domingo, 7 de agosto de 2011

Memín Pinguín Bicentenario

Para conmemorar el aniversario de la Independencia de México, Editorial Vid ofrece una edición especial de Memín de 64 páginas, publicada para ofrecerse gratuitamente en la compra de respectivos ejemplares de los periódicos El Sol de México, La Prensa, y Esto (indicando algún tipo de acuerdo que beneficiaria a todas las partes aunque parece que no fue una oferta valida en todo el país, probablemente debido a un tiraje limitado).

Con un estilo diferente en argumento y dibujo, se nos presenta esta curiosa historia especial de Memín con el único objetivo de repasar la historia de cómo México obtuvo su independencia.
Después de un día normal de clases, Memìn, se entusiasma exageradamente con los datos que les cuenta Romero, al grado de que a la salida, declina la oportunidad de echarse una cascarita con sus amigos para irse rápido a su casa. Intrigados, Carlangas, Ernestillo y Ricardo lo siguen, en lo que Memín va tan a la carrera que provoca molestias al cruzar la calle infestada de tráfico y todavía propicia que un perro lo correteé. Entra y cierra la puerta antes de que el perro lo agarre, y sin saludar siquiera, abruma a Eufrosina con su palabrería, empezando a contarle sobre los antecedentes de independencia que hubo en algunos sectores de Nueva España, los cuales fueron atribuidos a los negros (no me gusta usar esa denominación para la gente de color pero el mismo Memín lo dice de esa manera, así que él sabrá).
Involucrándose el mismo en la historia, entra en dar referencias falsas (¿leones en America?), prontamente corregidas por sus amigos que entran sin avisar ni pedir permiso (¿cómo le hicieron para pasar por el perro?).
Comprendiendo que el entusiasmo de Memín se debe al orgullo de su color y el impulso de compartir lo aprendido con Eufrosina, lo dejan seguir, pero hay una breve interrupción cuando Memín abre la puerta por accidente y sale el perro (¿es un perro racista acaso? ya que ignoró a los otros y se espero a que Memín volviera a salir…), sobresaltándolo justo en el momento en que fanfarronea sobre lo valientes que eran sus antepasados al luchar sin armas contra fieras salvajes.
La historia de los antepasados negros de Memín prosigue y concluye, dando pie a Carlangas que ahora nos relata otra revuelta con fines de independencia con una trayectoria que Ricardo y Ernestillo continúan por turnos, ahora refiriendo a los indígenas. Hacen énfasis en la discriminación contra negros, indígenas y todo tipo de mestizos (incluso nos dan una lista completa con todas las diferentes mezclas de aquel entonces, y el mismo Memín revela ser un “cambujo”, o sea producto de la unión de raza india con los mestizos denominados zambaigo).
Conforme avanza la narración, los niños se van indignando al señalar todas esas injusticias que inspiraron la revolución, ya emocionándose cuando entran a la parte que todos conocemos, al empezar a involucrarse a Miguel Hidalgo y compañía. Se hace otra pausa al referirse a los reyes nomas para comparar su actitud con la que Ricardo ostentaba en un principio, consiguiendo que se ponga rojo de la vergüenza, aclarando que él ya cambió de opinión (¿cuál opinión? más bien quiso decir actitud ¿no?).
Continúan narrando la parte de la conspiración y entran al interminable debate entre las fechas del 15 de septiembre y el 2 de octubre (revisen las razones de esta confusión si no las conocen, aquí no nos dicen mucho y yo no soy ningún historiador). Todos se emocionan como nunca en la escena e inolvidable del Grito de Independencia, y se meten (imaginariamente) en la historia, uniéndose a la lucha, mostrándonos escenas inconcebibles de acción en una historia normal de Memín (bueno, no es de extrañar que Memín pelee con el arma más fuerte que conoce: la tabla con clavo, pero ¿Ricardo empuñando un arma de fuego? y todavía Carlangas peleando con sus puños, muy valiente pero en la lucha de verdad en esa época dudo que le sirviera de algo).
Pasan a las emocionantes primeras batallas, la quema de la Alhóndiga, y muchas otras partes claves de la historia (incluso señalan algunos factores negativos que normalmente eluden en las clases de historias en las primarias, como el pillaje desenfrenado de los revolucionarios que Hidalgo y sus aliados no podían controlar ya que estaba justificado aunque no lo aprobaban). Los ánimos bajan un poco al pasar por la parte de la ejecución de Hidalgo (¿por qué tenían que mostrar una ilustración de su cabeza decapitada en exhibición? es un detalle escabroso pero irrelevante para la historia).
Siguen con las participaciones de José María Morelos, y todas las iniciativas con que su lucha fue beneficiándose y concretando cada vez más el alcance de su objetivo (Ernestillo hasta presenta los principales puntos de la declaración en Documentos de la nación). Por supuesto, vuelven a entristecerse al referir su posterior captura y ejecución, pero la historia continua con los avances de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (Carlangas no pierde oportunidad de señalar los tres principios que ellos acordaron que regirían en México). Finalmente llegan a la Independencia, aunque todavía pasaron algunos incidentes más antes de que fuera respetada. Memín sigue entusiasmado y ardido de odio contra los españoles por lo que hicieron, tomando la resolución de desquitarse con Don Venancio (todavía es recordado este insufrible personaje), que además de ser español, le sube a los precios en su tienda (eso ya es culpa de la crisis) pero Eufrosina le advierte que lo deje por la paz. Habiendo terminado con la lección improvisada de historia para Eufrosina, a ella le da por recompensarlos con un pastel recién horneado (¿cómo puede estar recién horneado? todo lo que dijeron debió haberles tomado más de dos horas ¿acaso ella estaba cocinando todo el tiempo mientras ellos hablaban? apenas la vimos sirviendo comida como sì desde el principio contaba con que iban a caerles visitas).
Un epilogo es presentado al día siguiente cuando Romero lleva a sus alumnos (aunque Memín y sus amigos son los únicos presentes, haciendo suponer que a los demás les vale o hay favoritismos y ya los cuatro son sus unicos alumnos calificados para ir a excursiones) al Paseo de la Reforma, señalando al Ángel de la Independencia y la zona donde guardan los restos de los héroes de la patria (hasta ese momento se les ocurre cuestionar la existencia del mítico india “El Pípila” cuando bien pudieron hacerlo mientras contaban su respectiva participación en el resumen histórico del día anterior). Memín quiere visitar a los cadáveres pero Romero le indica que lo mejor es dejarlos descansar en paz. Eso no desanima al negrito y propone que les canten el himno nacional, dando un solemne fin de esta manera a esta historia reflexiva sobre la historia misma.
Después de haberse trabado tanto en ediciones de pésima calidad de Memín Pinguìn, en esta ocasión podemos alabar a Editorial Vid por brindarnos (aunque nos quieran hacer comprar el periódico) una historia digna y memorable, tanto para las celebraciones de la patria como la misma revista (que acababa de “cerrar” y relanzarse desde el principio pero ya explicamos eso).
Una edición altamente recomendable al igual que la sucesiva en la que tocaría celebrar el Centenario de la Revolución Mexicana.

Memín Pinguín Regresa


Habiendo cerrado con la revista original que abriera la época de reimpresiones de clásicos títulos de Editorial Vid durante su época de oro, casi enseguida prosiguieron con el relanzamiento de Memín Pinguín Regresa. ¿Regresa? ¿Pues cuando se fue? No descansó ni una semana de su cancelación pesimamente disimulada.
Antes que nada, recapitulemos. Cuando Vid inauguró esta etapa de reimpresiones de clásicos, Memín Pinguín no fue de inmediato la sensación que era hace unos años. De hecho, la revista pasaba desapercibida. Fue hasta después que ocurrió aquel lio de los timbres postales y la edición comprometedora que exhibía el racismo en E. U. (como ya explicamos, un malentendido), que aprovechando toda esa controversia, se relanzó la revista. Una conveniente excusa pero practica para quienes se perdieron las primeras ediciones, aun si ya habían sido reimpresas anteriormente, con lo promoción de las edición Te lo Cuento, cuya iniciativa era presentar los primeros doce números de la revista con actores de doblaje calificados para darle “vida” (sin embargo, el propósito era más bien el enseñar a leer a los peques, disfrutando la historia que oían en los discos, siguiéndola al mismo tiempo que en las ediciones).
Así que lanzan Memín Pinguín Edición Homenaje que aparte del elegante titulo y usar portadas diferentes en los primeros dos números, de “Homenaje” no tiene nada, y en la actualidad sigue publicándose (ya van cercando la edición #270). Para acabar, cada que se acumulan diez números de Edición Homenaje, publican tomos compilatorios, donde el mayor aporte es usar portadas conmemorativas y originales (una rara estrategia editorial por parte de Vid, si esas son más llamativas y cómodas para leer y guardar ¿no se les ha ocurrido que sabiendo esto la gente va ignorar las ediciones sueltas y se va a limitar a esperar a que salgan los tomos compilatorios?).
Vid ha estado repitiendo Memín hasta el hartazgo, por lo que, tras haberse dado por vencidos (finalmente) de que no la iban a hacer con aventuras nuevas tan poco atractivas (que seguramente provocaban que Doña Yolanda se revolcara en su tumba), tenían que irse por la corriente más obvia: lanzarla desde el principio otra vez.
Ya puedo imaginarme la escena entre los encargados y/o los creativos:

“¿Sabes que? Ya me cansé de andar escribiendo guiones para este mugrero. Se me están acabando las ideas y siento que ya ni caso tiene.”
“Además, puede que haya alguien por ahí en un blog que nos ande quemando o algo así, señalando lo poco que trabajamos o como nos fusilamos guiones de otros lados para continuar la revista.”
“Si, si. Mejor ahí le paramos. Total, se venden más las de Homenaje y de esas hay para rato.”
“Pero ya cancelamos muchas revistas y estamos en crisis. Tenemos que exprimir todo lo que podamos y Memín es de lo poco que nos queda. Quien sabe cuantos pesos perderíamos con una revista menos.”
“¿Y si la lanzamos otra vez? La de Homenaje va tan avanzada que no nos va a perjudicar en nada.”
“Buena idea. ¿Pero que no estábamos por reenviar por todo el país paquetes de los primeros números de Memín de Homenaje?”
“Bah. Sólo cambiémosle el titulo y ya. Nadie se va a dar cuenta. Los lectores son demasiado ingenuos para considerar que nos quedamos sin ideas y nomas queremos vender y vender.”
“¿Y como le ponemos al nuevo Memín?”
“Algo como Memín Pinguín Regresa pero un poco más creativo para que no se note que somos flojos.”
“¿Y como la terminamos?”
“Pos igual que hicieron con las de color sepia. Que salga un adivino para adivinarles el pasado y ya.”
“Eso siempre funciona. Nadie se da cuenta que es el peor recurso argumental jamás creado para evitar la cancelación. ¡Seguiremos sacando huevos de oro de la gallinita negra hasta que no pueda más! ¡Ja, ja, ja, ja!”
“Me da flojera leer las ediciones viejas, así que me limitaré a reinventar al adivino. De todos modos sirve para lo mismo que el otro.”
“¡Pues a trabajar! Hay que agregar eso luego de esa fumada de Sudáfrica y ya podremos descansar mientras las revistas siguen vendiendose.”
“¡Ya vas!”

Ejem. Y así sale Memín Pinguín Regresa #1. En serio que los de Vid no tienen vergüenza. La vez anterior por lo menos aun siguieron enumerando la revista en vez de reiniciar, y recordamos que en un principio podían verse las impresiones de Memín y sus amigos mientras revivían ese primer día de clases en que se conocieron. Pero aquí no. Todo se repite exactamente igual sin una sola nota aclaratoria sobre el incidente del adivino (volviendo aun más absurdo el final de la edición #442). Eso si. No incluyen introducción, por lo que se sobrentiende que realmente contaban con que los lectores supieran de antemano que iban a seguir con una repetición (pero si agregan las páginas extras de la historia de Memín que a su vez cuentan la vida de su creadora y como empezó a publicar a su personaje, exactamente el mismo texto que salió en Memín Pinguín #1, pero con algunas cuantas diferencias de formato).
Fuera de esto, las únicas diferencias entre las dos revistas que podemos señalar son:
• Utilizan un entintado diferente. Los trazos son exactamente iguales (incluyendo las irregularidades que ya había comentado sobre el #1 en que indican que Don Sixto no empezó a dibujar sino hasta pasadas algunas páginas). Al cambiar el entintado, no sabría decir si se ve mejor o peor (conviene en personajes como Romero cuyo cabello suele ser castaño pero al principio lo ponían negro, pero en contraste, ponen el de Isabel negro cuando era castaño), así que lo dejo a su criterio.
• Cambian los títulos de algunos episodios. Es un detalle que casi nunca mencionaba (cada número de Memín tiene un titulo en base a su contenido) porque no lo considerè relevante pero al iniciar este relanzamiento, se dan el lujo de modificar uno que otro, aunque parece que sólo lo hacían al principio (como la edición #3, originalmente titulada "Tres hogares distintos” ahora es “¡Ay!”).
• Alteran la topografía de los títulos, más vistosa y colorida que en los originales. También hacen más grande la parte en que marcan el número de edición (en la antigua revista recurren al característico cuadro donde se incluye con los datos del precio de la revista, pero ahora lo colocan aparte).

Y eso es todo. Esta revista sigue publicándose en la actualidad (pero al igual que su predecesora, su tiraje es limitado o la rebajan a sólo ponerla a la venta en algunos locales, a diferencia de la Edición Homenaje, que està en casi todos). ¿Qué pasará cuando den la vuelta completa y lleguen a ese punto en que la revista deje de ser (el cual se puede ubicar desde que agotan los guiones de Doña Yolanda pero recordamos que desde antes perdían mucho al prescindir de los dibujos de Don Sixto)? Porque ciertamente, la Edición Homenaje ya no será tan “homenaje” al repetir lo que Doña Yolanda no escribió (hasta será un insulto aun más grande a su memoria). Y con Memín Regresa (aunque le falta muchísimo más para llegar ahí, tal vez el mundo se acabe antes o Vid quiebre en definitiva), si “regresa” al punto de partida…. ¿que? ¿A repetir otra vez?
Sea como sea, todo esto ha terminado…Casi. Quizás Memín como una revista con nuevas historia murió, pero el negrito aun dejó algo más de que hablar, misma que trataremos en próximas entradas, para rematar.
He aqui algunos ejemplos para comparar estas diferencias de contenido:




sábado, 6 de agosto de 2011

Memín Pinguín #440-442

Por una confusión, Memín acaba uniéndose al ejército, para después de eso participar en un partido de soccer entre cuarteles, llevándolo a reunirse con sus amigos y embarcarse en una conveniente travesía que los deja justamente a tiempo para ver el inicio del Mundial en Sudáfrica. Y de vuelta en México, la sorpresa de sus vidas les aguarda (SPOILER: el gran “final” de la nueva serie).

Este es el arco final, la ultima aventura original de Memín, tras la cual esta revista es cancelada en definitiva (aunque nunca lo admitan). ¿Qué clase de historia es digna para dar por terminada toda una larga e ilustre trayectoria que ensombrecieron con sus tramas chafas y simplonas de la nueva época? ¿Pudieron hacerlo mejor o peor que nunca? Ustedes decidan.

Memín y Eufrosina regresan a casa, siendo recibidos por Arturo, un joven conocido que está de conscricpto en el servicio militar. Memín tarda en captar lo que significa el término de conscripto hasta que Arturo se lo deja en claro.
Una vez que éste se ha ido, el negrito inquiere a Eufrosina de donde lo conocen y al alegar ella que es casi de la familia, Memín ya anda insinuando lo peor, ganándose un buen jalón de orejas. Habiéndose calmado, Eufrosina tiene que guardar cama y Memín se compromete a cuidarla, pero el sueño lo vence y acaba despertando a la mañana siguiente, creyéndola muerta al hallarla dormida. Aclarado esto, Memín se apresura en prepararle el desayuno y después de comer, ella lo manda afuera a jugar con sus amigos.
Memín lamenta no encontrar a ninguno y se sume en una fantasía de futbol, pateando una lata, dando un tiro a gol que golpea en la cabeza a Arturo, que pasaba por ahí, descontándolo. La madre de Arturo, Doña Cata, aparece, demostrando estar bastante senil, confundiendo a Memín con su hijo enseguida y no le da oportunidad alguna de explicarse.
El negrito no tiene más remedio que seguirle la corriente y ponerse el uniforme de Arturo. Tras aguantarle un poco más sus dramas, sale afuera y Doña Cata tropieza con su hijo inconsciente, reaccionando con violencia, apaleando a Memín con un bate que sacó de quien sabe donde, ahora confundiéndolo con un asaltante. Memín echa a correr y choca con su superior militar, quien también lo confunde con Arturo y lo pone cortito al momento, incapaz de aguantarle sus sangronadas.
Avienta a Memín al camión con los otros cadetes, llevándolos hasta la base donde el negrito se ve obligado a responder por Arturo Maldonado. Nadie se extraña de que Arturo ahora esté más chaparro y su piel se haya oscurecido tanto (¿no tienen cerebro los militares o que?). Al acordarse de Eufrosina, Memín intenta correr a su lado, lo que es interpretado como intento de desertar, y le vale un arresto. Un cadete llamado Juan Pérez lo visita en la cárcel, creyéndose que de verdad se apellidaba Pinguín (y Memín no se creía tampoco que de verdad se llamará "Juan Pérez"). Le informa que al día siguiente lo sacaran de ahí para enviarlo a la guerra con los demás.
Por supuesto, con “guerra” se refiere a participar en un partido de futbol contra otro cuartel, lo que emociona un poco a Memín, acomodándose en su catre asignado, que no tarda en doblársele y ponerlo en una posición incomoda.
A la mañana siguiente, el superior lo saca de la cárcel y lo envía con los demás para dirigirse al partido. En el camino, el militar casi es atropellado por un taxi en el que viajaban los amigos de Memín y Arturo, para explicar el malentendido (aunque no se ve a Arturo dentro del taxi, se asume que va con ellos). Por lo visto, la parte en que se dan cuenta de lo que le ocurrió a Memín esta vez lo dejaron a imaginación del lector, porque no vimos en ningún momento nada que explicara esto (¿y porque tienen que ir los amigos del chaparro orejón a explicar en vez de su madre?). Presionan al taxista a que siga el camión con los cadetes, echando sobre un charco al superior que intentaba detenerlos.
Al llegar a la zona donde tendrá lugar el partido, Memín supone que será en un estadio cercano, pero en realidad será en una humilde cancha donde una barda servirá como vestidores, decepcionándolo. Luego piensa que usaran un balón oficial del Mundial para jugar, pero no es más que el premio para el equipo que gane.Los contendientes acuden, resultando un equipo compuesto por tipos demasiado fornidos, intimidando a Memín enseguida. El partido empieza sin aviso y Memín pronto se las ve negras, recibiendo un balonazo en la cabeza y todavía el arbitro lo obliga a traer el balón de vuelta o lo manda fusilar.
Memín tiene que sacarlo de unos rosales con espinas, y su trasero sale muy perjudicado en consecuencia. Entonces, sus amigos lo encuentran y dejan a Arturo (que rápido se pone el uniforme para jugar fut) para que tome su lugar. Arturo le regala el balón de premio a Memín en agradecimiento (¿de que? ¿usurpar su identidad y hacer ver como tontos a los otros del servicio militar que no se dieron cuenta? un enemigo podrìa infiltrarseles facilmente).
Sin más ni más, a Memín y a sus amigos les da por ponerse a jugar con el balón, convenientemente cercas de un puerto. El taxista al que no le pagaron por llevarlos, aparece justo después de que el balón cae dentro del barco. Memín va a buscarlo y sus amigos lo siguen, huyendo de la ira del taxista. Ahí se esconden hasta que el tipejo se aleja, pero el barco no tarda en zarpar y los descubren inmediatamente después.
Los marinos los corretean y en su afán de burlarlos, Memín le avienta el balón a uno de ellos, rebotando y cayendo sobre el sistema del curso de navegación, sin el cual no podrán llegar a su destino, quedando a la deriva hasta que milagrosamente den con Tierra. Los dejan encerrados y pasan varios meses (de un cuadro a otro… ¿y sin forma de comunicar a sus padres? deben estar más preocupados que nunca, pero en esta ocasión nos ahorran por completo ese drama familiar).
Finalmente, llegan a un lugar, y los marineros los liberan a los cuatro, agradeciéndoles, ya que el percance los ha dejado justo en Sudáfrica. Ellos no captan su alegría pero se sienten aliviados de poder tocar tierra, abandonando el barco y viéndose en dificultades para volver a su país. Encuentran a un niño nativo que vende collares, volviéndose su guía al permitirle servirles durante su trayecto hacia la capital en Johannesburgo. El nativo se emociona mucho y los cuatro tardan en entender la razón, divisando el cartel en un edificio cercano donde promocionan la Copa Mundial del 2010. Los amigos de Memín se proponen estar presentes en el partido de apertura, tardando un poco el negrito en acompañarlos al no entender en un principio que tenia de importante ese partido. Se dan cuenta de que no tienen dinero, mas el nativo ofrece pagarles el viaje él con lo que tiene ahorrado de su venta de collares, reanimando a los cuatro. ¿No habían aceptado ya que los guiaría un par de páginas atrás? ¿Y por què se alegraba de que lo dejaràn guiarlos? ¿Acaso no podrìa ir èl solo hasta allà?
El nativo (nunca dan su nombre) los guía hasta llegar a una parada donde pueden tomar el camión que los transportarà a la capital. Como no tienen suficiente dinero, los envían al techo, algo a lo que el delicado de Memín repela, fastidiando a sus amigos por ser tan comodino. Ricardo los amenaza para que se calmen cuando discuten, lo que a Memín y a Carlangas les cae en gracia, subestimándolo.
Como de costumbre, es Memín el que no sabe callarse, sacándolo de sus casillas e incitándolo a agredirlo, cayéndose del camión y encontrándose con un hambriento león. Desesperados, corren por sus vidas, apenas alcanzando al camión. Ricardo se sube por la escalera pero a Memín lo tienen que jalar en el ultimo momento, salvándolo de caer en las fauces de la bestia.
A Ernestillo le da por comentar que les falta mucho para llegar, haciendo que Memín lo cuestione sobre haber estado en África, admitiendo su amigo que no. ¿Están bromeando? ¡Ya han ido a África dos veces los cuatro (y la ultima fue parte de una las pésimas tramas de la nueva época, una de las peores que han hecho ¡no puede ser que hasta esa se les olvide!)!
El nativo les advierte que será un viaje de 14 horas, lo que molesta a Memín, quejándose sobre que tiene de importante el partido y ese mundial, que al cabo siempre es lo misma cosa (concuerdo). Sus amigos le contestan señalando lo especial que es ese mundial (mas no dicen porque) y la conversación se desvía hacia una sucesión de recuentos de mundiales pasados, que países han ganado y que jugadores han destacado más. Ya existen revistas dedicadas a esto ¿creen que a los lectores de Memín les importan un pimiento estos datos informativos de la historia de los mundiales? Así es, no soy aficionado al soccer (no como espectador, pero como deporte que hace bien practicar, lo apruebo).
Memín empieza, siguiéndole Carlangas y Ricardo. Memín aparenta ser un ignorante (incluso supone que México ganó el mundial de los setenta, y al aclararle que fue Brasil, se cambia de bando) pero después de que su amigo nativo cuenta su parte de la historia, el negrito denota saber más de lo esperado. Todo esto es súper irrelevante pero de por si el extraño giro que dio la historia ya se veía demasiado oportunista, así que no es de sorprenderse.
El camión por fin los deja en su destino, justo ante el estadio y tras bajarse (Memín se baja cayéndose, como de costumbre), se dirigen allá, pero luego se enteran que el partido de México Vs Sudáfrica es hasta mañana, por lo que tienen que juntar unos periódicos y acampar toda la noche.
A la mañana siguiente, unos reporteros que andan entrevistando a los aficionados los escogen, y en sus respectivos hogares, sus padres los ven por televisión, teniendo un efecto más fuerte en Eufrosina, quien se desmaya luego de que Memín le manda un saludo. Si sus hijos han estado perdidos por meses y en ningún momento se ve que les hayan avisado ¿Cómo es posible que los progenitores anden tan campantes viendo futbol por televisión? La preocupación les impediría hacer tal cosa, a menos que estén tan acostumbrados a sus escapadas, que ya ni les importe. Y algo más extraño aun ¿Por qué Eufrosina anda viendo futbol? Si está claro que para ella eso no significa nada sin su retoño a su lado. Por su propia voluntad, por ningún motivo me parece que andaría poniéndole a un partido estando sola en casa (y menos con su chamaco perdido).
En la entrada, los cuatro vuelven a decepcionarse por no tener dinero para pagar su acceso. El nativo trata de decir algo pero Memín se deja llevar por sus impulsos y entra corriendo, y sus amigos no tardan en imitarlo. El vendedor los sigue y trata de expulsarlos cuando ya han ocupado sus asientos y Carlangas lo descuenta en lo que echan a correr. Pronto los encuentra el padre de su amigo nativo, quien resulta trabajar en el estadio, demostrando que podía haberlos ayudado desde un principio si hubieran dejado hablar al niño (quien por cierto, alegaba que había estado trabajando para ir allá ¿Cómo es que su padre trabaja tan lejos y porque no se fue con él desde el principio?). El señor no se molesta en nada y ya los deja incorporarse a los espectadores sin problemas.
El aburrido partido tiene lugar pero lo pasan tan rápido que al cuadro siguiente ya están despidiéndose sin haber mostrado siquiera quien ganó (como dije, no soy aficionado, así que no sé quien ganó entre México y Sudáfrica y no me voy a molestar en buscar el dato ya que francamente me vale).
En el aeropuerto, mucha gente espera el regreso de la Selección Mexicana, así como los padres de Memín y sus amigos. El negrito corre a los brazos de Eufrosina, mas ella le advierte que nada lo salvará de una paliza (que tiene lugar fuera de cuadro).
Pasan los días y la vida de Memín vuelve a la rutina de siempre. Como siempre, le da pereza volver a clases (¿no dijeron que estuvieron ausentes por varios meses? ya ha de haber terminado el ciclo escolar ¡Memín y sus amigos están prácticamente reprobados!). Las clases acabn sin variantes, y al regreso Memín se anda quejando de sus amigos de cómo le choca ir a la escuela. Ellos le recuerdan que ahí se conocieron, dando pie a presentar algunos de sus mejores recuerdos como la pelea inicial entre Carlangas y Ricardo, el incidente en que la madre de Ricardo toma a Memín por un chango, y cuando Memín deja calvo a Ricardo mientras trabajaba de chícharo. ¿Cómo pueden recordar dos eventos de números clásicos junto con uno que fue parte de una de sus absurdísimas tramas nuevas no aprobadas por el fantasma de Doña Yolanda?
Al seguir recordando todo lo que pasaron, un viejito desconocido con turbante se les aparece sorpresivamente, exhibiendo su bola de cristal, presumiendo de poder revelarles su pasado. Como es de esperarse, los cuatro se burlan de sus palabras pero el viejo les insiste, indicando que puede mostrarles como se forjó su amistad y muchas cosas más (¡párale a tu carro! ellos mismos ya estaban acordándose, está claro que no lo necesitan).
Y así como así, los cuatro atolondrados se dejan convencer y permiten que les muestre su pasado en la bola de cristal (al aire libre en el parque, al menos no es tan sospechoso como su contraparte de la revista antigua que se los tenia que llevar atrás de una barda, sin testigos…). Embobado, Memín es el más cercano para la contemplar la sucesión de imágenes, remontándose al primer cuadro de Memín Pinguín #1.
Y lo que sigue, claro, es el anuncio para que los lectores esperan la próxima semana el relanzamiento de Memín Pinguín (Regresa) #1.
De este modo, un ciclo de ocho años desde que la revista de Memín a colores fue relanzada, concluye inesperadamente. Si, sabemos que merecía cancelarse desde hace mucho, pero… ¿no pudieron trabajarlo un poco mejor? Recurren a la misma basura de trama con un adivino que para acabar es menos convincente que el original. ¿Qué les pasa? ¿No pueden darle sólo un final, un final de verdad, por más chafa que sea, a la historia de Memín, en vez de meterse a estas pobres excusas para no admitir que han CANCELADO la revista? Editorial Vid nos ha decepcionado grandemente. Y todo indica que así lo seguirán haciendo (no pasan exactamente por una buena racha desde hace tiempo, Memín era de lo poco que les quedaba, y ahora son puras repeticiones de nuevo, pero no cabe duda de que es lo mejor que tienen).
Así que Memín Pinguín, la revista, ha llegado a su fin, pero todavía tendremos otros temas más de que hablar, así que esperen un poco y pronto podremos cerrar esto con broche de oro.

viernes, 5 de agosto de 2011

Memín Pinguín #437-439

Eufrosina decide hacerse la liposucción con resultados desastrosos que ponen en riesgo su vida. ¡Ahora si lo he visto todo!

El partido de beisbol entre los cuatro amigos termina y pasan a otro día, justo al final de otro partido. Memín sale con sus tonterías antes de despedirse y largarse a su casa. Encuentra a Eufrosina viendo a la modelo “Ninel Duque” por televisión, envidiando su figura al sentirse menos (¿o más?) en comparación. 

Demandando comida, su retoño consigue que se olvide de momento de su tribulación.
En casa de Carlangas, Isabel está por terminar de limpiar cuando es interrumpida por Mercedes, invitándola a una pasarela de modas del famoso modista Pierre Cárdenas que estará únicamente ese día en la ciudad. Isabel deja un recado para Carlos y se une a ella para asistir al evento, decidiendo que primero pasarán por Eufrosina. Como de costumbre, ella se encuentra lavando la ropa de una clienta (la Dra. Lemus, a quien luego conoceremos). Le cuentan como está la cosa y la invitan pero Eufrosina vacila al considerar que no tendrán ropa que le quede o la haga lucir bien, excusando que tiene que terminar su trabajo. Mercedes le deja una tarjeta para que pueda entrar si cambia de parecer (pese a que el evento está por comenzar en una hora, tienen cuidado de indicar que el tal Pierre Cárdenas suele ser impuntual). Necia, Eufrosina las ve irse y sigue trabajando aunque no deja de sentir curiosidad por ver el desfile de moda.
Pasamos a Memín que se despide de sus amigos tras echarse una cascarita, recordando que tiene que hacer la tarea. Inmediatamente, nos llevan a la casa de los Arozamena donde Carlos encuentra el recado de Isabel y Carlangas no tarda en llegar, anunciando que él ya fue enterado porque (fuera de escena) Mercedes había ido a buscar a las otras madres a la escuela. Creo que está explicación de más, desperdicia una página entera que ni al caso.
De vuelta con Memín, como ya sabe sobre la pasarela, asume que Eufrosina andará por allá, sorprendiéndose al encontrarla limpiando. Acomedido como suele ser cuando se trata de su má linda, Memín ofrece terminar de lavar la ropa para que se de el lujo de asistir (y todavía darse un baño ¿Cuánto tiempo ha perdido ya vacilando?).

Conmovida, Eufrosina le agradece y se alista con su mejor vestido que compró en Nueva York (al menos se acuerdan de ese clásico evento). Memín ya está listo para acompañarle pero ella le advierte que esos eventos son sólo para mujeres (y para ciertos “hombres” ¿no?), conformándose con conducirla (más bien empujarla) al camión.
En el evento, Mercedes e Isabel se impacientan cuando por fin el modista se digna a aparecer (pero si ya tenía esa fama, deberían de habérselo esperado). Por supuesto, es el típico francés con acento remarcado y toda la cosa (pero que no se sabe ni una palabra de francés). Al mismo tiempo, Eufrosina entrega su tarjeta en la entrada para que la dejen pasar. El encargado la admite pero se traslucen sus maliciosos pensamientos sobre su desconocimiento de exhibiciones de balones playeros en el lugar.
De vuelta con Pierre, está por salir la primer modelo pero en su lugar es Eufrosina quien se pasea por la pasarela, despertando risas y comentarios burlones de parte de las asistentes.

 Muy avergonzada (aunque no tanto como el modista por el breve momento en que parecía haber bajado considerablemente los estándares de sus modelos), toma asiento con sus amigas y disfrutan del resto del evento. No nos muestran mucho, apenas un minivestido para lucir en la discoteca (¡Wow! Ese modista si que está super anticuado). Mercedes e Isabel se entusiasman ante tantos vestidos y prendas que les sentarían increíbles mientras que Eufrosina sigue lamentando no tener la figura apropiada. Ellas la animan en el regreso, comentando que hay prendas para todas las tallas y con modos de pago muy accesibles.
Al día siguiente, Memín y sus amigos comparten impresiones sobre el entusiasmo de sus madres por la ropa (para que hablen de esto, quiere decir que se les acabaron los temas de conversación). Sólo Memín no tiene nada que decir ya que Eufrosina se abstuvo de comentar, lo que de algún modo da pie a que Ernestillo imagine como luciría su madre con ropa como esa (okay, es oficial, el chiquillo está traumado porque estoy seguro que si me acordara de mi madre muerta, lo que menos imaginaria de ella es como lucirìa con ropa de modista).
Presentan a la Dra. Lemus, la cual no está muy contenta al ver el mal estado en que dejaron su ropa, decidida a quejarse en la cara de Eufrosina, ignorante del lio que hizo sin querer su retoño (¿acaso no se molestó en checar la ropa antes de entregarla?).
De regreso con los mocosos, estos ahora se acuerdan de Diana, creyendo que sería una excelente modelo. Memín trata de bajarles los humos a sus amigos al señalar que las modelos son mayores de edad pero Ricardo señala que también existen los desfiles de modas infantiles.
 Memín se imagina en voz alta a si mismo de la mano con Diana en uno de esos eventos, logrando que Carlangas y Ernestillo se burlen al considerar lo ridículo que se vería (y que lo digan).
La Dra. Lemus llega con Eufrosina, recibiendo las quejas y dándole una sentida disculpa. A la lavandera le da por ponerse a divagar, contándole a la mujer lo que hizo y lo ingenua que fue al ilusionarse con ropa que nunca será para ella. Lemus tiene una idea diabólica y la ofrece ayudarla haciéndole una liposucción, alegando tener la habilidad para efectuar ese tipo de operaciones. Tras explicarle en que consiste, Eufrosina se imagina a si misma delgada con una figura envidiable (no creo que las lipos funcionen así, solamente extraen la grasa pero no pueden realzar la figura que normalmente se obtiene con ejercicio moderado y una buena alimentación) pero no lo cree posible al carecer de los medios para costearlo. La Dra. Lemus le ofrece una “cuota honoraria” y en eso, son interrumpidas por la aparición de Memín. Eufrosina la toma contra él, tomando la tabla para castigarlo por su descuido.
 Es salvado por la doctora, adoptando una actitud comprensiva (alegando que se debe a que practica yoga y está en armonía con el universo) para dejar pasar el descuido. Vuelven al tema que las ocupa después de que Eufrosina manda a Memín a volar (más bien a ver la tele o ver si ya puso la marrana y éste opta por lo primero cuando se acuerda que tiene que hacer la tarea). La Dra. Lemus le pone la “cita” a Eufrosina para operarla y se retira. Al traslucir sus pensamientos mientras va en su coche, se pone en evidencia que esta mujer no ha practicado una liposucción en su vida, creyéndola una operación muy sencilla que le servirá para practicar con otras gordas desesperadas y así hacerse de mucho dinero. La ingenua Eufrosina continua lavando (el pago acordado será que le lave diez docenas de ropa), muy contenta y emocionada por la solución poco ética a su problema, tomando la resolución de mantenerlo en secreto (ya que tiene un hijo muy chismoso).
Pasan los días y la Dra. Lemus hace los preparativos, contratando los servicios de Sonia, un amiga suya, para que la asista en su operación clandestina.
Llega el gran día y Eufrosina no deja de irradiar felicidad en la mañana, extrañando a Memín, al que prácticamente echa de la casa para que se vaya a la escuela, negándose a dar explicaciones.
Ernestillo saluda (o más bien asusta) a Memín en la escuela cuando éste anda ensimismado en sus pensamientos, preguntándose que asunto tendrá tan feliz a su mà linda que implica ir con la Dra. Lemus. Comienzan las clases en un cuadro que nos da la vista exterior de la escuela y al siguiente, ya terminaron (ni vimos a Romero ni el salón) y los cuatro amigos andan echándose un partido de beisbol con algunos extras.

 Distraído, Memín ocasiona que su equipo pierda y sus amigos le reclaman pero ni así consiguen que les ponga atención. Hasta entonces, revisa su reloj (¿desde cuando este chaparro tiene reloj de pulsera y como puede pagarlo?), viendo que ya es la hora en que Eufrosina dijo que iría con la doctora. Sale corriendo y tras considerar que su amigo anda muy raro, los otros deciden seguirlo.
Mientras, Eufrosina es recibida por la doctora y su asistente, invitándola a pasar para dar inicio a la operación. Desde la ventana, Memín alcanza a escuchar y se vuelve al ver a sus preocupados amigos. Les cuenta de que trata el asunto, habiendo escuchado apenas la palabra “operación” que Ricardo interpreta como que le aplicaran crema para las arrugas. Memín intenta decir que tiene una corazonada de algo anda mal pero no le sale la palabra y prefiere seguir espiando. Sus amigos se dan por vencidos y regresan al callejón para aventarse otro partido con sus rivales.
Eufrosina se saca de onda con el hecho de que la vayan a operar en una casa en lugar de en un hospital como se debe pero la Dra. Lemus le asegura que las dos son profesionales. La recuestan y se disponen a proceder. Memín se alarma al escuchar la palabra “hospital”, golpeando la puerta para que lo dejen entrar. Sonia abre la puerta, creyendo que es un vendedor y el negrito entra corriendo. Cuestiona a Eufrosina sobre lo que están haciendo pero ella sólo se molesta y pronto lo echan afuera. Sin más, le aplican la anestesia para comenzar.
En el callejón, Memín llega a tiempo para echar a perder el partido para sus amigos, ignorando su enojo para contarles lo que están haciéndole a su madre. Intrigados, abandonan y van con él para ver que sucede.
La operación sale mal cuando Eufrosina despierta (habiendo escuchado que la doctora se refirió a ella como “elefanta”) al no haberle puesto bien el anestésico, espantada al ver la sangrante abertura en su vientre donde iban a extraerle la grasa. Desconcertadas, Lemus y Sonia echan a correr en el auto, dejando a la lavandera a su suerte. No estoy seguro de que esto sea muy buena idea…O sea ¿Operan a esa mujer en la casa de la doctora y la dejan morir desangrada, sabiendo que ahí están todas las evidencias que necesita la policía para determinar que estaban realizando una operación clandestina? Es un arresto seguro y retiro inmediato de la licencia medica. La doctora parece ser suficientemente inteligente como para saber que esto le va a estallar en la cara…Por otro lado, para cubrir sus huellas teniendo una enorme mole de que encargarse…¡Quizá si sea más conveniente darse a la fuga!
 Memín y sus amigos irrumpen y descubren el lamentable estado de Eufrosina. La impresión es tan fuerte que Memín se desmaya un rato en lo que Carlangas llama a una ambulancia para que se la lleven. Los paramédicos acuden enseguida, desconcertados al considerar la gran pérdida de sangre (¡ugh! ¡Voy a vomitar! ¿Para que teníamos que ver esta escena sanguinolenta los lectores?) pero se la llevan prontamente. Advierten que tendrán que hacerle una transfusión y Memín ofrece su sangre mas al ser un niño no pueden aceptarlo como donador. El padre de Ricardo los lleva a todos en su ambulancia y Memín les cuenta que Eufrosina tiene un tipo de sangre muy rara que no puede recordar. Dentro de la ambulancia, los paramédicos nos confirman que es AB negativo y convenientemente tienen un poco ahí mismo para administrarle. Sin embargo, una inconveniente complicación tiene lugar cuando la ambulancia colisiona con un coche donde una pareja de atolondrados (que no saben que las ambulancias tienen fuero para cruzarse los semáforos en rojo y que deben apartarse de su camino…como que están usando un mensaje cívico ¿no?) en plan de ir al cine.El impacto sacude a ambos vehículos y sus ocupantes sin severas repercusiones (la pareja llevaba puestos sus cinturones de seguridad, otro mensaje cívico). 
Prosiguen su camino y por fin llegan al hospital donde atienden enseguida a Eufrosina. Sin embargo, no tienen suficiente sangre para mantener las transfusiones necesarias para salvarla del peligro. Su única alternativa es recoger otra dote de un hospital en Guadalajara y el Sr. Arcaraz se apunta enseguida para traerla. Ricardo y Carlangas van con él mientras que Ernestillo y Memín se quedan en el hospital.
En la sala de espera, Memín se angustia ante la preocupación por su madre, desquitándose con Ernestillo que intenta instigarlo a mantener el optimismo. Al mencionar su falta de madre, Ernestillo se pone a llorar (¡supéralo ya, mocoso!) y el negrito tiene que disculparse, conmoviendo a una mujer que también andaba por ahí, admirando su solidaridad de amigos.
 En el otro hospital de Guadalajara ya aguardan por los que vendrán a recoger la sangre. Recordando su último viaje reciente a Guadalajara, Rogelio conduce directamente hacia el hospital y van por el paquete. Carlangas y Ricardo se comprometen a llevar los contenedores de las unidades de sangre, aferrándolos durante todo el camino de regreso (logrando que la enfermera también se conmueva ante su solidaridad de amigos… ¡vamos! Cualquier buen samaritano haría lo mismo hasta por un desconocido en esas circunstancias, me consta). Por conducir a toda prisa, son detenidos por un policía, obligando a Rogelio a detenerse y mostrarle sus documentos. Al aclararle que se trata de una emergencia, el mismo oficial se ofrece a abrirles camino hasta la caseta.
En el hospital, el tiempo se le acaba a Eufrosina y el nerviosismo de todos aumenta. Carlangas y Ricardo entran corriendo con las unidades de sangre y las entregan para que los médicos procedan inmediatamente. En lo que estos se ocupan, Rogelio y Juan charlan casualmente sobre el trabajo (quizá ya dejó de ser una emergencia pero no entiendo porque en medio de esa situación deben irse por un tema tan irrelevante). La falta de sueño provoca que Memín sufra uno de sus accidentes típicos cuando aparece el doctor para informar que la operación fue un éxito y Eufrosina está fuera de peligro.

Memín se emociona y se echa sobre el doctor antes de salir correrriendo rumbo al cuarto donde le dijeron que ella estaba descansando, mas la enfermera no le permite entrar. 
Habiendo pasado la crisis, todos regresan a sus casas. Memín se siente especialmente solo en la suya sin Eufrosina, consolándose con hablar con un retrato de ella. Ricardo pasa a recogerlo para llevarlo con Eufrosina, habiendo recibido el aviso de que ya puede recibir visitas. Memín no puede contener su alegría (en especial cuando Ricardo informa que su padre pagará la cuenta del hospital…como que a veces les da pena pedirle dinero para otras cosas, pero para esto no ¿verdad?) y un cuadro después ya está en brazos de su mà linda. Eufrosina se disculpa por haberlo preocupado y actuar a sus espaldas. La enfermera advierte que aun deberá tomarse unos días de reposo y aprueba la iniciativa de Carlangas de ir a denunciar a la Dra. Lemus para prevenir que siga con sus practicas inescrupulosas (ya debe haber salido del país para estas alturas, le dieron demasiado tiempo). Memín no entiende esa parte y pide a la enfermera que vacune a Eufrosina contra los "escrúpulos", desatando carcajadas generales.
Se disponen a llevar a Eufrosina a la casa y Memín le agradece por todo a Rogelio. Ricardo, Carlangas y la enfermera batallan para empujar la silla de ruedas de Eufrosina y Memín pide mano para demostrarles como lo hace un “experto”, provocando que está se deslice por la calle y choque con Rogelio (milagrosamente, ambos aterrizan sanos y salvo sobre los asientos delanteros del coche).
 Cortan la parte del reproche de sus amigos para irse directo a la llegada a la vecindad. Un camión militar les estorba un momento para dejar a un joven elemento (ocasión que aprovechan Carlangas y Ricardo para señalar como los militares tienen permitido estacionarse donde les de la gana) y a Memín le da por desear ser un soldado.
Un deseo que se cumplirá en la próxima y última secuencia de la revista.

Sin comentarios. Para irse por una trama tan simplona como esta, diría que se quedaron sin ideas pero eso era muy obvio desde hace tiempo. Al menos trataron de dar un sabio mensaje: Di no a las lipos. 

Memín Pinguín #434-436

Para ayudar con los gastos de la casa, Memín empieza a trabajar en una tienda de antigüedades pero pronto se ve inmiscuido en los problemas legales del dueño auspiciados por su codicioso nieto.

Eufrosina supone que un ladrón se metió a la casa al escuchar a alguien hurgando en la alacena, y acaba por darle de escobazos a Memín. Unos apapachos después, el negrito se recupera y tras explicarse, Eufrosina lo manda a la tienda a comprar para desayunar con el poco dinero que le queda.
Memín bromea sobre que sólo le alcanzará para un frijol (la pobreza no es un chiste) y ella lo apura a largarse, cerrándole la puerta. Una vez fuera, el negrito reflexiona sobre la situación, poniéndose serio, y se dirige a la tienda de Don Venancio (si, que bonito que sigan usando a un personaje regular que tenia rato sin volver a salir pero de español ya no tiene nada, sólo la fachada mas no su peculiar modo de hablar, indicando que el nuevo argumentista no sabe nada de nada). Memín intenta comprar un kilo de huevos pero no le alcanza más que para dos míseros huevitos y tiene que conformarse.
En el camino, tropieza con una escalera, derribándola y poniendo en situación precaria a un viejo anticuario. El anciano le pide que le ayude pero Memín es lento de entendederas, tardando mucho en colocarle la escalera de vuelta, ocultando el hecho de que él se la tiró. Como los huevos se le rompieron al tropezar, pide al anciano reponerle un kilo, pero éste no es nada tonto, notando que el negrito está abusando, por lo que le hace una proposición, invitándolo a pasar a su negocio. Memín desconfía pero el viejo resulta ser un antiguo vecino que lo reconoce a él y a Eufrosina, así que no tarda en entrar. Con su poca sutileza de costumbre, Memín critica los cachivaches que el anciano tiene en la tienda pero éste ni se ofende, presentándose como Don Goyo (y ya, aclara que no le gusta usar sus apellidos, ni que hicieran falta, muchos personajes de la revista ni han tenido).
Le ofrece trabajo a Memín para que pueda ayudar mejor a Eufrosina con los gastos, pero el inconsciente y flojonazo negrito le huye a la palabra “trabajo”, rechazando su intento de ayuda.
Ya de vuelta en su casa, al ver que Eufrosina llora mientras hace cuentas que no cree poder pagar, concientiza un poco más y tras explicar lo que pasó con los huevos (no se muestra la reacción de Eufrosina luego de gritar indignada), pasan a otro día en el siguiente cuadro. Memín encuentra a Don Goyo en la tienda tratando con su nieto, Gregorio, el cual le saca algo de dinero y le trata de dar lastima para que acepte venderle unos artilugios que un amigo le regaló sin revisarlos de antemano. En cuanto se va y entra Memín, Don Goyo expresa su pena de que su nieto le ha salido malo, metido en negocios de dudosa procedencia y que sólo viene a pedirle dinero. Detienen la conversación para que Memín empiece a trabajar, sacudiendo el polvo. El negrito limpia lo que toma por un retrato pero sólo es un marco tras el cual está la anciana madre de Don Goyo, lo que le sirve para hacer otro mal chiste.
Inexplicablemente, pasan al siguiente cuadro (sin presentación) en que Eufrosina se despide de Memín que ya anda en su uniforme de trabajo (una replica de la indumentaria de Don Goyo ¿qué pasa? ¿creen que todos los que trabajan en tiendas de antigüedades se visten así o que?), dispuesto a iniciar su jornada. Memín prueba una antigua cámara que le fue heredada por su padre a Don Goyo y su nieto rechazó cuando se la ofreció, demostrando que aun funciona, por lo que el anciano decide regalársela. En eso, llega Gregorio con las piezas a vender, dejándole todo a Don Goyo sin más ni más. Mientras las inspeccionan con lupa, Don Goyo se percate que datan de la época virreinal y no pueden ser posesión legitima de nadie, confirmando sus sospechas del mal negocio de su nieto cuando unos policías arriban a la tienda, deteniéndolo por robo.
Memín intenta impedir (demasiado dramáticamente tomando en cuenta que apenas lo conoce) que se lleven a Don Goyo pero en su intento, sólo consigue aventarlo más rápido a la patrulla. El anciano convence a los polis de que lo dejen hablar con el negrito, pidiéndole que mientras él anda en la cárcel (asumiendo que podrían tardar semanas o meses en soltarlo) cuide de su madre y guarde en secreto la muy probablemente autoría de su nieto en el crimen. Memín accede e intenta colgarse de la patrulla para que le den raite a su casa pero sólo lo dejan caer en la calle, donde no tarda en ser orinado por un perro.  Frustrado, regresa con la anciana para darle las malas noticias y se echa a llorar. Después, inexplicablemente, se le ocurre una idea y toma el control de la silla de ruedas de la anciana para llevársela. Se detiene a tomar un refresco, dejando la silla estacionada, pero el mismo perro de la secuencia anterior le sale al encuentro, molestándolo y aprovechando su descuido para desatrancar la silla. La anciana, atrapada en la silla, se va cuesta abajo por la calle y Memín intenta alcanzarla, quedando colgado en el peligroso viaje.
Convenientemente, chocan con Ernestillo que andaba por ahí tomando un helado y se les une en la precipitada bajada donde de puro milagro se salvan de estrellarse con un camión de gasolina. Chocan con un cerco de madera y finalmente la silla aterriza tras dar un salto, justo frente a la casa del negrito. Ernestillo y Memín no quedan muy bien pero la anciana està intacta y divertida, indicando que gusta de las emociones fuertes. Los dos amigos entran y presentan a la anciana con Eufrosina para indicar que vivirá con ellos por un tiempo (como Memín nunca preguntó su nombre, asume que se llama “Doña Goya”). ¿Cuál era la gran idea que se le ocurrió? ¿Sólo llevarse a la anciana? Parece que si… Al parecer, el atolondrado argumentista confunde la reacción de acordarse de algo con la de tener una idea. Sin más, Memín y Ernestillo se regresan a la tienda donde descubren que Gregorio anda robando el dinero que su abuelo dejó en la caja registradora, retirándose y creyendo que no hay testigos. Por su promesa, Memín no puede hacer nada y en vez de eso, le presume a Ernestillo su nueva cámara antigua, dándole una demostración con la que termina dejando a su amigo cubierto de polvo. Irritado, Ernestillo lo persigue hasta un parque y nomás no se surte a Memín porque son interrumpidos por un hombre y su hija, solicitandoles una foto.
Ernestillo sugiere a Memín aprovechar la oportunidad de ganar algo de dinero para ayudar a Don Goyo (pagar la fianza parece más importante que sostener la tienda, para que al viejo le espere quedarse en la calle cuando salga) y vacilando ante la posibilidad de repetir el accidente, el negrito logra tomar sin problemas la foto. Memín se aprovecha aun más, mandando al señor a recoger la foto a casa de Ernestillo, trasladándose ahí en breve para improvisar un cuarto oscuro de revelado. Mandan llamar a Carlangas y a Ricardo para que les ayuden y pronto la foto queda revelada.
Más tarde, el señor se presenta para recoger su foto, quedando impresionado por la calidad con que la tomó el negrito (pura chiripa), declarando haber encontrado al fotógrafo que necesitaba para su periódico. Memín tarda en captar sus intenciones y todavía está a punto de regarla al insinuar que la hija arruinó la foto con su presencia (pero sus amigos le tapan la boca al idiota que no puede evitar decir lo que piensa). El hombre le deja una tarjeta, invitándolo a comenzar a trabajar mañana mismo. Sus amigos celebran su nuevo trabajo, pero Memín, flojonazo como siempre, ya le anda sacando porque no le gusta levantarse temprano. Tras algunas divagaciones, el negrito termina contando de nuevo la historia con Don Goyo ya que Ricardo y Carlangas no estaban informados, retornando al tema que los ocupa, donde mediante indirectas, Memín los convence de echarle una mano con el trabajo. Al negrito se le olvida que no está en su casa y ya los quiere correr a todos pero Ernestillo no tarde en corregirlo y echarlo a patadas, aventándole la cámara (que poco cuidado para un artículo tan antiguo…el cual podría vender para obtener suficiente con que pagar la fianza). Desanimado porque sus amigos lo ponen a trabajar en vez de darle ayuda económica (¡en serio que este enano no tiene vergüenza!), Memín emprende el regreso a su casa y en el camino, divisa a un gato persiguiendo a una rata. Considerándolo un excelente tema de foto, se detiene para tomárselas, pero el “flash” de la cámara enardece a los animales, y lo corretean en consecuencia. Una pareja los ve pasar y al creer que la rata persigue al gato (en vez de ir por su camino, en pos del negrito), lo interpretan como una señal del fin del mundo. Memín se detiene y alcanza a ver a Gregorio, otra vez robando en la tienda, y aprovecha para tomarle una foto sin disimulo alguno.
 Éste se da cuenta (¿pues que esperaba? Estas cámaras antiguas no son nada discretas) y persigue a Memín, chocando con el gato y la rata. Habiéndola librado, Memín regresa a casa donde una airada Eufrosina lo espera, reprimiéndolo por su tardanza, y lo surte a tablazos inmediatamente.
 Al día siguiente, Memín se dirige a trabajar, quejándose de lo adolorido que quedó tras la paliza (todavía pensando que nunca había visto tan enojada a su madre… ¡peores cosas ha hecho y ella le ha pegado igual! Admitan que es una bruta que le pega por todo). Sus amigos lo esperan y lo acompañan rumbo al edificio donde el dueño del periódico lo espera. Memín se decepciona al ver que solo es un diario local limitado a la colonia y no una gran empresa como esperaba. La cosa empeora cuando recibe sus primeros encargos que son de pura nota roja, llevándolo (junto con sus amigos que le hacen de asistentes) de un lado a otro, tomando fotografías de un pleito en el mercado y un accidente automovilístico. A Memín no le va bien en ninguna de las dos, siendo agredido en la primera por una mujer furiosa, y en la otra, recibiendo junto con Carlangas, los ataques de un luchador enojado que había chocado con él en su bicicleta (y todo porque el mismo negrito puso al frente a su amigo para que saliera en su defensa pero ni las manos puso).
 Hagamos una pausa para analizar…. ¿Que clase de periódico contrata a un menor de edad como fotógrafo y para la nota roja? Y peor aun… ¿un fotógrafo con una cámara antigua, que no son nada discretas para efectuar la labor adecuadamente? Ese tipo debía estar ciego o muy desesperado (pero ciertamente en ningún momento se vio que tuviera más personal, así que eso lo explicaría todo).
Tras revelar las fotos en el cuarto oscuro (con Memín comentando que debería ganarse un “Oscar”…uf, este no sabe nada de nada), vuelven con el dueño del periódico, quien indica que no pueden utilizar ninguna ya que tomaron pésimos ángulos. Memín ya quiere mandar todo al demonio cuando el hombre termina viendo la foto de Gregorio (bueno, suena a que no checaron las fotos ellos mismos luego de revelarlas ¡que descuidados!), admitiendo que esa salió bien y saldrá publicada en la siguiente edición (¿pero el negrito aun tendrà trabajo o no? sepala).
Pasan varios días y encontramos a Memín, sentado en la acera, lamentando el no poder hacer nada por Don Goyo. En eso, el anciano aparece, habiendo recogido a su madre de la casa del negrito. Le cuenta que la foto que publicaron en el periódico sirvió para exponer las fechorías de su nieto, por lo que salió en libertad (¿por andar robando en el mismo lugar donde dejò las cosas robadas? como que el tipo no es muy brillante). Muy torpemente, Memín intenta mantenerse en el anonimato como el responsable de la foto, aun cuando el viejo está muy agradecido, recapacitando sobre que Gregorio merecía un escarmiento por la vida que escogió. Oportunamente, sus amigos llegan para invitarlo a un partido de beisbol y Memín se va, recibiendo el callado agradecimiento del anciano. Ya estando lejos con sus amigos, Memín comparte su ingrata y estúpida decisión de dejar de trabajar con Don Goyo debido a que se metió en muchos problemas (¿pero acaso no continuarán los problemas económicos en su casa?).

Una trama más donde todo lo manejaron trayendo a Memín de una fumada a otra, improvisando y perdiendo el tiempo en tonterías que ni al caso. Simplemente, ya no saben ni que hacer en esta revista.