miércoles, 10 de agosto de 2011

Lagrimas, Risas y Amor #163- 177

Carne de Ébano: Segunda Parte

Capítulos 26- 40

Habiendo pasado por la historia de Yama, apenas la punta de lanza de los eventos determinantes, seguimos con la historia de la infancia de Bogar, protagonista del resto de esta serie.

Doce años después de aquellos incidentes desafortunados, Yama se ha instalado en una colonia de negros libres, viviendo humildemente con su hijo, Bogar, concebido aquella noche en que se entregó a Britz. Habiendo heredado las facciones y ojos verdes de su padre, su estado de mulato es más pronunciado, siendo constantemente molestado por otros niños, pero con la facilidad de hacerse respetar a golpes. Como suele suceder en las historias de Doña Yolanda, la relación madre e hijo es ejemplar y filial (y por supuesto, ella le oculta el hecho de que su padre es un hombre blanco, por temor a que la desprecie).
Bogar atiende clases con otros niños impartidas por Bob Castle, un anciano que les enseña lo poco que sabe (lo más básico: letras y números). Un día, durante las clases, presencian la aparición de hombres blancos que revisan los papeles de libertad de los negros, pasando por Bob. Éste no puede explicarles el significado a los que no saben sobre esclavitud pero al poco rato, los padres de Risco, un amigo de Bogar, son llevados al no tener papeles. Risco intenta impedirlo y lo agreden, por lo que Bogar entra a defenderlo y ante su intromisión, le dan un latigazo en el rostro. Nada pueden hacer para impedir la partida de los padres de Risco y éste pasa a vivir con Bogar y Yama, quien se ha enterado de lo sucedido, aprobando la actitud de Bogar pero poniéndose más a la defensiva que nunca para que no sepa que su padre era blanco, ahora que su repulsión hacia éstos ha surgido.
Un día, Bogar y Risco tienen la ocurrencia de vender ranas que han capturado a los blancos que pasen por el camino, como una forma de desquitarse de ellos. El destino permite que se topen con un carruaje en que viaja un envejecido y paralitico Charles Britz, que acepta comprarle a un alto precio una rana a Bogar, simpatizando con su actitud desafiante. Risco menciona el nombre de Yama y Britz reacciona, considerando la idea de que se trata de la misma mulata que amó y forzó a ser suya, pero los dos chiquillos escapan antes de que pueda interrogarlos más.
Bogar y Risco le cuentan a Yama lo que pasó y ella empieza a temer que el pasado venga a perseguirla. Convenientemente, uno de los clientes a los que Yama les lava la ropa es Clarisa, prima de Britz, quien al haber sido enterada de aquel evento del pasado de su primo, ata cabos, y prepara un encuentro. Convence a Yama de lavar ropa para su primo en su hacienda, llevando a Bogar (y Risco, al que no pueden dejar solo). Yama trabaja con entusiasmo mientras Clarisa se lleva a los niños para que exploren y se entretengan, acercando a Britz, reconociendo en Bogar su mismo carácter. Intenta exponerle hipotéticamente que podría vivir en su hacienda rodeado de lujos y comodidades pero el chiquillo no quiere escuchar nada.
Yama se entera por parte de la servidumbre que Britz es el dueño de la hacienda, corriendo hacia donde están Bogar y Risco, poniéndoles un encargo en lo que confronta a Britz. Éste le propone darle una vida mejor a Bogar pero Yama se pone brava, empeñada en mantenerlo a su lado, tomando la determinación de fomentar el odio de su hijo hacia los blancos. Los llama para regresarse inmediatamente, pasando por los campos donde laboran los esclavos, para que al contemplar su sufrimiento pueda acrecentarse ese odio (sólo en Bogar, Risco sólo siente pena al pensar que sus padres estèn pasando por eso).
Clarisa instiga a Britz a no darse por vencido (más que nada para que él le de dinero que necesita) y ella misma se compromete a hablar con Yama en su casa, reiterándole la propuesta, casi convenciéndola, hasta que aclara que ella no viviría con él. Yama es firme en su negativa, pero a partir de entonces, en su mente se mete la idea de que Bogar prospere, por lo que durante la cena le habla sobre la posibilidad de vivir en una casa como la de Britz y tener todo lo que quisiera, pero sin dejar de mencionar que ella no estaría ahí. Bogar disipa sus temores repudiando todo eso, que no vale más que tener a su madre siempre a su lado.
Al poco tiempo, Yama enferma de gravedad e intentan curarla con remedios caseros y una inútil charlatana a que le ahuyente los “malos espíritus”. Finalmente, consiguen traer al medico del pueblo, gracias a Bob que organizó una colecta para pagar la consulta. El diagnostico es que el mal de Yama está muy avanzado (nunca dicen que tiene), necesitando ser internada en el hospital y una operación, todo muy costoso. Desesperado por conseguir dinero, Bogar expone a Bob su idea de venderse como esclavo y así salvar la vida de su madre. El anciano intenta disuadirlo, explicándole lo que significa renunciar a su libertad, pero Bogar insiste en que es la única manera. Consigue el nombre de un negrero, Esteban Rueblos, que se hospeda en una posada, molestándolo a altas horas de la noche para venderse. Don Esteban no cree su historia pero las lágrimas de Bogar terminan por convencerlo, dándole más dinero del que cree que vale, fijando un plazo de cuatro días para volver e incorporarse a sus esclavos.
Bogar se apresura en volver con Yama, pero es demasiado tarde, y le avisan que ella agoniza. Con sus últimas fuerzas, Yama intenta decirle quien es su padre para que vaya con él, pero Bogar no entiende nada y ella expira. La tristeza llena el corazón del niño pero se asegura de utilizar el dinero para que su madre sea enterrada en un cementerio de lujo.
Los padres de Risco han conseguido su libertad, regresando para reunirse con su hijo, y Bogar decide dejarlos vivir en su casa, puesto que partirá hacia su nueva vida como esclavo. Se despide emotivamente de Risco y de Bob, desdeñando la idea de huir o reponer ese dinero, dispuesto a cumplir su palabra. Vuelve con Don Esteban, quien ni siquiera lo recordaba, y pronto se une a los esclavos, rumbo a su hacienda.
Bogar experimenta la esclavitud, tardando en acostumbrarse a las condiciones infrahumanas en que viven y trabajan. Henry, el capataz, lo azota con el látigo sólo porque no le gustaba la forma en que lo miraba y Bogar responde descontándolo con una piedra. Don Esteban y su hijo, Albert, pasaban a caballo por los campos y encuentran al capataz inconsciente. Bogar admite su culpa y Don Esteban está por fustigarlo, pero Albert lo detiene, considerándolo una injusticia.
Más tarde, Bogar es castigado por Henry, dándole de latigazos y encerrándolo en el calabozo alimentado a pan y agua por algunos días. A su vez, Don Esteban castiga a Albert por humillarlo frente a los esclavos y declarar su admiración hacia Bogar después de que su padre le cuenta su historia, pero en su caso, sólo le toca que le prohíban salir de la casa.
Una vez que Bogar se reincorpora a sus labores en el campo, lo informan de lo sucedido con Albert y decide ir a verlo para darle las gracias por intervenir a su favor. Acompaña a un esclavo encargado de entregar la leche y trepa hasta la ventaba de la habitación de Albert para meterse. Los dos simpatizan y se hacen amigos de inmediato.
Bogar toma la costumbre de escaparse por las noches y visitar a Albert, pasando el rato con la lectura de un libro sobre aventuras en la selva. Bogar le propone vivir esa experiencia por si mismos, yéndose por un camino que el conoce para llegar a la selva cercana y Albert acepta, entusiasmado. Los dos niños toman un caballo y cruzan el rio utilizando un grueso tronco. Pasan días enteres recorriendo, acampando y sobreviviendo en la selva, envolviéndose en el espíritu de la aventura.
Don Esteban, angustiado por la suerte de su hijo, encabeza el equipo de búsqueda tras haber deducido que se fue con Bogar, y se internan en la selva, encontrándolos finalmente. Albert acepta que lo castiguen mientras sea del mismo modo que a Bogar a quien Henry ya le anda por volverle a dar de latigazos.
Don Esteban ordena que no le hagan nada al mulato en lo que regresan y habla seriamente con Albert. Éste expresa su deseo de que le permita tener a Bogar como compañía, a cambio de estudiar con ahincó, y Don Esteban, que ya ha empezando a caerle bien el mulato, acepta regalárselo como su esclavo personal.
Cuando Albert va al día siguiente a darle las buenas nuevas a su amigo, lo encuentra tendido tras haber recibido otra golpiza de Henry. Don Estaban no aprueba que lo hayan desobedecido ni que sacie sus bajos instintos en los esclavos, por lo que lo reprende y le cancela su periodo de vacaciones màs proximo, provocando que nazca en el hombre un odio ferviente hacia el mulato (el cual no tendrá mucha relevancia para la historia). Bogar es llevado a vivir a la casa y es prontamente curado por Katherine, el ama de llaves y nana de Albert, quien se queja de que ahora tendrá que batallar con los dos.
El tiempo pasa y Albert cumple su palabra de ponerse a estudiar duro, siempre con el apoyo de la compañía de Bogar. Y así, pasan los años y los chicos crecen para convertirse en hombres, habiendo forjado un lazo que los hace sentirse más como hermanos que como amigos.

martes, 9 de agosto de 2011

Lágrimas, Risas y Amor #138-163

Carne de Ébano: Primera Parte

Capítulos 1-26

Para celebrar que hemos terminado (lo mejor que pudimos) con este blog de Memìn, como una presentación especial les ofreceré algo diferente, sin relación directa, pero que quizás puedan encontrar de su interés. Y esto es ni más ni menos que una de las clásicas historias de Lágrimas, Risas y Amor.
Para quienes no lo sepan (¿aunque como no van a saberlo? conocer a Memìn y no saber nada sobre Lagrimas…es inconcebible), Lagrimas, Risas y Amor fue una de las publicaciones que junto con Memìn, forjan algunas de las mejores pruducciones argumentales de Yolanda Vargas Dulchè. Una revista igualmente clásica en la que nacen historias inolvidables que han sido adaptadas una y otra vez, inspirando otras a su vez, entre las que se cuentan María Isabel, Rubí, Gabriel y Gabriela, El Pecado de Oyuki, Yesenia, y muchas más.
Cuando Memìn Pinguìn a colores fue relanzado al mercado, al poco rato, Vid hizo lo mismo con la revista clásica que le seguía en popularidad, la cual es, por supuesto, Lagrimas, Risas y Amor, siendo apenas el principio (bueno, a partir de entonces relanzaron muchos otros clásicos pero casi ninguno tuvo éxito y al final Lagrimas y Memin eran todo lo que quedaba).
El primer relanzamiento de Lagrimas, Risas y Amor presentó las historias: María Isabel (todo mundo debe conocer esta historia, no me hagan decir de que trata), Encrucijada (un titulo que cobra sentido hasta el final presentando el caso de una joven que debe decidir entre dos amores significativos en su vida), Vagabundo (una de las escasas historias protagonizadas por un hombre, cuyas vivencias llevan a pasar una experiencia semithriller), Gabriel y Gabriela (otro clásico importante sobre una joven que se complica la vida haciéndose pasar por hombre para olvidar sus penas de amor), Noche (historia de una mujer que atribuye sus penas a la noche, aunque el reconocimiento especial de ésta seria es su desperdicio masivo de subtramas y mal manejo de personajes y situaciones, parecía que improvisaban a cada número, Doña Yolanda ya perdía su toque para este punto), Carne de Ébano (la que hemos elegido para esta ocasión), Paloma (de Guillermo de la Parra, una historia muy cruda, medio parodiatica con giros muy bruscos), Un pasado que vuelve (autor desconocido, ni vale la pena mencionar su contenido), Fernando, Orlando y Fabiola (otra de Doña Yolanda, un tanto breve), y rematan con una repetición de María Isabel (no la terminan, la revista es cancelada).
Al poco rato de salir la revista, se decidió publicar otra titulada Lo Mejor de Lagrimas, Risas y Amor, cuya intención inicial era “modernizar” con otro estilo de dibujo y colores los clásicos, pero sólo la primera historia, Ladronzuela (también de Doña Yolanda), recibió este trato (o eso se piensa, es probable que perdieran el material original y no les quedará de otra que rehacer toda la historia). Ya las siguientes (todas en su original color sepia) fueron: Umbral (la confrontación de un medico con la encarnación de la muerte, una historia excelente aunque algo corta), Rarotonga (la mejor historia de Guillermo de la Parra sobre una pasión inspirada por una mítica mujer de la selva, sin embargo, originalmente habían anunciado El Atardecer de Ana Luisa, otra de Doña Yolanda, mas nunca explicaron el porque de la sustitución ni volvieron a publicar esa), ¿Quién? (el caos de una mujer amnésica que al cambiar a una nueva vida, al encontrarla su pasado, se desvive entre dos amores), El Canalla (otra de Guillermo de la Parra, historia sobre un celebre criminal que en realidad tenia un corazón de oro), y Mi Prima Daniela (autor desconocido, pésima trama que conllevó a la cancelación de la revista), que no logró completarse.
Aprovechando el éxito de la telenovela Rubí, oportunamente, Vid lanzó Clásicos de Lagrimas, Risas y Amor, compilaciones que en tres tomos cubrieron ese clásico. Sin embargo, todos los que siguieron, fueron descarados encuadernados de la primera revista (seis ediciones por cada tomo), y publicaron de estos hasta Carne de Ébano (supongo que hasta aquí les llegó lo mejor de la revista).
Algunos años después, lanzaron Colección Yolanda Vargas Dulchè, cuyo fin se limitaba a presentar más de sus inolvidables clásicos, pero únicamente nos dieron El Pecado de Oyuki (dicho “pecado”, del punto de visto de los demás, es el haberse casado con un extranjero), Yesenia (una gitana enredándose con un militar, otro amor prohibido) y Casandra (similar). También hubo después tomos compilatorios de éstos, pero no completaron el material correspondiente de Yesenia, quedandose cortos.
Una por una, todas estas publicaciones se fueron congelando, y hoy en día, no queda nada, dejando finalmente sólo a Memìn en sus dos (o tres) presentaciones como la única revista original y regular de Editorial Vid.
Carne de Ébano (en sus ediciones originales, consiste en dos historias continuas tituladas Sangre Esclava y Bogar, el Hijo de Yama), es una de las historias más representativas donde el tema no es el romance en si, sino el recuerdo de una lucha por la justicia y la igualdad a través de una revisión de casos y situaciones que se ubican antes y durante la Guerra Civil. Doña Yolanda se aventó un diez con esta inspiradora y conmovedora historia que nos recuerda un tema tan controversial (que mejor ni lo tocamos) que pone a uno a pensar.
Dicho suficiente, a continuación les presentamos una versión resumida para poder darles, al menos una muestra, de Lágrimas, Risas y Amor (después de todo, no podría hacer un blog temático de esto, el material es muy limitado para que valga la pena):

La historia comienza en la época en que la esclavitud era legal en Estados Unidos, presentando a dos hacendados cuyo trato hacia los esclavos negros era muy distinto. El primero es Paul Smith, quien junto con su esposa, Leonora, se aseguran de que sus esclavos vivan felices y contentos. En contraste, el socio de negocios de Paul, Charles Britz, es un hombre cruel y despiadado que sólo sabe tratar a sus esclavos peor que a los perros, convencido de que así trabajan mejor. Entre los esclavos de los Smith, se encuentra principalmente una joven mulata, Yama, destacando por su belleza y fuerte carácter. Vive un romance con Aladar, uno de los esclavos de Britz, el cual no disimulan ante los Smith, que lo aprueban abiertamente, compadeciéndose de ellos por las pocas cosas que tienen permitido disfrutar.
Un día, mientras se realizan los preparativos para celebrar el cumpleaños de Leonora, Nieves, una negrita traviesa e inquieta que es muy apegada a ella, convence a Yama de acompañarla a recolectar flores en los campos que son propiedad de Britz. El hombre descubre a la niña y antes de poder castigarla, Yama interviene y ofrece que le pegue a ella en su lugar. Cautivado por la belleza y actitud de la chica, Britz se abstiene de hacerlo, y en vez de eso, intenta aprovecharse pero ella, pero le muerde la mano y echa a correr.
Durante la fiesta de Leonora, Britz se encuentra entre los invitados, no olvidando su orgullo herido por el desprecio de la esclava. Yama es forzada a atenderlo con la misma cordialidad que los demás, dando pie a una confrontación disimulada, provocando que sus desplantes atraigan aun más a Britz. Éste pide charlar con Paul a solas, usando un ilógico argumento de cambiar de parecer sobre su trato a los esclavos, pidiéndole la venta de algunos suyos, como Yama (o más bien sólo Yama), para ser más comprensivo al tratarse de esclavos de confianza. Paul prometió nunca vender a sus esclavos pero como Britz le insiste, propone pedírselo directamente a Yama, y darle a ella el dinero de la venta. Por supuesto, Yama se rehúsa rotundamente, tomándose la libertad de ponerse altiva. Britz se enfurece, desquitándose con Paul, echándole la culpa de esa humillación y prometiéndole que lo pagará muy caro. Paul comprende de inmediato a que se refiere y lo comunica a Leonora, ya que todo el tiempo se fió de la “palabra de comerciante” de Britz sobre los títulos de propiedad de unas tierras que le estuvo pagando por años, los cuales éste nunca le firmó, pudiendo ordenar el embargo en el momento que se le antoje.
Pronto, Britz visita la hacienda de Paul, acompañado por su abogado y el fiscal de distrito, para estrecharle más la soga al cuello. Paul toma una pistola, con intenciones de acabar con ese canalla, provocando un momento de tensión, pero Leonora lo detiene antes de cometer una barbaridad. Britz pasa por alto el incidente pero le da a Paul una oportunidad de conservar sus territorios, a cambio de venderle a Yama, y para terminar de cubrir la cuota, también a Nieves y a Bernabé, un esclavo anciano de los más fieles de Paul. Viéndose con las manos atadas, Paul discute con su mujer sobre lo que debe hacer. Nieves espiaba y se entera de todo, informando a Yama y a Tía Reka, la esposa de Bernabé. Yama decide que los Smith han sido muy buenos con ellos y no merecen perderlo todo, hablando con ellos en nombre de los demás, aceptando que los vendan para corresponder al afecto que les expresaron durante tantos años a su servicio.
Habiendo tomado la resolución, Paul envía a Bernabé, que es el único que no sabe nada, a la hacienda de Britz, con su respuesta. Britz aprovecha para humillar al anciano como una probada de lo que le espera. Aladar se entera de todo y acompaña a escondidas a Bernabé para poder hablar con Yama, temiendo por lo que le deparé al servicio de un amo tan cruel.
Tiene lugar la conmovedora despedida de los Smith. Yama y Bernabé parten a la hacienda de Britz, pero Nieves, bajo circunstancias desconocidas, muere ahogada en el rio, para alivio de Leonora, creyendo que fue un acto piadoso de Dios para que no sufriera con Britz.
Yama y Bernabé se unen a los esclavos de Britz pero a ella la quiere poner a trabajar en la casa. Yama declara que no le importa donde trabaje, irritando a Britz de tal modo que la deja laborando en el campo, bajo la supervisión del látigo. Soportando la nueva rutina, Yama sólo encuentra alivio por las noches, escapándose para reunirse con Aladar. Britz casi los descubre en una ocasión, quedando sola Yama para enfrentarlo, dándole una bofetada cuando él le pide que por un momento olviden sus papeles de amo y esclava.
Al día siguiente, Christian, una anciana esclava, muere durante las horas de trabajo, dejándole a Yama un cuchillo con el que pensaba matar a Britz cuando tuviera la oportunidad, instigándola a hacer lo mismo. El capataz arremete contra su cadáver para “reanimarla”, enfureciendo a Yama ante tal injusticia. La mulata se apodera de su látigo y lo golpea varias veces con éste a su vez, descargando todo su odio por los abusos de los blancos.
Tras azotarlo hasta cansarse, intenta huir hacia la selva, pero no tardan en alcanzarla y el capataz se ensaña con ella para vengar la humillación. La llevan ante Britz, quien pensaba castigar a la esclava que se rebeló, pero al ver que se trata de Yama, se angustia y trata de explicarle la gravedad de su falta. A Yama le vale y Britz deja más en claro que nunca la pasión que ha despertado en él. Aunque la mulata sigue despreciándolo, la pone a trabajar en la casa para que no vuelvan a lastimarla.
Yama se acostumbra a su nueva rutina en la casa de Britz, pero al poco tiempo recibe una propuesta un tanto indecorosa de éste, indignándose más. Aladar sospecha sobre la razón por la que él le da tan buen trato a Yama pero ella lo convence de que no es lo que se imagina, creyéndo prudente ocultar la verdad.
Bernabé se debilita durante el trabajo, ganándose una serie de azotes que de nada sirven para ponerlo de pie y lo envían a las mazmorras a que se “recupere”. Ahí, atestigua el cruel tormento que le hacen a uno de sus compañeros, Saúl, encadenado y privado de líquidos que sacien su sed, todavía empeorando la situación al obligarlo a él a comer y tomar agua enfrente de él. Poco después, Bernabé es victima de una severa fiebre y todo indica que su estado es terminal, por lo que lo envían al granero a que termine de agonizar. Aladar lo descubre y Bernabé le pide traer a Yama para que envíe de su parte un mensaje final a Reka. Yama soborna al guardia y contempla los últimos momentos de Bernabé, lamentando su muerte (mas nunca se ve que haga llegar su mensaje). Su odio hacia Britz retoma fuerzas y le muestra a Aladar el cuchillo con que lo matará, pero él lo convence de que desista de esa idea y acaba arrojándolo al rio.
En la hacienda de los Smith, Paul y Leonora le informan a Reka de la muerte de su esposo, y por supuesto que ella lo toma muy mal (y es la ultima vez que veremos algo de estos personajes, no reaparecen ni vuelven a ser mencionados por el resto de la historia).
Britz sigue suspirando por Yama y finalmente le confiesa sus sentimientos, pero ella lo rechaza. Empeñado en conquistarla, le compra mucha ropa fina que le deja en su habitación, yéndose por la idea de que por ser mujer, no podrá resistir el probárselas si cree que está sola. Siguiendo el estereotipo sexista (recordemos que esta es una época muy anticuada y casi siempre, las historias de Doña Yolanda son anticuadas), Yama se prueba la ropa, sintiéndose humillada al descubrir que Britz la observa. Ella se encierra en su habitación y le devuelve toda la ropa, rehusándose a recibir regalos de su parte. Ante el desprecio, Britz se desquita ensañándose con los esclavos más que nunca, pero para Aladar ya es evidente su amor por Yama, al percatarse del cambio en su semblante al divisarla en la distancia. Busca a Yama para reclamárselo y ella le explica como son las cosas, para que no se preocupe, aprovechando esa pasión de Britz para despreciarlo y así vengar todas las transgresiones que él ha cometido contra su raza.
Para olvidarse de Yama, Britz se echa la parranda de su vida, pero no logra quitársela de la cabeza. Al regresar a la hacienda, afectado por el alcohol, decide que ha llegado el momento de exigir sus “derechos” y golpea la puerta de la habitación de Yama. Aladar no resiste más y lo pone en su lugar, golpeándolo y dejándolo tendido.
Yama impide que lo remate y sabiendo el castigo que les espera, deciden escapar, huyendo al monte. Britz se repone, ofreciendo una recompensa para que los capturen y se los traigan con vida.
Aladar roba un rifle que les sirve para defenderse contra sus perseguidores, aprovechando la oscuridad, hiriendo a uno y matando a uno de los sabuesos que llevaban. La pareja se esconde en una cueva, donde se ponen a rezar y mientras duermen, tiene lugar una aparición celestial que los conforta por un momento.
Al despertar, uno de los perros entra en la cueva y lucha a muerte con Aladar. Los perseguidores los cercan, obligándolos a rendirse y los llevan de vuelta a la hacienda de Britz. Aladar es enviado al calabozo de los castigos mientras que Yama debe compadecer ante Britz, que sólo se preocupaba de que algo le pasara. Britz persiste en demostrarle su amor, ofreciéndole quedarse con él, rebajándose demasiado al perder todo su orgullo, pero Yama le demuestra que siempre lo odiará, declarando que Aladar es el único hombre al que ama y amará. Britz se da por vencido y le ofrece los títulos de propiedad de ella y de Aladar para dejarlos en libertad, pero a cambio, ella tendrá que permitirle descargar toda su pasión. Yama se niega y sale de ahí, pero no tarda en escuchar los gritos de Aladar, cuya tortura aplicada en el “garrote” ya ha comenzado, por ordenes del rencoroso Britz. Yama corre a su lado pero no le permiten el paso. Informan a Britz de su perseverancia y éste autoriza que la dejen entrar, incrementando el nivel de tortura en su presencia para presionarla.
Yama no soporta el sufrimiento de su amado, resignándose finalmente, regresando con Britz para entregarse y así suspendan la tortura (por cierto, esta clase de escenas intimas casi siempre ocurren fuera de cuadro, en especial en las historias escritas por Doña Yolanda, su estilo narrativo es muy pudoroso). Habiendo sacrificado su honra, Yama vuelve con Aladar, pero es demasiado tarde, ya que éste ha sucumbido al severo daño del aparato de tortura. Los guardias respetan su dolor y Yama llora amargamente, para al rato marcharse de la hacienda, sin entusiasmo, internándose en la selva para seguir adelante con su nueva vida en libertad.

Metidas de pata y baches en la historia:
• Al principio, cambiaban el nombre de Leonora a Leonor, como si no pudieran decidirse (ambos son validos de todas maneras).
• Repiten la misma línea del narrador del Capitulo 1 donde describe como los ojos de Britz reflejan la perversidad de su alma, ya por el Capitulo 2. La diferencia es que en la primera escena lo ponían cuando estaba castigando injustamente a Aladar, y en la segundo, sólo estaba leyendo un libro bajo un árbol. ¿Qué tratan de decir? ¿Qué leer es de malvados?
• Cuando Bernabé expresa a Aladar su pesar porque los Smith lo vendan, éste los excusa pensando que hubo alguna mala jugada por parte de su amo, Britz, pero cuando el mismo Aladar habla con Yama, ahora él anda insinuando que los Smith son como todos los blancos, y ella es quien tiene que justificarlos.
• No se da ningún detalle de las circunstancias que llevaron a la muerte de Nieves. Y aun si fue lo mejor que una vida de esclavitud ante un amo tan cruel, la rápida resolución de Leonora para lamentar menos su partida se siente algo exagerada.
• Repiten más de lo necesario la escena de Britz suplicando a Yama entre el final del Capitulo 12, y en el Capitulo 13 (sólo se repite en la parte de breve resumen del anterior, pero aquí lo repitieron todavía después de eso).
• La muerta de Aladar conmociona tanto a Yama que deja caer al suelo los papeles de libertad de ambos. Sin embargo, en la continuación de la historia, se entiende que ella aun los tiene en su poder (si no, no podría comprobar que es “libre”). ¿Qué hizo? ¿Acaso a medio camino se dio la vuelta y le pidió a Britz que se los devolviera? No creo que le haya convenido en nada, aunque él ya no tuviera nada con que sobornarla…

lunes, 8 de agosto de 2011

Memín Pinguín Centenario

Como tuvieron tanto éxito con la edición del Bicentenario (pese a que sirvió más que nada para se vendieran los periódicos con que Vid hizo el trato), no pudieron dejar pasar la oportunidad de publicar otra edición más, ahora si, a la venta por separado, como debe ser, la cual conmemora el Centenario de la Revolución Mexicana.

Todo empieza cuando Chalo, un robusto compañero del salón de Memín (que nunca ha salido antes, por supuesto), empieza un pleito con Carlangas poco antes de que comiencen las clases. Romero los detiene y los arrastra al salón para reprenderlos. Carlangas señala la foto del Che Guevara en la camiseta de Chalo, haciendo que éste se de taco y se refiera a éste como el mayor revolucionario de todos, según su tío (¿no que era sólo era un guerrillero revoltoso?). Romero se irrita ante su ignorancia y le aclara que las mayores revoluciones se han dado en México y Rusia, siendo la de nuestro país la primera, misma que se dispone a contarles tras aguantar los comentarios de Memín sobre que antes había discos de 33 revoluciones por minuto (ganándose un zape de parte de Ricardo). De ese modo, el relato de la historia de la Revolución Mexicana comienza, extendiéndose tanto que se pierden el recreo, pero los alumnos están tan emocionados (menos Memín, impaciente como siempre) que se quedan hasta que Romero termine de contarles.
No hace faltar que recuente toda la historia (investiguen si les interesa pero si son de México, ya deberían conocerla de cabo a rabo), pero es bastante fluida, acompañada de escenas e imágenes de los personajes más importantes de la Revolución. La verdad, los que estudien el tema en la materia de Historia se ahorrarían mucho tiempo leyendo esto para una tarea que buscando en un libro (además, es más entretenido). Memín y sus amigos interrumpen constantemente (Chalo ya se quedó callado el resto de la historia), aportando con su propio conocimiento (bueno, sólo los amigos de Memín demuestran tenerlo, él sólo refleja su ignorancia e indignación ante lo que Romero les va contando).
Un comentario fuera de lugar lo hace Ricardo cuando menciona el dato de la locura de la emperatriz Carlota cuando llegan a la parte en que Francia impone un emperador en México (¿qué tiene que ver? sólo porque Napoleón III necesitaba tener todas sus tropas en Francia no significaba que eso fuera relevante aunque facilitaría el que derrocaran a Maximiliano).
Hay indignación entre los chicos principalmente por las acciones de Porfirio Díaz (¿quién no se irritaría ante la hipocresía de ese hombre?), simpatía por la injusta muerte de Francisco I. Madero y la emboscada de Emiliano Zapata, entre otras cosas.
Romero concluye su narración, habiendo dejado en claro que la revolución encabezada por Che Guevara palidece en comparación con la de México y Memín ya le anda sugiriendo a Chalo conseguirse una camiseta de Pancho Villa.
Romero decide invitarlos a un helado aunque no sea la hora de la salida, rompiendo las reglas por primera vez (pero sólo se ve a Memín y a sus amigos acompañándolo ¿qué pasó con los demás alumnos?). Al negrito eso le suena como una “revolución” (nada que ver, cambiar las cosas no es infringir las reglas y esa sólo iba a ser una excepción especial) y proclama que de ahora en adelante jugarán a la revolución en vez del futbol (definitivamente es lo que necesita este país, pero si es Memín quien la dirige, estamos perdidos), y le da por hacerse un bigote, ponerse una tapa de bote de basura como sombrero y una escoba, para conmemorar a su manera la memoria de los que lucharon por la revolución, provocando que Romero y sus amigos rían ante su ocurrencia (pero ahí dice que ellos se rieron a carcajadas pero ni puntos de exclamación les ponen, indicando que más bien fue una risa nerviosa y ya andan pensando en meter a Memín al manicomio, lo que quizás explique porque no lo hemos vuelto a ver haciendo algo nuevo hasta la fecha).
Mis respetos para esta edición. Ahora si se siente que pusieron a un equipo creativo responsable (incluso nos dan el nombre del dibujante: Jorge Avira). El arte es excelente, algo sombrío pero muy apropiado (el arte del Bicentenario era más colorido, más parecido al del dibujante regular de la revista cancelada). La personalidad de los personajes estuvo muy bien desarrollada, casi casi como si la misma Yolanda Vargas Dulchè escribiera esto, en especial con el profesor Romero, que en la revista regular había perdido toda su carisma y características de autentico educador, recuperándose aquí al ofrecer argumentos y una narración de los eventos que eran lo esencial de sus intervenciones en la historia. Memín y sus amigos también siguen siendo como siempre, aunque no aportan mucho fuera de hacer sus propios comentarios e intervenciones mientras Romero les va contando toda la historia. Considerando que desde entonces, esto ha sido lo último publicado en material totalmente nuevo de Memín, puedo decir que fue lo más digno que pudieron hacer para despedir la revista (porque si no pueden darle un final a la historia, entonces, más les valía irse por la verdadera historia, ju, ju, ju).

domingo, 7 de agosto de 2011

Memín Pinguín Bicentenario

Para conmemorar el aniversario de la Independencia de México, Editorial Vid ofrece una edición especial de Memín de 64 páginas, publicada para ofrecerse gratuitamente en la compra de respectivos ejemplares de los periódicos El Sol de México, La Prensa, y Esto (indicando algún tipo de acuerdo que beneficiaria a todas las partes aunque parece que no fue una oferta valida en todo el país, probablemente debido a un tiraje limitado).

Con un estilo diferente en argumento y dibujo, se nos presenta esta curiosa historia especial de Memín con el único objetivo de repasar la historia de cómo México obtuvo su independencia.
Después de un día normal de clases, Memìn, se entusiasma exageradamente con los datos que les cuenta Romero, al grado de que a la salida, declina la oportunidad de echarse una cascarita con sus amigos para irse rápido a su casa. Intrigados, Carlangas, Ernestillo y Ricardo lo siguen, en lo que Memín va tan a la carrera que provoca molestias al cruzar la calle infestada de tráfico y todavía propicia que un perro lo correteé. Entra y cierra la puerta antes de que el perro lo agarre, y sin saludar siquiera, abruma a Eufrosina con su palabrería, empezando a contarle sobre los antecedentes de independencia que hubo en algunos sectores de Nueva España, los cuales fueron atribuidos a los negros (no me gusta usar esa denominación para la gente de color pero el mismo Memín lo dice de esa manera, así que él sabrá).
Involucrándose el mismo en la historia, entra en dar referencias falsas (¿leones en America?), prontamente corregidas por sus amigos que entran sin avisar ni pedir permiso (¿cómo le hicieron para pasar por el perro?).
Comprendiendo que el entusiasmo de Memín se debe al orgullo de su color y el impulso de compartir lo aprendido con Eufrosina, lo dejan seguir, pero hay una breve interrupción cuando Memín abre la puerta por accidente y sale el perro (¿es un perro racista acaso? ya que ignoró a los otros y se espero a que Memín volviera a salir…), sobresaltándolo justo en el momento en que fanfarronea sobre lo valientes que eran sus antepasados al luchar sin armas contra fieras salvajes.
La historia de los antepasados negros de Memín prosigue y concluye, dando pie a Carlangas que ahora nos relata otra revuelta con fines de independencia con una trayectoria que Ricardo y Ernestillo continúan por turnos, ahora refiriendo a los indígenas. Hacen énfasis en la discriminación contra negros, indígenas y todo tipo de mestizos (incluso nos dan una lista completa con todas las diferentes mezclas de aquel entonces, y el mismo Memín revela ser un “cambujo”, o sea producto de la unión de raza india con los mestizos denominados zambaigo).
Conforme avanza la narración, los niños se van indignando al señalar todas esas injusticias que inspiraron la revolución, ya emocionándose cuando entran a la parte que todos conocemos, al empezar a involucrarse a Miguel Hidalgo y compañía. Se hace otra pausa al referirse a los reyes nomas para comparar su actitud con la que Ricardo ostentaba en un principio, consiguiendo que se ponga rojo de la vergüenza, aclarando que él ya cambió de opinión (¿cuál opinión? más bien quiso decir actitud ¿no?).
Continúan narrando la parte de la conspiración y entran al interminable debate entre las fechas del 15 de septiembre y el 2 de octubre (revisen las razones de esta confusión si no las conocen, aquí no nos dicen mucho y yo no soy ningún historiador). Todos se emocionan como nunca en la escena e inolvidable del Grito de Independencia, y se meten (imaginariamente) en la historia, uniéndose a la lucha, mostrándonos escenas inconcebibles de acción en una historia normal de Memín (bueno, no es de extrañar que Memín pelee con el arma más fuerte que conoce: la tabla con clavo, pero ¿Ricardo empuñando un arma de fuego? y todavía Carlangas peleando con sus puños, muy valiente pero en la lucha de verdad en esa época dudo que le sirviera de algo).
Pasan a las emocionantes primeras batallas, la quema de la Alhóndiga, y muchas otras partes claves de la historia (incluso señalan algunos factores negativos que normalmente eluden en las clases de historias en las primarias, como el pillaje desenfrenado de los revolucionarios que Hidalgo y sus aliados no podían controlar ya que estaba justificado aunque no lo aprobaban). Los ánimos bajan un poco al pasar por la parte de la ejecución de Hidalgo (¿por qué tenían que mostrar una ilustración de su cabeza decapitada en exhibición? es un detalle escabroso pero irrelevante para la historia).
Siguen con las participaciones de José María Morelos, y todas las iniciativas con que su lucha fue beneficiándose y concretando cada vez más el alcance de su objetivo (Ernestillo hasta presenta los principales puntos de la declaración en Documentos de la nación). Por supuesto, vuelven a entristecerse al referir su posterior captura y ejecución, pero la historia continua con los avances de Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide (Carlangas no pierde oportunidad de señalar los tres principios que ellos acordaron que regirían en México). Finalmente llegan a la Independencia, aunque todavía pasaron algunos incidentes más antes de que fuera respetada. Memín sigue entusiasmado y ardido de odio contra los españoles por lo que hicieron, tomando la resolución de desquitarse con Don Venancio (todavía es recordado este insufrible personaje), que además de ser español, le sube a los precios en su tienda (eso ya es culpa de la crisis) pero Eufrosina le advierte que lo deje por la paz. Habiendo terminado con la lección improvisada de historia para Eufrosina, a ella le da por recompensarlos con un pastel recién horneado (¿cómo puede estar recién horneado? todo lo que dijeron debió haberles tomado más de dos horas ¿acaso ella estaba cocinando todo el tiempo mientras ellos hablaban? apenas la vimos sirviendo comida como sì desde el principio contaba con que iban a caerles visitas).
Un epilogo es presentado al día siguiente cuando Romero lleva a sus alumnos (aunque Memín y sus amigos son los únicos presentes, haciendo suponer que a los demás les vale o hay favoritismos y ya los cuatro son sus unicos alumnos calificados para ir a excursiones) al Paseo de la Reforma, señalando al Ángel de la Independencia y la zona donde guardan los restos de los héroes de la patria (hasta ese momento se les ocurre cuestionar la existencia del mítico india “El Pípila” cuando bien pudieron hacerlo mientras contaban su respectiva participación en el resumen histórico del día anterior). Memín quiere visitar a los cadáveres pero Romero le indica que lo mejor es dejarlos descansar en paz. Eso no desanima al negrito y propone que les canten el himno nacional, dando un solemne fin de esta manera a esta historia reflexiva sobre la historia misma.
Después de haberse trabado tanto en ediciones de pésima calidad de Memín Pinguìn, en esta ocasión podemos alabar a Editorial Vid por brindarnos (aunque nos quieran hacer comprar el periódico) una historia digna y memorable, tanto para las celebraciones de la patria como la misma revista (que acababa de “cerrar” y relanzarse desde el principio pero ya explicamos eso).
Una edición altamente recomendable al igual que la sucesiva en la que tocaría celebrar el Centenario de la Revolución Mexicana.

Memín Pinguín Regresa


Habiendo cerrado con la revista original que abriera la época de reimpresiones de clásicos títulos de Editorial Vid durante su época de oro, casi enseguida prosiguieron con el relanzamiento de Memín Pinguín Regresa. ¿Regresa? ¿Pues cuando se fue? No descansó ni una semana de su cancelación pesimamente disimulada.
Antes que nada, recapitulemos. Cuando Vid inauguró esta etapa de reimpresiones de clásicos, Memín Pinguín no fue de inmediato la sensación que era hace unos años. De hecho, la revista pasaba desapercibida. Fue hasta después que ocurrió aquel lio de los timbres postales y la edición comprometedora que exhibía el racismo en E. U. (como ya explicamos, un malentendido), que aprovechando toda esa controversia, se relanzó la revista. Una conveniente excusa pero practica para quienes se perdieron las primeras ediciones, aun si ya habían sido reimpresas anteriormente, con lo promoción de las edición Te lo Cuento, cuya iniciativa era presentar los primeros doce números de la revista con actores de doblaje calificados para darle “vida” (sin embargo, el propósito era más bien el enseñar a leer a los peques, disfrutando la historia que oían en los discos, siguiéndola al mismo tiempo que en las ediciones).
Así que lanzan Memín Pinguín Edición Homenaje que aparte del elegante titulo y usar portadas diferentes en los primeros dos números, de “Homenaje” no tiene nada, y en la actualidad sigue publicándose (ya van cercando la edición #270). Para acabar, cada que se acumulan diez números de Edición Homenaje, publican tomos compilatorios, donde el mayor aporte es usar portadas conmemorativas y originales (una rara estrategia editorial por parte de Vid, si esas son más llamativas y cómodas para leer y guardar ¿no se les ha ocurrido que sabiendo esto la gente va ignorar las ediciones sueltas y se va a limitar a esperar a que salgan los tomos compilatorios?).
Vid ha estado repitiendo Memín hasta el hartazgo, por lo que, tras haberse dado por vencidos (finalmente) de que no la iban a hacer con aventuras nuevas tan poco atractivas (que seguramente provocaban que Doña Yolanda se revolcara en su tumba), tenían que irse por la corriente más obvia: lanzarla desde el principio otra vez.
Ya puedo imaginarme la escena entre los encargados y/o los creativos:

“¿Sabes que? Ya me cansé de andar escribiendo guiones para este mugrero. Se me están acabando las ideas y siento que ya ni caso tiene.”
“Además, puede que haya alguien por ahí en un blog que nos ande quemando o algo así, señalando lo poco que trabajamos o como nos fusilamos guiones de otros lados para continuar la revista.”
“Si, si. Mejor ahí le paramos. Total, se venden más las de Homenaje y de esas hay para rato.”
“Pero ya cancelamos muchas revistas y estamos en crisis. Tenemos que exprimir todo lo que podamos y Memín es de lo poco que nos queda. Quien sabe cuantos pesos perderíamos con una revista menos.”
“¿Y si la lanzamos otra vez? La de Homenaje va tan avanzada que no nos va a perjudicar en nada.”
“Buena idea. ¿Pero que no estábamos por reenviar por todo el país paquetes de los primeros números de Memín de Homenaje?”
“Bah. Sólo cambiémosle el titulo y ya. Nadie se va a dar cuenta. Los lectores son demasiado ingenuos para considerar que nos quedamos sin ideas y nomas queremos vender y vender.”
“¿Y como le ponemos al nuevo Memín?”
“Algo como Memín Pinguín Regresa pero un poco más creativo para que no se note que somos flojos.”
“¿Y como la terminamos?”
“Pos igual que hicieron con las de color sepia. Que salga un adivino para adivinarles el pasado y ya.”
“Eso siempre funciona. Nadie se da cuenta que es el peor recurso argumental jamás creado para evitar la cancelación. ¡Seguiremos sacando huevos de oro de la gallinita negra hasta que no pueda más! ¡Ja, ja, ja, ja!”
“Me da flojera leer las ediciones viejas, así que me limitaré a reinventar al adivino. De todos modos sirve para lo mismo que el otro.”
“¡Pues a trabajar! Hay que agregar eso luego de esa fumada de Sudáfrica y ya podremos descansar mientras las revistas siguen vendiendose.”
“¡Ya vas!”

Ejem. Y así sale Memín Pinguín Regresa #1. En serio que los de Vid no tienen vergüenza. La vez anterior por lo menos aun siguieron enumerando la revista en vez de reiniciar, y recordamos que en un principio podían verse las impresiones de Memín y sus amigos mientras revivían ese primer día de clases en que se conocieron. Pero aquí no. Todo se repite exactamente igual sin una sola nota aclaratoria sobre el incidente del adivino (volviendo aun más absurdo el final de la edición #442). Eso si. No incluyen introducción, por lo que se sobrentiende que realmente contaban con que los lectores supieran de antemano que iban a seguir con una repetición (pero si agregan las páginas extras de la historia de Memín que a su vez cuentan la vida de su creadora y como empezó a publicar a su personaje, exactamente el mismo texto que salió en Memín Pinguín #1, pero con algunas cuantas diferencias de formato).
Fuera de esto, las únicas diferencias entre las dos revistas que podemos señalar son:
• Utilizan un entintado diferente. Los trazos son exactamente iguales (incluyendo las irregularidades que ya había comentado sobre el #1 en que indican que Don Sixto no empezó a dibujar sino hasta pasadas algunas páginas). Al cambiar el entintado, no sabría decir si se ve mejor o peor (conviene en personajes como Romero cuyo cabello suele ser castaño pero al principio lo ponían negro, pero en contraste, ponen el de Isabel negro cuando era castaño), así que lo dejo a su criterio.
• Cambian los títulos de algunos episodios. Es un detalle que casi nunca mencionaba (cada número de Memín tiene un titulo en base a su contenido) porque no lo considerè relevante pero al iniciar este relanzamiento, se dan el lujo de modificar uno que otro, aunque parece que sólo lo hacían al principio (como la edición #3, originalmente titulada "Tres hogares distintos” ahora es “¡Ay!”).
• Alteran la topografía de los títulos, más vistosa y colorida que en los originales. También hacen más grande la parte en que marcan el número de edición (en la antigua revista recurren al característico cuadro donde se incluye con los datos del precio de la revista, pero ahora lo colocan aparte).

Y eso es todo. Esta revista sigue publicándose en la actualidad (pero al igual que su predecesora, su tiraje es limitado o la rebajan a sólo ponerla a la venta en algunos locales, a diferencia de la Edición Homenaje, que està en casi todos). ¿Qué pasará cuando den la vuelta completa y lleguen a ese punto en que la revista deje de ser (el cual se puede ubicar desde que agotan los guiones de Doña Yolanda pero recordamos que desde antes perdían mucho al prescindir de los dibujos de Don Sixto)? Porque ciertamente, la Edición Homenaje ya no será tan “homenaje” al repetir lo que Doña Yolanda no escribió (hasta será un insulto aun más grande a su memoria). Y con Memín Regresa (aunque le falta muchísimo más para llegar ahí, tal vez el mundo se acabe antes o Vid quiebre en definitiva), si “regresa” al punto de partida…. ¿que? ¿A repetir otra vez?
Sea como sea, todo esto ha terminado…Casi. Quizás Memín como una revista con nuevas historia murió, pero el negrito aun dejó algo más de que hablar, misma que trataremos en próximas entradas, para rematar.
He aqui algunos ejemplos para comparar estas diferencias de contenido:




sábado, 6 de agosto de 2011

Memín Pinguín #440-442

Por una confusión, Memín acaba uniéndose al ejército, para después de eso participar en un partido de soccer entre cuarteles, llevándolo a reunirse con sus amigos y embarcarse en una conveniente travesía que los deja justamente a tiempo para ver el inicio del Mundial en Sudáfrica. Y de vuelta en México, la sorpresa de sus vidas les aguarda (SPOILER: el gran “final” de la nueva serie).

Este es el arco final, la ultima aventura original de Memín, tras la cual esta revista es cancelada en definitiva (aunque nunca lo admitan). ¿Qué clase de historia es digna para dar por terminada toda una larga e ilustre trayectoria que ensombrecieron con sus tramas chafas y simplonas de la nueva época? ¿Pudieron hacerlo mejor o peor que nunca? Ustedes decidan.

Memín y Eufrosina regresan a casa, siendo recibidos por Arturo, un joven conocido que está de conscricpto en el servicio militar. Memín tarda en captar lo que significa el término de conscripto hasta que Arturo se lo deja en claro.
Una vez que éste se ha ido, el negrito inquiere a Eufrosina de donde lo conocen y al alegar ella que es casi de la familia, Memín ya anda insinuando lo peor, ganándose un buen jalón de orejas. Habiéndose calmado, Eufrosina tiene que guardar cama y Memín se compromete a cuidarla, pero el sueño lo vence y acaba despertando a la mañana siguiente, creyéndola muerta al hallarla dormida. Aclarado esto, Memín se apresura en prepararle el desayuno y después de comer, ella lo manda afuera a jugar con sus amigos.
Memín lamenta no encontrar a ninguno y se sume en una fantasía de futbol, pateando una lata, dando un tiro a gol que golpea en la cabeza a Arturo, que pasaba por ahí, descontándolo. La madre de Arturo, Doña Cata, aparece, demostrando estar bastante senil, confundiendo a Memín con su hijo enseguida y no le da oportunidad alguna de explicarse.
El negrito no tiene más remedio que seguirle la corriente y ponerse el uniforme de Arturo. Tras aguantarle un poco más sus dramas, sale afuera y Doña Cata tropieza con su hijo inconsciente, reaccionando con violencia, apaleando a Memín con un bate que sacó de quien sabe donde, ahora confundiéndolo con un asaltante. Memín echa a correr y choca con su superior militar, quien también lo confunde con Arturo y lo pone cortito al momento, incapaz de aguantarle sus sangronadas.
Avienta a Memín al camión con los otros cadetes, llevándolos hasta la base donde el negrito se ve obligado a responder por Arturo Maldonado. Nadie se extraña de que Arturo ahora esté más chaparro y su piel se haya oscurecido tanto (¿no tienen cerebro los militares o que?). Al acordarse de Eufrosina, Memín intenta correr a su lado, lo que es interpretado como intento de desertar, y le vale un arresto. Un cadete llamado Juan Pérez lo visita en la cárcel, creyéndose que de verdad se apellidaba Pinguín (y Memín no se creía tampoco que de verdad se llamará "Juan Pérez"). Le informa que al día siguiente lo sacaran de ahí para enviarlo a la guerra con los demás.
Por supuesto, con “guerra” se refiere a participar en un partido de futbol contra otro cuartel, lo que emociona un poco a Memín, acomodándose en su catre asignado, que no tarda en doblársele y ponerlo en una posición incomoda.
A la mañana siguiente, el superior lo saca de la cárcel y lo envía con los demás para dirigirse al partido. En el camino, el militar casi es atropellado por un taxi en el que viajaban los amigos de Memín y Arturo, para explicar el malentendido (aunque no se ve a Arturo dentro del taxi, se asume que va con ellos). Por lo visto, la parte en que se dan cuenta de lo que le ocurrió a Memín esta vez lo dejaron a imaginación del lector, porque no vimos en ningún momento nada que explicara esto (¿y porque tienen que ir los amigos del chaparro orejón a explicar en vez de su madre?). Presionan al taxista a que siga el camión con los cadetes, echando sobre un charco al superior que intentaba detenerlos.
Al llegar a la zona donde tendrá lugar el partido, Memín supone que será en un estadio cercano, pero en realidad será en una humilde cancha donde una barda servirá como vestidores, decepcionándolo. Luego piensa que usaran un balón oficial del Mundial para jugar, pero no es más que el premio para el equipo que gane.Los contendientes acuden, resultando un equipo compuesto por tipos demasiado fornidos, intimidando a Memín enseguida. El partido empieza sin aviso y Memín pronto se las ve negras, recibiendo un balonazo en la cabeza y todavía el arbitro lo obliga a traer el balón de vuelta o lo manda fusilar.
Memín tiene que sacarlo de unos rosales con espinas, y su trasero sale muy perjudicado en consecuencia. Entonces, sus amigos lo encuentran y dejan a Arturo (que rápido se pone el uniforme para jugar fut) para que tome su lugar. Arturo le regala el balón de premio a Memín en agradecimiento (¿de que? ¿usurpar su identidad y hacer ver como tontos a los otros del servicio militar que no se dieron cuenta? un enemigo podrìa infiltrarseles facilmente).
Sin más ni más, a Memín y a sus amigos les da por ponerse a jugar con el balón, convenientemente cercas de un puerto. El taxista al que no le pagaron por llevarlos, aparece justo después de que el balón cae dentro del barco. Memín va a buscarlo y sus amigos lo siguen, huyendo de la ira del taxista. Ahí se esconden hasta que el tipejo se aleja, pero el barco no tarda en zarpar y los descubren inmediatamente después.
Los marinos los corretean y en su afán de burlarlos, Memín le avienta el balón a uno de ellos, rebotando y cayendo sobre el sistema del curso de navegación, sin el cual no podrán llegar a su destino, quedando a la deriva hasta que milagrosamente den con Tierra. Los dejan encerrados y pasan varios meses (de un cuadro a otro… ¿y sin forma de comunicar a sus padres? deben estar más preocupados que nunca, pero en esta ocasión nos ahorran por completo ese drama familiar).
Finalmente, llegan a un lugar, y los marineros los liberan a los cuatro, agradeciéndoles, ya que el percance los ha dejado justo en Sudáfrica. Ellos no captan su alegría pero se sienten aliviados de poder tocar tierra, abandonando el barco y viéndose en dificultades para volver a su país. Encuentran a un niño nativo que vende collares, volviéndose su guía al permitirle servirles durante su trayecto hacia la capital en Johannesburgo. El nativo se emociona mucho y los cuatro tardan en entender la razón, divisando el cartel en un edificio cercano donde promocionan la Copa Mundial del 2010. Los amigos de Memín se proponen estar presentes en el partido de apertura, tardando un poco el negrito en acompañarlos al no entender en un principio que tenia de importante ese partido. Se dan cuenta de que no tienen dinero, mas el nativo ofrece pagarles el viaje él con lo que tiene ahorrado de su venta de collares, reanimando a los cuatro. ¿No habían aceptado ya que los guiaría un par de páginas atrás? ¿Y por què se alegraba de que lo dejaràn guiarlos? ¿Acaso no podrìa ir èl solo hasta allà?
El nativo (nunca dan su nombre) los guía hasta llegar a una parada donde pueden tomar el camión que los transportarà a la capital. Como no tienen suficiente dinero, los envían al techo, algo a lo que el delicado de Memín repela, fastidiando a sus amigos por ser tan comodino. Ricardo los amenaza para que se calmen cuando discuten, lo que a Memín y a Carlangas les cae en gracia, subestimándolo.
Como de costumbre, es Memín el que no sabe callarse, sacándolo de sus casillas e incitándolo a agredirlo, cayéndose del camión y encontrándose con un hambriento león. Desesperados, corren por sus vidas, apenas alcanzando al camión. Ricardo se sube por la escalera pero a Memín lo tienen que jalar en el ultimo momento, salvándolo de caer en las fauces de la bestia.
A Ernestillo le da por comentar que les falta mucho para llegar, haciendo que Memín lo cuestione sobre haber estado en África, admitiendo su amigo que no. ¿Están bromeando? ¡Ya han ido a África dos veces los cuatro (y la ultima fue parte de una las pésimas tramas de la nueva época, una de las peores que han hecho ¡no puede ser que hasta esa se les olvide!)!
El nativo les advierte que será un viaje de 14 horas, lo que molesta a Memín, quejándose sobre que tiene de importante el partido y ese mundial, que al cabo siempre es lo misma cosa (concuerdo). Sus amigos le contestan señalando lo especial que es ese mundial (mas no dicen porque) y la conversación se desvía hacia una sucesión de recuentos de mundiales pasados, que países han ganado y que jugadores han destacado más. Ya existen revistas dedicadas a esto ¿creen que a los lectores de Memín les importan un pimiento estos datos informativos de la historia de los mundiales? Así es, no soy aficionado al soccer (no como espectador, pero como deporte que hace bien practicar, lo apruebo).
Memín empieza, siguiéndole Carlangas y Ricardo. Memín aparenta ser un ignorante (incluso supone que México ganó el mundial de los setenta, y al aclararle que fue Brasil, se cambia de bando) pero después de que su amigo nativo cuenta su parte de la historia, el negrito denota saber más de lo esperado. Todo esto es súper irrelevante pero de por si el extraño giro que dio la historia ya se veía demasiado oportunista, así que no es de sorprenderse.
El camión por fin los deja en su destino, justo ante el estadio y tras bajarse (Memín se baja cayéndose, como de costumbre), se dirigen allá, pero luego se enteran que el partido de México Vs Sudáfrica es hasta mañana, por lo que tienen que juntar unos periódicos y acampar toda la noche.
A la mañana siguiente, unos reporteros que andan entrevistando a los aficionados los escogen, y en sus respectivos hogares, sus padres los ven por televisión, teniendo un efecto más fuerte en Eufrosina, quien se desmaya luego de que Memín le manda un saludo. Si sus hijos han estado perdidos por meses y en ningún momento se ve que les hayan avisado ¿Cómo es posible que los progenitores anden tan campantes viendo futbol por televisión? La preocupación les impediría hacer tal cosa, a menos que estén tan acostumbrados a sus escapadas, que ya ni les importe. Y algo más extraño aun ¿Por qué Eufrosina anda viendo futbol? Si está claro que para ella eso no significa nada sin su retoño a su lado. Por su propia voluntad, por ningún motivo me parece que andaría poniéndole a un partido estando sola en casa (y menos con su chamaco perdido).
En la entrada, los cuatro vuelven a decepcionarse por no tener dinero para pagar su acceso. El nativo trata de decir algo pero Memín se deja llevar por sus impulsos y entra corriendo, y sus amigos no tardan en imitarlo. El vendedor los sigue y trata de expulsarlos cuando ya han ocupado sus asientos y Carlangas lo descuenta en lo que echan a correr. Pronto los encuentra el padre de su amigo nativo, quien resulta trabajar en el estadio, demostrando que podía haberlos ayudado desde un principio si hubieran dejado hablar al niño (quien por cierto, alegaba que había estado trabajando para ir allá ¿Cómo es que su padre trabaja tan lejos y porque no se fue con él desde el principio?). El señor no se molesta en nada y ya los deja incorporarse a los espectadores sin problemas.
El aburrido partido tiene lugar pero lo pasan tan rápido que al cuadro siguiente ya están despidiéndose sin haber mostrado siquiera quien ganó (como dije, no soy aficionado, así que no sé quien ganó entre México y Sudáfrica y no me voy a molestar en buscar el dato ya que francamente me vale).
En el aeropuerto, mucha gente espera el regreso de la Selección Mexicana, así como los padres de Memín y sus amigos. El negrito corre a los brazos de Eufrosina, mas ella le advierte que nada lo salvará de una paliza (que tiene lugar fuera de cuadro).
Pasan los días y la vida de Memín vuelve a la rutina de siempre. Como siempre, le da pereza volver a clases (¿no dijeron que estuvieron ausentes por varios meses? ya ha de haber terminado el ciclo escolar ¡Memín y sus amigos están prácticamente reprobados!). Las clases acabn sin variantes, y al regreso Memín se anda quejando de sus amigos de cómo le choca ir a la escuela. Ellos le recuerdan que ahí se conocieron, dando pie a presentar algunos de sus mejores recuerdos como la pelea inicial entre Carlangas y Ricardo, el incidente en que la madre de Ricardo toma a Memín por un chango, y cuando Memín deja calvo a Ricardo mientras trabajaba de chícharo. ¿Cómo pueden recordar dos eventos de números clásicos junto con uno que fue parte de una de sus absurdísimas tramas nuevas no aprobadas por el fantasma de Doña Yolanda?
Al seguir recordando todo lo que pasaron, un viejito desconocido con turbante se les aparece sorpresivamente, exhibiendo su bola de cristal, presumiendo de poder revelarles su pasado. Como es de esperarse, los cuatro se burlan de sus palabras pero el viejo les insiste, indicando que puede mostrarles como se forjó su amistad y muchas cosas más (¡párale a tu carro! ellos mismos ya estaban acordándose, está claro que no lo necesitan).
Y así como así, los cuatro atolondrados se dejan convencer y permiten que les muestre su pasado en la bola de cristal (al aire libre en el parque, al menos no es tan sospechoso como su contraparte de la revista antigua que se los tenia que llevar atrás de una barda, sin testigos…). Embobado, Memín es el más cercano para la contemplar la sucesión de imágenes, remontándose al primer cuadro de Memín Pinguín #1.
Y lo que sigue, claro, es el anuncio para que los lectores esperan la próxima semana el relanzamiento de Memín Pinguín (Regresa) #1.
De este modo, un ciclo de ocho años desde que la revista de Memín a colores fue relanzada, concluye inesperadamente. Si, sabemos que merecía cancelarse desde hace mucho, pero… ¿no pudieron trabajarlo un poco mejor? Recurren a la misma basura de trama con un adivino que para acabar es menos convincente que el original. ¿Qué les pasa? ¿No pueden darle sólo un final, un final de verdad, por más chafa que sea, a la historia de Memín, en vez de meterse a estas pobres excusas para no admitir que han CANCELADO la revista? Editorial Vid nos ha decepcionado grandemente. Y todo indica que así lo seguirán haciendo (no pasan exactamente por una buena racha desde hace tiempo, Memín era de lo poco que les quedaba, y ahora son puras repeticiones de nuevo, pero no cabe duda de que es lo mejor que tienen).
Así que Memín Pinguín, la revista, ha llegado a su fin, pero todavía tendremos otros temas más de que hablar, así que esperen un poco y pronto podremos cerrar esto con broche de oro.