo” Richard Wagner (ni idea de quien es, lo siento, no soy tan “culto” como estos mocosos), algo que Memín tarda en captar, pero la verdad ni viene al caso.
Se compran los boletos y llega el día en que deben asistir al concierto con sus mejores garras. Memín llega primero, pero se le olvidan los zapatos y tiene que regresarse. Carlangas anima a sus padres a irse de una vez en lugar de esperar a Memín, como ya tiene su boleto (y la costumbre de perder todo lo que se guarda en los bolsillos). El negrito entra a la casa yendo directo por los zapatos y despertando a Eufrosina, que apenas se entera.
En el Palacio de Bellas Artes, la tardanza de Memín ya se atribuye a una excusa para faltar al aburrido concierto, mismo que no tarda en comenzar. Ajum, por una página entera nos torturan con la ejecución del primer acto. Se hace notar a un tipo tocando con desgana el oboe y a Isabel notando la emoción de Carlangas por el sonido de ese instrumento particular.
Memín se la pasa dando vueltas, cayendo en el metro Bellas Artes antes de dar con el Palacio. El guardia no quiere dejarlo entrar al tomarlo por un menor de edad (según menores de ocho no pueden entrar ahí, aunque para mi ni los de la edad de Memín y sus amigos deberían porque difícilmente apreciarían de verdad la música de ese ambiente) y como el negrito se pone necio, trata de vacilarlo con que la primera obra dura 18 horas y debe esperar a que termine. Cuando una pareja de retrasados es dejada pasar, Memín se percata del engaño y se apura a dar su boleto y entrar sin darle tiempo de decir nada al tonto guardia (eso debió hacer desde el principio en vez de ponerse a alegar).
Terminan con la obra de Wagner y de nuevo se señala al del oboe que parece hastiado de todo. Se ponen a comentar sobre la primera ejecución y notan que Memín aun está ausente. El negrito entra al camerino del pianista que anda nervioso y con sus comentarios típicos de ignorante, logra hacer que se relaje. Después, se va atrás del escenario, y al pedir que le dejen probar el piano, los encargados de colocar todo lo confunden con un artista de verdad (¿bromean? ¡no se puede confundir a ese chaparro con un músico profesional!). Memín se pone a tocar y el horrible resultado es escuchado por los asistentes, comparándolo al sonido de perros peleando. Uno de los característicos tarados que alaban la mala música se emociona y aplaude, contagiando a los demás, hasta que usando los prismáticos que les dan, Carlangas y los demás reconocen a su amigo. Memín ya va a probar a tocar el clarinete cuando entre Ernestillo y Ricardo lo sacan a rastras del escenario. El idiota sigue aplaudiendo y la voz del presentador anuncia el inicio de la segunda parte, dedicándole una advertencia para que se aplaque (mejor llamen a seguridad ¿no?).
Esa parte del concierto impliqca la conjunción de la orquesta y el piano porque es muy complicada o algo así. El oboísta se distraía admirando al pianista y acaba errando una nota, lo que solo algunos notan, incluyendo a Carlangas que hasta se horroriza y el director se enfada (¿solo por un pequeño error de nada? bah). Conforme siguen las ejecuciones musicales, Memín, predeciblemente, va aburriéndose y acaba entrándole sueño. Ronca estruendosamente, y el ignorante idiota lo toma como un “nuevo acto de música contemporánea”. El indignado director está por suspender el concierto, pero Ricardo y Ernestillo se adelantan y lo sacan afuera. Luego que todo acaba, regaña duramente al oboísta, a quien ya nos presentó el narrador como Germán. Memín sigue dormido y no pueden despertarlo. Carlangas se anima a acercarse al oboísta y frente a sus padres, le pida que le de clases particulares para aprender a tocar ese instrumento, dispuesto a hacer cualquier sacrificio para costearse todo. Germán accede y ya luego se reúne con los demás, sin haberse enterado de lo embobado que estaba con la música para notar el bochorno que les hizo pasar el inculto Memín.
Al día siguiente, andan comentando sobre lo sucedido mientras Carlangas dibuja el oboe, informándoles que no podrá acompañarlos en un partido de futbol para comprar dicho instrumento. Y en pocos cuadros, ya lo vemos haciéndose con el oboe. Del partido vemos el final, en el que se ve que perdieron por la ausencia de Carlangas (y hasta uniformados andaban ¿qué no era un juego callejero?) y sus contrarios les hacen burla. Sabiendo que Carlangas tendrá su primera clase al día siguiente, planean ir a verlo por curiosidad (y lo dicen en voz baja, lo que conmumente se transcribe como “psst….pssst” y vean lo que ponen aquí, mal hecho).
Y así da inicio la clase, en la que Carlangas trajo por error una partitura para tocar con clarinete, pero según Germán, puede transcribirse fácilmente. Desde la ventana, sus amigos lo espían, y conforme sigue la clase, Germán no se esfuerza en disimular su desagrado por el oboe, confesando que lo suyo es el piano, pero por tradición familiar, ha tenido que dedicarse a ello. Memín no evita andar de metiche y se mete en la conversación, delatando la presencia de los demás, importunando a Germán con sus preguntas.
Pasan los días y llega uno en que Germán llega tarde, disculpándose por haberse distraído viendo un concierto de piano en la tele. Los chicos le insisten en que debería tocar lo que le gusta, pero Germán no quiere por temor a contrariar a su padre. Con todo, no deja de pensar en lo que le dijeron. Vuelve a su casa, viéndose con su padre, un hombre algo brusco, acusándolo de inmediato por atreverse a ver eso del piano, y se acobarda antes de poder decírselo (es la peor secuencia de diálogos intimidatorios que he visto). Germán se retira y el padre se queda pensativo mientras practica el oboe, denotando que él también lo detesta. Sale el hermano menor de Germán, José, comentando de lo alterado que ha estado su padre últimamente (incluso comentan que su familia es nativa de Alemania, lo que dice en forma tan teatral que sólo hace ver más incongruente esta trama).
Durante otro partido en el callejón, de improviso, Carlangas interrumpe para sugerir a sus amigos hacer algo por su maestro. Suponen que en casa de Germán deben tener piano (¿solo por ser familia de músicos van a tener uno? Si solo tocan el oboe) y Carlangas pide a Ricardo unas partituras de las del que tienen en su casa para dárselas y así animarlo a entrarle más a su verdadera pasión. Una insulsa escena en casa de los Arcaraz después (haciendo notar que solo Mercedes toca el piano, a veces y no muy bien) y ya tienen unas de el concierto numero dos de Rachimaninoff (basta de apantallarnos con conocimientos culturales ¿creen que los lectores de esta revista van a tener la menor idea o se interesarán sólo por esto?). Se dirigen a la casa y los recibe el padre, Don Farnes, a quien Memín no falla en importunar a la primera, irritándolo. Les informa que Germán está en un concierto pero no tarda en llegar, invitándolos a esperarlo pero advirtiéndoles que no va a ofrecerles nada y que no se sientan como en su casa. Temiendo que le roben, insiste en quedarse con ellos, provocando un silencio incomodo que rompe Memín para inquirir porque es tan antipático, lo que lo hace enojar más. Don Farnes ya anda por echársele encima, pero Carlangas sale en defensa de Memín, y empiezan a criticarlo por la “tensión” que siente que reina en su hogar (llevan unos minutos apenas y ya siente que puede criticarlo). Le echan en cara que su hijo odia el oboe y que es evidente que él también. José alcanza a oír y en eso Germán llega y escucha también. El padre se rompe y lloriquea que todo fue por su bisabuelo que según amaba tanto el oboe que por eso iniciaron la tradición, pero lo que a él siempre le ha gustado es el violín. Germán y José se le unen (al hermanito le gusta el violonchelo), acabando en un abrazo conciliador en que deducen terminar con esa “maldición familiar” y formar un trío dedicado a lo suyo. Casualmente (o improvisadamente) comentan algo sobre músicos en un concierto importante que se dará dentro de dos semanas en Alemania y que como ellos no van a poder tocar por problemas de pasaportes, se disponen a ir y sustituirlos. Germán se disculpa con Carlangas, ya que eso significa que por ensayar con el nuevo instrumento no podrá darle clases y él acepta, optando por formar su propia orquesta con sus amigos (¿sin haber acabado sus clases?) y ahí mismo hacen los planes sobre que tocará cada quien. Esto es tan ni al caso, en serio, no importa lo que digan aquí, no van a hacer nada más que perder el tiempo, créanme.
Luego cambian de tema para que esto se vea aun más absurdo, con Memín preguntando la razón de los nombres de los hijos de Don Farnes, y según, es porque Germán nació en Alemania y José en México (si, si, ¿pero a quien le importa?).
La familia se va a comprar los instrumentos en auto, recordando a su madre, que también tuvo que tocar el oboe (¿se casó con su hermana o que?) y adquirirán un arpa en su honor, que es lo que le gustaba, pese a que ninguno la podrá tocar.
Los amigos comentan sobre lo de la Alemania, excusa para mostrar de nuevo la ignorancia geográfica de Memín. Ni al caso.
De vuelta con la familia, el padre evoca la imagen de su esposa fallecida, se acuerda que tiene un concierto pendiente y se apura a prepararse, dándose tiempo para hablar con ella (su retrato). Ni al caso otra vez.
Ahora, en casa de los Arozamena, el padre de Carlangas llega para compartir con Isabel el sufrimiento de los ensayos de la orquesta de su hijo, la cual no tardan en cancelar, sin pasar de un tonto, improvisado pasatiempo. Isabel le pasa una carta a Carlangas de parte de Germán, informando que el concierto salió excelente y su familia al fin ha recuperado su estabilidad.
Después del ensayo (el ultimo pero único que vimos los lectores), Memín se pone a decir estupideces y sus amigos se mofan de él, solo para luego llevar la conversación a proponer echarse otra cascarita.
En el camino, Memín se detiene, mirando embobado unos escaparates, lo que apunta a la próxima secuencia.

1 comentario:

  1. ¡Qué cosas tan absurdas! Soy oboísta.
    Gracias por tus comentarios.

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