miércoles, 14 de julio de 2010

Memín Pinguín #404-406


Memín debe cubrir una deuda trabajando como ayudante de peluquero. “Accidentalmente”, cree haber encontrado una cura para la calvicie y sin confirmación alguna, decide promover su “producto milagroso” con ayuda de sus amigos, metiéndose en problemas.

Para variar las cosas, Memín y sus amigos andan jugando béisbol, y el juego está tan aburrido, que el negrito ya se anda durmiendo, pero aun en ese estado, se las arregla para atrapar la bola. Ernestillo le discute que fue pura chiripada, y Memín se pone pesado y presumido, como siempre.

Lo ponen a batear para bajarle los humos, y después de fallar los primeros lanzamientos, logra el tercero, pero rompe una ventana (esto ya está muy choteado, tanto para esta revista, como en cualquier otra cosa, y a estas alturas ya debería quedar claro que no se debe jugar béisbol en lotes baldíos ¡por favor, si están en el D.F! ¿no pueden ir a una chancha de verdad?). Los irresponsables salen corriendo, menos Memín que se queda papando moscas, sin entender nada, hasta que aparece Don Beto, el peluquero, dueño del estableciendo donde cayó la pelota. Memín la pide de vuelta, pero claro que él no se la da, advirtiéndole que debe pagar por el vidrio, y que si no, informará a su madre. Le ofrece al negrito trabajar para él durante el resto del verano. A Memín no le parece un trato muy justo y dice que se lo va a pensar. No pasan muchos cuadros en que lo hace, temiendo que Eufrosina se entere y viendo las ventajas de que él también le entre al negocio y acabe cortándole el cabello a la gente. Entra corriendo a la peluquería, sobresaltando a Don Beto, que casi corta lo que no debe al cliente del que se encargaba. Viendo que el negrito acepta el trato, lo pone a barrar los cabellos en el piso, y él se queja ya que quería hacer lo mismo que él, haciéndole ver que se necesita mucha practica para ello. Memín importuna al siguiente cliente, esperando recibir una propina, ya que al parecer, no entiende que no se le paga de ese modo a los “chicharos” (termino que el mismo cliente ahí indica que así se les dice a los ayudantes de peluqueros). Para ser alguien a quien le acaban de romper un vidrio que da mala imagen a su local, Don Beto se la pasa molestando a Memín haciéndolo malas bromas a su costa, como el típico adulto relajado, y todavía lo deja a cargo de la peluquería mientras se va a recoger unas tijeras que mandó afilar. En verdad a este hombre no le preocupa mucho su negocio.

Memín se pone cómodo en la silla, cuando llegan sus amigos. Carlangas grita su nombre y lo hace saltar de la silla, y dar vueltas en la hélice del ventilador del techo, y todavía cae encima del tocador, derribando varias botellas. Al parecer, sus amigos nunca han pisado una peluquería, curioseando el lugar, y poco a poco les cae el veinte de lo que Memín hace ahí. Viendo que él anda bien asentado y no hay más repercusiones por romper el vidrio, ellos se van a gozar de las vacaciones, pero Memín les suplica que se queden para hacerle compañía. Ofrece hacerle un corte de cabello gratis a Ricardo y se apresura a sentarlo, asegurando que ha aprendido mucho del oficio en sus…. ¿treinta minutos de trabajo? Estúpidamente, Ricardo acepta, quedando a merced de sus tijeras, y Memín le hace un pésimo corte moderno. Enojado, lo persigue y le arroja una taza, que rompe un espejo. Los otros se burlan de que va a deber mucho más, pero Memín halla fácil con sólo barrer los vidrios para no dejar evidencia y que Don Beto crea que el espejo desapareció y ya. Carlangas y Ernestillo toman al encolerizado Ricardo y lo sacan de ahí, dejando al sinvergüenza quejándose de que son unos ingratos, y vuelve a ponerse a barrer como si nada. Llega otro cliente, decepcionado al no encontrar a Don Beto, pero Memín se pone insistente en que él puede atenderlo, y se lo permite. El hombre está casi calvo, así que no tiene mucho cabello y no veo porque pierde el tiempo en una peluquería ya que estando así, con cualquiera que le haga el favor bastaría. Memín lo despoja del cabello que le quedaba, y el hombre se enfurece, exigiéndole que se lo devuelva. Memín no sabe que hacer, pero se le prende el foco y se pone a mezclar las botellas que encuentra, produciendo una mezcla que echa sobre su cabeza, provocándole ardores. Después de que le echa agua, el hombre se marcha furioso, advirtiéndole que si no le ha crecido para mañana, lo pagará (y por supuesto que no le paga por el servicio). Carlangas regresa a saludar a su amigo, hallándolo consternado por lo que hizo y lo que le harán, además de que no tendrá descanso para terminar de pagarle a Don Beto (¿apenas empezó y ya se está quejando?). Carlangas lo anima a que tome un descanso y salen de ahí, olvidando que le dejaron encargado la peluquería y que sólo Don Beto le diría cuando acaba la jornada. Memín divisa a un hombre idéntico al que dejó rapado, luciendo una lustrosa cabellera, y hace una deducción lógica. Arrastrando consigo a Carlangas, sigue al hombre, nomás para verlo de cerca, ni le dirige la palabra. Carlangas se exaspera, no entendiendo lo que Memín quiere decir, y él se echa todo un choro para indicar que ha inventado una cura milagrosa para hacer crecer el cabello rápidamente y ese tipo es la prueba viviente de ello. Carlangas no le cree nada y amenaza con golpearlo, pero Memín se compromete a hacerle una demostración y busca a Ricardo, a quien ya se le pasó el coraje por su mal corte y lo saluda como si nada. Memín lo lleva de nuevo a la peluquería, y antes de que Carlangas pueda impedirlo (y porque Ricardo es un idiota), termina de raparlo. Ricardo se enoja y lloriquea por lo feo que se ve ahora, y al intervenir Carlangas, discuten y se pelean.
Memín es golpeado por ambos al tratar de detenerlos, pero pronto se repone y empieza con la mezcladera de botellas, esperando obtener el mismo resultado con la “formula mágica”: Se la echa a Ricardo en la cabeza, que brinca de lo mucho que le arde y se le aplaca al sumergirla en el agua, pero no tiene nada de cabello. Se queja de que quedará calvo por el resto de su vida (le cortaron el cabello, no se le cayó, así que volverá a crecer, que imbécil).
Llega Ernestillo y Memín se le ocurre utilizarlo para lo que sigue. Para entonces, Don Beto ha llegado, y encuentra los desperfectos en su local, pero los cuatro se escapan. Van hasta la casa de Ricardo y como Ernestillo es muy listo, Memín lo pone a cargo de analizar su formula para volverla a preparar. En las primarias el plan de estudios incluye química muy básica, pero lo que hizo no es gran ciencia, así que Ernestillo ayuda, poniéndose bata y lentes para darse seriedad, mientras el tonto de Ricardo sigue llorando por su cabello perdido. Ernestillo termina de prepararla, y Memín le da un toque final acercándole un cerillo, provocando una explosión de gas. Todos sobreviven, incluyendo Memín, por desgracia, que acabó debajo de la cama. Lo sacan de ahí y los tres lo golpean, repitiendo por tercera vez el caricaturesco (y muy fuera de lugar en esta revista) efecto de la nubecita de humo.
A pesar de los guamazos, Memín se reanima, señalando un único cabello en la cabeza de Ricardo, que indica que su formula funciona, aunque con ese efecto retardado, él cree que lo recuperara en mil años (¡que el cabello cortado vuelve a crecer, tarado!). Memín decide usar la formula para hacerse millonario, y solicita la asistencia de todos sus amigos, que le cuestionan la falta de evidencias sobre su efectividad. Memín está confiado en que sirve a la perfección (o más bien, está cegado por la avaricia). Ricardo da su consentimiento por no tener nada que perder y los demás acceden. Van a la carpintería para fabricar lo que necesitarán, construyendo con trabajo, uno de esos puestos ambulantes de exhibición, con cortinas y todo. Ricardo advierte que no le ha salido más cabello, pero Memín no hace caso y sigue necio con su absurdo proyecto. Les dice que no se fijen en los detalles y se instalan en una feria local. Ahí, se encuentra el tipo al que dejó calvo, junto con su hermano gemelo, que es el de la cabellera, así que de inmediato nos queda clara la confusión de Memín. Ellos son carteristas abusados, y escuchan a Ernestillo pregonando sobre el producto milagroso para hacer crecer el cabello del “Doctor Pinguín”.
Memín se hace el importante, no atendiendo las primeras tres llamadas de Ernestillo, arreglando su atuendo elegante, creyendo que el público lo aclama (¿por qué deberían si no lo conocen?) cuando en realidad se están quejando de que los hagan esperar.
A Carlangas le dan de tomatazos y obliga a Memín a salir, echándolo de cabeza. El negrito se recupera y empieza a presumir de su maravilloso producto, con puros cuentos chinos. Manda llamar a Ricardo, presentándolo como un niño enfermo de calvicie por desobedecer a sus padres o algo así, exagerando mucho todo. Le echa la sustancia en la cabeza, y lo pone detrás de las cortinas, ya que ese producto sólo funciona en la oscuridad (¿alguien dijo fraude?).
Sus amigos le ponen una peluca perteneciente a su madre (¿por qué Mercedes necesita peluca? no es tan vieja) y así vuelve a salir, logrando que el publico se trague sus patrañas y le compren en montón sus botellitas con la inútil sustancia mezclada. Muy bien, esto es oficialmente un caso de estafa.
Memín presume de su triunfo, y todavía le dice a Ricardo que su cabello puede tardar días, meses o años en volver a crecer, orillándolo a que lo estrangule. Sus amigos se retiran y Memín se ve en el espejo, admirándose por lucir como un magnate (no lo creo, si fuera magnate se haría cirugía plástica), y un par de manos lo atrapan. Sus amigos se cansan de su tardanza y descubren que ha desaparecido, así como el dinero y las botellas que quedaban. Suponen que se ha robado todo para no compartir con nadie, pero comprenden que él solo no pudo llevarse tanto, así que debió haber sido secuestrado. Después de alegar mucho innecesariamente, divisan a los dos pillos llevándose a Memín (pero no los veo cargar ni las botellas ni el dinero ¿dónde quedó eso?) y lo persiguen. Los pillos llevan a Memín a su vecindario, mostrándose como delincuentes tan respetables, que hasta saludan amablemente a los vecinos. Lo introducen a su hogar, admitiendo que no quieren el dinero, sino el secreto de la formula. El calvo amenaza a Memín con soltar la sopa, pero él admite que no sabe ni que puso en ésta (¿no la reprodujo una vez?). Sus amigos ya están viendo afuera, creyendo que lo torturan sobrealimentándolo, pero parece que en realidad los criminales estaban siendo hospitalarios. Luego, encierran a Memín en un cuarto del que no dejaran salir hasta que recuerde la formula.
Mientras tanto, Don Beto busca información sobre el paradero de los vándalos, y los que se la proporcionan en la feria, parecen estar de acuerdo en pedirle a cambio que les compre algo de lo que venden, haciendo que el señor se queje de que es una “mafia”. Sus amigos buscan policías que acudan en auxilio de Memín, quien ya se pone a trabajar, combinando sustancias. Don Beto se topa con los tres, y ellos echan a correr, siguiendo una absurda persecución, que hace que el peluquero choque con un policía. En compañía de éste, dan alcance a los muchachos, y tratan de explicarse, cuando escuchan una fuerte explosión. Los dos maleantes salen, pidiendo ayuda al policía, pero éste los reconoce como los carteristas del parque, y los arresta de inmediato. Memín sale muy campante, admitiendo haber causado la explosión (y ni le llaman la atención), y por fin confronta a Don Beto. Asegura tener dinero para pagarle gracias a su formula, pero el peluquero la revisa, aclarando que no es mas que agua con alcohol y perfume, y no hay modo de que hagan crecer el cabello.
Así que ni modo, tendrá que seguirle trabajando, y nomás pasa un mes para que liquide la deuda, al mismo tiempo que Ricardo ha recuperado su cabello, un cuadro después de otro en que otra vez se queja sobre quedar calvo de por vida (en serio que alguien debería explicarle a este mocoso que eso no era posible). Don Beto libera a Memín, que aunque se queja de que lo explotaron, siente que ha aprendido lo suficiente para hacerle cortes de cabello elegantes a Eufrosina (no hay modo de cortar el extraño cabello de esa mujer). Memín pide que le deje llevarse una revista, ya que no le va a pagar con dinero, y Don Beto acepta. Se supone que es una revista científica, que a Memín interesa únicamente por una ilustración impresionante de un dinosaurio y aprovechar la información porque al volver a clases tocaran temas relativos. Don Beto le ofrece aun más revistas y Memín vuelve muy contento a casa con buen material de aprendizaje.

Los lectores son los únicos que aprenderán, que esto es un indicio de una de las peores tramas entre las peores tramas que en si conforman toda esta nueva época de Memín. En serio, se viene una de las peores porquerías. Ya verán lo que digo.

sábado, 10 de julio de 2010

Memín Pinguín #401-403


Memín y sus amigos junto con sus padres pasan las vacaciones en Chachalacas, dejando solo al señor Vargas realizando un trabajo, que le ocasionará retomar temporalmente su vicio del alcohol.

Ricardo llega su casa después de dejar a Memín en la suya, justo a tiempo para despedir al señor Arcaraz que se va a trabajar (el argumentista describe con que cariño se despide de su hijo, algo muy innecesario ya que los lectores pueden apreciarlo en el cuadro, no estamos ciegos). Antes de irse le da indicaciones a Jaime, el chofer, que repite a Ricardo sobre informar a sus amigos y a sus padres que vengan a la casa a cierta hora. Ricardo está intrigado e inquiere a Mercedes que se traen, pero ella alega que no le comentaron nada (no es verdad, en el numero anterior todo indica que lo sabia ¿Por qué tanta discreción? Ush). Cuando Ricardo les informa, Memín ya piensa que van a regañarlos por algo y expone su intención de esconder la tabla de Eufrosina por precaución (no hace falta, está claro que ella ya nunca le va a pegar con eso por las nuevas “políticas”). Pasamos a la reunión, en la que el señor Arcaraz solicita los servicios del señor Vargas para fabricarle un nuevo escritorio en su despacho. Memín opina que se ha vuelto loco si invita a todos nomás para eso, pero luego dice que para que el hombre trabaje en paz, los demás se irán a Chachalacas a pasar las vacaciones mientras tanto (muy bonito, dejan al señor trabajando mientras ellos disfrutan, tendrá que pagarle demasiado por ese servicio). Todos aceptan la invitación, aunque Ernestillo pensaba quedarse a ayudarle, pero Juan ya tiene en mente a otro joven que conoció hace poco y podrá desempeñar la labor.

Sus amigos lo animan a que acepte esa separación temporal y al cuadro siguiente ya es el día de partida. Memín batalla para alistarse, y Eufrosina lo encamina bruscamente. Ernestillo se despide de Juan, y en breve ya anda en el auto con los demás en la carretera, aguantando la gorronería de Memín.
Juan está preparando sus herramientas, cuando llega su nuevo ayudante, Gerardo, que se le ha hecho tarde y encima pide que le de desayunar y admite haberse olvidado de sus propias herramientas. Ocultando su decepción ante su actitud tan poco emprendedora, marchan a la casa Arcaraz donde sólo va a estar Jaime para supervisar todo. Gerardo revela de inmediato sus tendencias alcohólicas tomando de su botella de tequila a cada rato.
En Chachalacas, los chicos y sus padres se ponen a jugar volleyball playero y Memín trata de lucirse con sus gafas oscuras, que le hacen confundir a Eufrosina con la pelota. Ernestillo anda apartado, sintiéndose solo sin su padre y recordando a su madre fallecida (¡supéralo ya, mocoso!). Memín llama su atención lanzándole un pelotazo a la cabeza, y se incorpora al juego. El negrito acaba recibiendo un golpe en plena cara y se desmaya. Sus amigos andan titubeando en cuanto a darle respiración de boca a boca, pero él sólo fingía y Eufrosina se dispone a darle de nalgadas por hacerse el chistoso.
El señor Vargas sigue trabajando, y junto con Jaime, no tardan en descubrir a Gerardo bien briago y paseándose como si estuviera en su casa. Jaime intenta esculcarlo y Juan le arrebata la botella, y el joven reacciona violentamente, aunque es derribado de un golpe. Confirmando que no robó nada, pero que igual no hay modo de que sea un buen ayudante, y lo corren de ahí. Juan se disculpa y toma la responsabilidad de hacer todo él solo.
Volviendo a la playa de Chachalacas, Memín sugiere meterse en el mar, y sus amigos se burlan, recordándole de cuando estaban en la piscina de los Arcaraz. Por cierto, que hacen mención del incidente del temblor, un hecho apenas memorable por ocurrir durante una sucesión de eventos muy aburridos en la revista, pero que bueno que por esta vez, el argumentista empieza a leer números pasados. Memín le hace el tonto echándose un clavado en marea baja que le amerita estrellarse la cabeza, para después ahora si meterse y quedar a merced de un tiburón. Pero no era un escualo, sino un salvavidas con aleta de tiburón que puso algún bromista.
Sus amigos se meten al agua ya sin temor y dejan al negrito tomando el sol. Más tarde, los adultos contemplan después subirse al “parachute”, pero antes los niños se trepan en la banana. Ernestillo se pregunta como le irá a su padre, y en el cuadro siguiente, nos transportan ahí.
Juan sigue dedicado a su labor, con Jaime supervisándolo pero sin poder ayudarle ya que la carpintería no es lo suyo. Viendo la botella de tequila que dejó Gerardo, distraídamente toma un trago de ésta. Mal augurio.

De nuevo en la playa, los adultos se suben al “parachute”, y al menos el ingeniero Arozamena e Isabel encuentran la experiencia fascinante (si, ya entendimos, debe ser estupendo subirse a uno de esos, pero no se lo restrieguen en la cara a los lectores, en especial quienes estamos lejos de las playas donde los tienen), mientras Eufrosina reza compulsivamente a la Virgen por creerlo muy peligroso.
Juan da de cuenta con la botella y se apresura a ir a comprarse otra, dejando a Jaime sospechando que algo anda mal con él. Más tarde, el chofer encuentra al carpintero teniendo alucinaciones y descubre la botella del licor responsable. Juan pierde la conciencia y su mente se remonta al pasado, abriendo paso a una retrospectiva que no tiene mucho lugar en este trama, pero es un modo en puede verse como conoció y enamoró a Lupita (mencionada, mas nunca se había mostrado físicamente en la revista en la época de Doña Yolanda y Don Sixto). No es una historia muy interesante que digamos, así que la resumiré rápidamente. Juan la conoce surtiendo en una frutería, empiezan a salir, lo invitan a la casa, le regala una mascada (que mencionaba durante el incidente pasado de los aretes de Eufrosina), y aparentemente, se gana su corazón fabricándole una mesa que reemplaza la que se rompió cuando lo invitaron, para compensar su falta de habilidad en otras cosas.
Ernestillo intenta llamar para saber de su padre, y Jaime tiene que inventarse una excusa para que no sepa que anda borracho. Finalmente, Juan recobra la conciencia y excusa como volvió a la bebida por extrañar a su esposa, ya que nada es más efectivo para recordarla, ni siquiera la dichosa mascada, que siempre lleva consigo y hasta se le enseña. Ernestillo llama otra vez, y ahora Juan si está en condiciones de contestarle. Memín le arrebata el teléfono a su amigo para saludar a su padre y se agarra comentando puras tonterías que desconciertan al señor Vargas. Carlangas le devuelve el auricular a su amigo y padre e hijo siguen hablando, recordando a su querida Lupita (de lo que no se quieren acordar es de que murió, un misterio…). Más tarde, Ernestillo ve a los adultos brindando con alcohol, acordándose de cuando su padre se embriagaba, confiando en que eso ya se acabó hace mucho (y así debería ser, pero este argumentista no quiso).
Disculpándose de nuevo, Juan vuelve a su casa, comprometiéndose con Jaime a llegar temprano al día siguiente y compensar su falta de labores por andar tomando. En el camino, aparecen Gerardo y un amigo, que lo agreden para robarle y así poder seguirle dando al chupe. La llegada de la policía los hace huir, y Juan agradece que no se robaron su mascada, pero igual va con ellos para denunciarlos ya que tomaron el dinero que le había dado el señor Alcaraz para materiales. Ernestillo quería llamarle otra vez, pero sus amigos lo convencen de que ya ha llamado mucho, y desiste. Al rato, ya han llamado al señor Arcaraz para informar del robo y tranquilizar a Ernestillo, quien supone que su corazonada era cierta, aunque no se queja de sus amigos por haberlo tomado a la ligera.
Gerardo y su amigo son arrestados, irónicamente, por beber en una zona donde no está permitido, y la policía llama a Juan para identificarlos. Gerardo suplica que les ayude, pero nones, ahí se quedan. De nuevo, informan de todo al señor Arcaraz, y los cuatro amigos y sus progenitores siguen disfrutando de las vacaciones, a pesar de que él no se guardó lo de que Juan cayó en el vicio otra vez.
Jaime es autorizado para abrir la caja fuerte y sacar más dinero que ayude a Juan a trabajar, y pronto queda terminado el escritorio, que es alabado por el señor Arcaraz en cuando regresan.

Tras recibir la aprobación de su obra, Juan se despide, dirigiéndose a una junta de Alcohólicos Anónimos, seguido de una escena reconciliadora con Ernestillo, decepcionado, pero orgulloso a la vez porque al fin consiguiera ayuda (pura excusa de promoción para este tipo de asociaciones, en verdad que la ultima vez que el señor Vargas renunció a la bebida, fue muy convincente y concluyente). La escena hace llorar a Memín y decir que es más triste que cierta telenovela de las 8 (¿Cuál? Sepa, cualquiera que haya estado en ese entonces o en el momento en que uno adquiera este ejemplar, como sea, es otra promoción descarada).

Una trama muy aburrida de Memín, pero al menos un poco más consistente que otras que habían estado utilizando, lo que es una pequeña mejoría.

martes, 29 de junio de 2010

Memín Pinguín #397-400

Memín y Ernestillo son reprobados en su examen final, y en un muy tonto intento de superar ese fracaso, creen haber encontrado petróleo que solucionará sus problemas. Una absurdez tras otra.

Habiendo terminado aquello de los aretes y el pepenador asesino, salen con que olvidaron estudiar para el examen final. Ricardo sugiere pasarles las respuestas a sus amigos (pero él estuvo con ellos todo el tiempo ¿no se supone que él tampoco estudió? ya que habla de pasárselas, no de que hagan trampa los cuatro juntos), que aunque sea un acto reprobable, es una emergencia muy justificable. Memín es el primero en protestar ante tal sugerencia, por lo que nos hace creer que tiene conciencia, pero en realidad es porque no quiere que después Ricardo les restriegue en la cara que pasaron gracias a él. Carlangas y Ernestillo declinan el ofrecimiento, prefiriendo arriesgarse, no importa que repitan el año. Eso hace que Memín le de por ponerse pesimista, pensando que Eufrosina lo echará de la casa si reprueba, y ahora si quiere que le pasen las respuestas, pero ahora los tres se rehúsan. Vuelve a su casa, quejándose y pateando una lata que le da a un señor. Éste lo corretea enojado y Memín invoca a “Santa Petra la callosa”. Por coincidencia, el hombre choca con una conocida que justamente se llama Petra, lo que Memín interpreta como una señal de la susodicha santidad y se compromete a traerle flores a su iglesia (pero como da la impresión de que ésta en una figura ficticia en dos sentidos, no creo que lo haga).
En la casa, Memín no quiere cenar, y Eufrosina supone que está enfermo, pero cuando dice que tiene que estudiar, ella ya anda agradeciendo a la Virgen por el “milagro”. Memín da inicio a la estudiada, pero decide echarse una siestecita de descanso, de la cual no despierta hasta la mañana siguiente. Por cierto, dijo que eran las siete cuando iba a empezar pero…. ¿no se supone que toda su aventura con los aretes duró hasta después de medianoche y todavía el tiempo que los retuvieron en la delegación? Estos descuidos del tiempo nomás para sacarse de la manga las siguientes secuencias en plan de dejar picado a uno).
Hay que señalar algunas graves incongruencias aquí. Primero, dado el tipo de la situación en que estuvieron y el hecho de que el maestro Romero es de lo más comprensivo, no tiene sentido que se preocupen tanto por no haber estudiado, ya que fácilmente tienen a los Arcaraz que confirmarían lo que ocurrió el día anterior, y que fue por una buena causa. Así que no tendría problemas para ponérselos otro día, por más final que fuera el mugre examen. Y otra cosa… ¡Se supone que están en sexto de primaria! Y que yo sepa, en las escuelas de gobierno, no hay más años después de sexto, por lo que una vez que terminan, es el adiós a la primaria. Pero el empeño del argumentista de dejarlos eternamente en ese curso como hacia Doña Yolanda es tal, que ni se emocionen, porque luego de vacaciones, volverán a sexto. Seria una mejoría que cambiaran el panorama a una secundaria para variar con nuevos personajes y todo, pero noooooo…
En la escuela, Memín está decaído por no haber podido estudiar nada y sus amigos se congracian con él. Llega la hora del examen y Memín empieza a hacerlo, viendo que hay cosas que sabe y otras que no. Ve preocupado a Ernestillo (no se supone que deban voltear durante la realización de un examen) y éste dice que no se sabe la respuesta a una pregunta que Memín si y se la pasa. Nunca nos dan una pista de que tanto hubo en este examen, sólo que es de matemáticas. Termina el tiempo y Memín pide dos horas más a Romero, pero no se le hace (me parece que esto mismo quería en los números ya muy clásicos, como que tardíamente el nuevo argumentista se puso a repasar los inicios de Memín creyendo que los lectores tenemos mala memoria o somos tan novatos como el o ella). A la salida, Ernestillo expresa su pesar por hacer trampa y Memín presume por haberle ayudado, confiado en que todo saldrá bien por haberse encomendado a Santa Petra la callosa. Después del recreo, dan los resultados (pues no es un examen final muy importante que digamos si el mismo día ya dan las calificaciones). Memín y Ernestillo son reprobados y….Es todo. Romero no les da ninguno de sus típicos discursos para que Memín le eche más ganas el próximo año ni expresa su decepción o extrañeza por el fallo de Ernestillo por ser el más aplicado y todo eso. Nada. En serio que no es el ejemplazo de educador que Doña Yolanda presentaba (no importa cuanto cheque el nuevo argumentista del pasado, nomás no sabe caracterizar bien a estos personajes, apenas a Memín aunque lo haga más sangrón de lo normal).
Carlangas y Ricardo si pasaron y lamentan el caso de sus amigos. Ernestillo le echa la culpa a Memín, pero él justifica que no sabía que les darían exámenes diferentes para prevenir precisamente la copiada. Sin más, cada quien se va para su casa. Memín teme por el castigo que Eufrosina le ponga y ya imagina que le dará con la tabla (con la que no le ha dado desde hace varios números), preocupado por eso más que en decepcionarla, así que cuando llega, alega que se suspendió el examen por el calor. Ella se lo traga y ya le anda ofreciendo pastel que hizo para celebrar que pasara año y Memín ni puede comer porque le remuerde la conciencia. A Ernestillo tampoco le va muy bien, su padre está tan decepcionado que no le permite que le ayude en la carpintería, mandándolo a la casa para luego castigarlo (¡se supone que él ya sabia que no estudió lo suficiente por haber estado ayudando a Memín! Y ahora que estamos eso… ¿Por qué rayos Ernestillo necesita que el negrito tarado le de un soplo en un examen de matemáticas? Por más poco que estudiara, es evidente que no es una fuente fiable por su ignorancia).
Nuevamente, Memín le reza a Santa Petra la callosa, esperando recibir una señal para encontrar una solución a su predicamento. La “respuesta” viene en la forma de un relámpago que derriba un árbol cercano desde la raíz. Memín cree que esa es la señal y sale poniendo un sombrero y chaquetón negros. Primero va con Ernestillo, tirando piedras a su ventana para llamar su atención, aunque acaba pegándole en la cabeza con una. Ernestillo no quiere saber nada y todavía Memín recordándole la “ayuda” que le dio. Memín dice que necesita de su asistencia para que Eufrosina no sepa que reprobó y Ernestillo acepta, sale después, vestido de negro de pies a cabeza y con equipo para cavar. So… ¿La idea de Memín (que no dice, pero así se entiende o la entendió Ernestillo que ahora no es muy listo como solía ser) es enterrar el examen? ¿No seria más fácil quemarlo? Como sea, el negrito arrastra a su amigo al boquete en el suelo que abriera el relámpago, creyendo que tiene un significado por venir de parte de Santa Petra. Un policía los divisa y siente que ha visto antes a Memín, pero él disimula y sin pensar que es muy raro que dos niños vestidos de negro anden en la calle tan tarde, se retira. Memín no quiere aclarar cuando conoció al tal policía, insinuando que le hizo pasar una calamidad por accidente (ni yo estoy seguro si es algún incidente insignificante que fácilmente se olvidó de una secuencia anterior o es algo que iban a explicar después y que el argumentista se le olvido). Como sea, Memín desciende al agujero y procede a excavar para enterrar el examen. Pero apenas ha clavado la pala, cuando se oye un sonido extraño. Memín se acerca más, ignorando las advertencias de Ernestillo, y luego está montado en un chorro de líquido oscuro. Cae el suelo y después le dice a su amigo que sus preocupaciones han terminado, acercándose para que detecte el olor del petróleo, lo que lógicamente, los convierte en millonarios (aunque se supone que la posesión del petróleo depende de si ellos son dueños de la propiedad en que fue descubierto, y ya que andan en una calle que no es la suya, pues…que tontos).
Ernestillo (gracias al nuevo argumentista) ahora es tan idiota que respalda a Memín en que si son ricos, ya no necesitan estudiar, lo que a mi parecer es un muy mal ejemplo estereotipado. Sugiere que vayan por un barril que tienen en la carpintería para llevarse el petróleo, pero antes, Memín quiere tapar la fuga que hizo en la tubería, pero cae de cabeza, quedando tan atontado, que despierta teniendo una de sus vividas y absurdas fantasías.
En el sueño, Memín se cayó en uno de sus pozos petroleros, ya que se ha convertido en todo un magnate, con sus tres amigos trabajando para él. Después de que le va cayendo el veinte, se pone a gritar y dar saltos de emoción. Más tarde, está en la oficina, pidiendo que traigan a Eufrosina, y como en la otra línea Carlangas trata de decirle que hay un inconveniente, el negrito le exige que cumpla su orden (tal vez quería decir que ella había muerto o estaba enferma pero como que ni le dejan terminar…). Parece que Carlangas no tiene intención de cumplir, y a Eufrosina ni le toca salir en esta secuencia. Más bien, se reúne con Ernestillo y Ricardo, revelando que los tres están hartos de la actitud de su patrón y se han confabulado para sacarlo de escena y quedarse con todo. Memín se luce como todo “millonario”, dando malas propinas, limpiándose el sudor de la frente con un billete, lo típico. Ricardo intentaba hacer que cayera por una coladera, pero quien sabe porque él tenia que estar debajo y Memín la tapó sin pensarlo, machucándole los dedos. Después, disponen que le caiga un balde de pintura en la cabeza cuando le daba una mísera limosna a un vagabundo, pero el cálculo falla de nuevo, y es el pobre tipo el que sufre por la ingenua e infantil trampa. De vuelta en la oficina, Memín va a guardar una bolsa de dinero retirado del bando en la caja fuerte. Sus amigos habían planeado poner una trampa explosiva adentro, pero Ricardo la programa mal y les toca ser ellos a quienes les estalle en la cara. Para ser un sueño de Memín, todo esto suena a una muy mala parodia caricaturesca, como si el argumentista se inspirara de animaciones clásicas.
El siguiente plan tiene lugar durante un rodeo. Ricardo se encarga (¿porque él hace todo?), y mientras se lleva a cabo, Memín les dice a Ernestillo y Carlangas, que junto con el güero, son sus mejores amigos y piensa compartir su fortuna con los tres. Ellos se dan cuenta que metieron la pata, y muy tarde, ya que Ricardo enlaza a Memín y lo monta sobre un bravo toro.
Ellos lo regañan y le dicen que él ya les iba a compartir, pero Ricardo hasta come palomitas para disfrutar el espectáculo, al cabo que tienen lo que querían, solo para que luego le hagan ver que el negrito aun no firmaba el documento que los legitimaba. Ricardo se ahoga por la impresión y escupe una roseta a uno de los asistentes, que irritado, arroja a los tres al centro del rodeo, a tiempo para ver a Memín recibiendo un buen cornazo por parte del toro. Ellos tratan de hacerlo reaccionar, que es justo lo que Ernestillo hace en la realidad, terminando con esta tontería.Se disponen a seguir con la toma del petróleo, cuando el policía de antes los ilumina con la linterna y les advierte que están rodeados y que deben salir. Ellos creían que era una redada, pero el tipo admite que siempre tuvo ganar de decir eso. Inquiere sobre que están haciendo, y ellos tratan de ocultarlo, aunque como siempre, Memín mete la pata diciendo que querían ocultar la “evidencia del crimen” (el examen reprobado). Ernestillo explica que lo único que querían era enterrar eso (¿y creen que alguien se va a tragar eso siendo más fácil quemarlo?).Al policía le da curiosidad ver por el agujero y Ernestillo acaba confesando que encontraron petróleo. Memín se enoja con él, creyendo que el policía se los va a quitar, pero cuando éste baja a comprobar, les hace ver que la tubería que rompieron en realidad es del drenaje y ese “oro negro” son aguas negras. ¿Y no se dieron cuenta antes? ¡No se puede confundir el olor del petróleo con el del drenaje apestoso! Hasta en sentido del olfato reprueban estos.
El policía les advierte que deben tapar esa tubería en menos de dos horas o volverá para llevarlos detenidos (¿no se da cuenta que si él se va, ellos pueden darse a la fuga y más tras esa amenaza?). Ernestillo está enojado por los problemas en que Memín lo mete, pero tienen que cumplir con su palabra. Ninguno sabe como reparar la tubería, pero al negrito se le ocurre hacer lo mismo que hizo para arreglar el excusado de su casa (aunque se ve en escena retrospectiva que después éste acabó echando agua tal que arrastraba a Eufrosina), y consiste en pegarle un chicle. A mi me parece una solución muy irresponsable, pero Ernestillo ya ni concientiza nada y pegan el chicle. Habiendo concluido toda esa perdida de tiempo, los dos se van a dormir a sus casas, con Memín aun preocupado por la reprobada.
A la mañana siguiente, despierta encontrando agua por toda la casa. Eufrosina le indica que suspendieron clases por la inundación, y lo pone a ayudarle a sacar el agua. Eso sucede en todo el vecindario, y después de acercarse a un par de chismosas, ellas dicen que alguien rompió la tubería de aguas negras, y Memín reacciona, mostrando muy sospechoso, pero huye sin dar explicaciones convincentes a las señoras. Al seguir sacando agua, la echa por accidente sobre Ernestillo, que le viene a reclamar. Las vecinas alcanzaron a oír y corren la voz, por lo que pronto los dos son perseguidos por una chusma enardecida.
Aun con la correteada sobre el agua, Memín no deja de divisar una revista de lucha libre, pero Ernestillo lo apura a correr, llegando a donde estuvieron anoche. Memín se sumerge, y comprueba que el chicle está en su lugar (incluso lo prueba, alegando que conserva su sabor). El maestro Romero les sale al encuentro, informándoles que la inundación afectó hasta la escuela y se perdieron las calificaciones, por lo que repetirán el examen. En cuanto éste se retira, las vecinas les dan alcance, disculpándose, ya que acaban de apresar a los verdaderos responsables de la inundación (igual y se volverán a inundar cuando ceda el chicle).
De nuevo en su casa, Memín sigue ayudando a Eufrosina a sacar el agua, y aparece el examen marcado como reprobado (¿no se supone que ella no sabe leer?).
Las cosas vuelven a la normalidad, y la próxima vez que hacen el examen, ahora si pasan Ernestillo y Memín (claro que el negrito saca 6). Los amigos se despiden dispuestos a disfrutar de sus vacaciones. Memín se pone conchudo cuando Ricardo ofrece darle aventón aprovechando que el chofer vino a recogerlo.

En la casa Arcaraz, Rogelio y Mercedes comentan de una noticia que quieren darle a Ricardo, pero eso ya lo veremos para la próxima.

lunes, 21 de junio de 2010

Memín Pinguín #395-397

Para recuperar unos aretes de Eufrosina, Memín y sus amigos se meten hasta en la basura (fuera de la basura en que se ha convertido la revista) y acaban viéndoselas con un loco peligroso.

Eufrosina se dispone a tirar a la basura todas las cosas innecesarias del ropero, incluyendo unos viejos pantalones de Memín. Descubre su caja de tesoros más preciados, puras chucherías nostálgicas, en las que destacan unos aretes que le regaló su esposo el día en que le propuso matrimonio. Se viene una retrospectiva pésimamente presentada con diálogos entre torpes y choteadísimos, por no decir que de nuevo no se respetan los diseños de personajes (el padre de Memín se ve como todo un caballero, y se supone que era un risueño empleado de limpia, por no decir tan feo como él, mientras que la joven Eufrosina no está tan delgada como debería ser….y ya que se casaron como una semana después de conocerse, no pudo empezar a ponerse robusta tan rápido). Memín llega y a tiende su pedido de alcanzar al de la basura llevando todo lo desechado. Como él ve los aretes viejos y oxidados, los mete también al bote. Cuando regresa, ella está buscándolos y no le cae en gracia que los haya tirado. Lo manda corriendo hacia el camión otra vez para recuperarlos, pero el negrito no aguanta tanta correteada y un coche casi lo atropella por andar tomando el aire. Tiene que regresarse y como ella le aclara que fueron regalo de su padre, Memín se reactiva y decide ir con sus amigos para que le ayuden. Ernestillo se apunta de inmediato y su padre lo apoya, simpatizando ya que él tampoco querría deshacerse de algo que regaló a su mujer hace tiempo (¿no es un modo de decir que no han podido superar la perdida?).
Más tarde, los cuatro amigos están juntos y emprenden la búsqueda. Ricardo consigue que le den por teléfono el número del camión y la zona en que deposita su basura. Antes de ir para allá, hace que pasen de su casa por un altavoz que les podría servir de algo. Finalmente, llegan al basurero, mostrando a los pepenadores, donde destaca uno muy feo a quien el narrador nos presenta como “El Muecas” porque tuerce mucho la cara y ésta loco. Con el altavoz, Ricardo engaña a los pepenadores, anunciando un desfile de chicas en bikini en cierta dirección, para que se vayan y les den oportunidad de rebuscar entre la basura. Los tontos salen volando y los cuatro amigos se meten, pero no tienen éxito. Los pepenadores no ven ningún desfile y se cansan de esperar al cabo de unos minutos, comprendiendo que les vieron la cara para ganarles con la basura. Cachan a los niños y “El Muecas” ya va a pegarle a Memín, cuando Ricardo se pone abusado, ofreciendo los cien pesos que trae si logran encontrar los aretes. Los muertos de hambre aceptan, aunque no le vean el sentido a buscar algo con tan poco valor. Luego Ernestillo sugiere que ellos se les unan por si logran ahorrarse el dinero (que tramposos, ya lo ofrecieron, deben pagarles aunque sea para premiar su esfuerzo, digo, esos tipos se ganan la vida hurgando en la basura, en verdad que necesitan la feria). No hace falta y “El Muecas” los encuentra, pero cuando se los piden, se rehúsa a entregarlos, exigiendo también su dinero, su ropa y zapatos. Carlangas se indigna y le suelta el golpe impulsivo de siempre. Los compañeros del “Muecas” lo agarran, sabiendo que es muy bravo, y el más viejo les advierte por lo bajo que lo dejan así, ya que estuvo en prisión y no anda bien de la cabeza. Memín tiene un plan y convence a sus amigos de desistir, el cual explica una vez que han puesto distancia con el odioso “Muecas” que se vanagloria ante los demás con los horrendos aretes robados. El plan del negrito es seguir a ese tipejo a su casa y robarle los aretes, lo que sus amigos no consideran muy prudente, pero no ven otra opción. Pronto se les viene abajo la estrategia, ya que “El Muecas” se trapa a un trolebús sin pagar. Carlangas y Ernestillo se montan en otro, mientras que Ricardo y Memín no se atreven e intentan abordar otro pagando, mas no tienen feria, y los sacan a patadas (¿tres trolebuses sin andar esperando? ¿En verdad hay tantos en el D. F? como nunca he ido no podría decirlo, así que no aseguro que esto sea una exageración de las ridículas tramas de la revista). Ricardo decide que ferien el billete que trae, y acaban compartiendo una torta. Después, él se ocupa de llamar a su madre y arreglar todo para que los demás padres no sospechen que se estén metiendo en una empresa peligrosa (¿Por qué Ricardo está haciendo todo en esta trama? Apenas se han notado a Ernestillo y a Carlangas). Sus amigos se les unen, diciendo que “El Muecas” vive en una zona peligrosa y creen más seguro ir ahí hasta que se haga más de noche (¿en verdad creen que un barrio de esos sea menos peligroso en la noche?).
Cuando ya han llegado a la casa de ese miserable, Memín se acobarda, pero como sus amigos le recuerdan que es por los aretes de inestimable valor nostálgico de su madre, se anima y sigue. Dentro de su casa, “El Muecas” piensa darle los aretes a su novia, pero siente que es muy tarde para ir a visitarla. Los niños observan sus hábitos nocturnos, comprobando el mal genio que tiene golpeando la tele nomás por no pasar lo que a él le gusta ver. El tipo se pone a dormitar, y no tarda en tener un estúpido sueño en que la mujer brinca de gusto con los aretes y le da un beso de recompensa. Inspirado por el sueño, decide no esperar más y sale a darle los aretes. Memín y sus amigos lo siguen de cerca, atestiguando como la mujer lo manda a pasear, regañándolo por despertarla a esas horas y negándole la entrada. A Memín se le escapa comentar de lo mandilón que es “El Muecas” y éste alcanza a escucharlo. Carlangas le hace frente de nuevo, pero ahora el malviviente esquiva su golpe y le asesta los suyos. Memín le arroja lodo a la cara, y Carlangas aprovecha para correr. “El Muecas” no soporta la persecución y vuelve a su casa. Los cuatro amigos insisten en hacer lo mismo, y hacen un sorteo de a ver a quien le toca tomar los aretes mientras está dormido. Memín es el afortunado, pero “El Muecas” se despierta en cuanto se le acerca. Los otros vienen en su auxilio, atacando al hombre entre todos. Por fin Memín toma los aretes y huyen. Apoderándose de un palo, “El Muecas” los persigue, arrojándolo hacia el negrito y por poco le da. Después, derriba a un poli nocturno para quitarle su bicicleta y así seguir más fácil a los chiquillos.
Memín llega a su casa victorioso, devolviéndole los aretes a Eufrosina, que los lava para quitarles el mal olor de la basura. Ricardo propone que vayan a su casa para bañarse y no saben que hasta allá los siguió “El Muecas”, esperando hallar a Memín para quitarle los aretes. Los chicos se bañan y después están comiendo con los Arcaraz, comentando sobre el lío en que se metieron con “El Muecas” y el padre de Ricardo recuerda ese mote, revelando que es un asesino que escapó de prisión. Cuando Memín, Ernesillo y Carlangas se despiden de su amigo y salen, llega “El Muecas” en bicicleta, agarrando a Memín. Ricardo se une a los demás para ayudar a liberarlo, mientras el señor Arcaraz llama a la policía. La patrulla acude enseguida y “El Muecas” es aprendido. Memín se aprovecha para insultarlo en su cara, irritándolo más, pero esto es muy ni al caso ya que no pudieron hacer ni siquiera un buen chiste de despedida. Siguen los aburridos y tediosos procedimientos judiciales en la delegación, y los chicos acaban durmiéndose. Memín sueña con uno de los perros de Ricardo con cara de “El Muecas” y despierta sobresaltado. Al llevarlos a casa, el señor Arcaraz aclara que aquella nota del escape del tipejo fue hace unos años, y se achacaba a que recibió ayuda de un guardia, usando el termino “custodio”, que Memín utiliza para hacer una de sus clásicas referencias de ignorante. Lo raro es que no han pasado ni al día siguiente y ya ponen en un cuadro el encabezado de la captura de “El Muecas” que salio en todos los periódicos del país (oh, por favor, no tenia la clase del asesino cuya captura le importa a la chusma morbosa). Sus amigos acompañan a Memín a la entrada de su casa, y éste bromea sobre la próxima vez en que les pida ayuda para buscar entre la basura, recibiendo los coscorrones de siempre.


De sopetón, recuerdan que mañana es el examen final de matemáticas y no estudiaron por andar de pepenadores. Pero como salen de este improvisado predicamento, será en la siguiente secuencia, aun peor que esta.

lunes, 14 de junio de 2010

Memín Pinguín #392-394


Despues de que Memín celebra su cumpleaños por primera vez en la vida, aparece un supuesto tio suyo que los lleva a él y a los demás a un viaje a Veracruz para reclamar una herencia que su padre le dejó, entre una serie de situaciones chuscas.

Romero y Patricia les confian a Ricardo, Carlangas y Ernestillo lo que planean y que Memín no debe saber. Despues, Romero expresa su deseo de que Ricardo y él vuelvan a ser amigos, pese a que en ningun momento se disgustaron por el embrollo de aquella ofrecida que ni volverá a mencionarse. Ya sola la pareja, Patricia se preocupa exageradamente de que no les salga su plan, como si estuvieran ocultando que el negrito tiene una enfermedad terminal o algo así. Romero asegura su mujer no preocuparse y que todo saldrá bien (¿ven a lo que me refiero?).
Al siguiente día, Memín es sacado de su sueño de fealdad por Eufrosina, que lo apura a largarse a la escuela. El negrito distingue que ese día particular está marcado en el calendario, pero en vez de explicarle, Eufrosina lo echa por la puerta, aunque luego se pone a llorar. Memín anda desanimado en la escuela, intrigado por lo que ella le oculta y que significa esa fecha, y cuando ve a sus amigos, ellos acaban demostrando que saben más de lo que deben, pero como juraron guardar silencio, torpemente intentan disimular. Insistente como siempre, Memín quiere sacarles la sopa, pero llega Romero y la clase comienza. En el recreo, ellos se apuran a salir para que Memín no tenga oportunidad de insistirles, e intenta congraciarse con Romero, pero él tambiín le saca la vuelta.
Memín se la pasa haciendo travesuras en el resto de la clase, tratando de llamar la atención de sus amigos, que por andarse con el secreto, lo aguantan sin regañarlo. A la salida, echan a correr, escondiendose en un bote de basura cuando el negrito intenta seguirlos. Al no encontrarlos, Memín se entristece, y supone que todo mundo lo rechaza, asi que no le queda más que vivir en las calles. Encuentra lugar bajo un puente e intenta meterse en un bote de basura para dormir, pero sale cuando encuentra una rata (ahora no le gustan tanto como la ultima vez que creyó haber sido exiliado). Intenta hacerse cobija con unos periodicos, descubriendo a un vago autentico, quien al principio lo toma como una alucinación provocada por el alcohol para unos cuadros despues aclarar que no toma (¿miente o el torpe argumentista ya no sabi ni lo que dicen en el cuadro anterior?). Como suele suceder, el vago se solidariza con Memín, y procede a contarle sin muchos detalles en que basicamente cuenta que acabò así por disgustos familiares, aconsejandole no seguir ese camino. Supone que su familia podria estar preocupada por él y Memín sufre al imaginar a Eufrosina así. Y justamente ella anda sufriendo en ese momento, pero sólo por no poder celebrar su cumpleaños, ya que es tan pobre que no puede darse el lujo, y así ha sido desde el principio. ¿Eso es todo? Es la excusa más estúpida que he oido para no celebrar un cumpleaños, y más cuando tienen tantos amigos con quienes pueden contar. Si hubiera salido con algo como, que el cumpleaños de Memín es el mismo día en que murió su padre, pues eso si se los paso, pero esto no. En serio, este argumento no convence a nadie. Memín le cuenta al vago que ahora recuerda que ese día es su cumpleaños y nadie se ha acordado, y éste llora, opinando que su historia es más triste que la suya (todo lo que dice este vago está bien zafado, no sabemos si no puede hablar en serio o en verdad hay un descuido de sentido y congruencia de dialogos muy serio). Le ofrece un humilde pastelillo que compró, poniendole vela y todo, para que celebre su cumpleaños y pida un deseo. Memín desea tener un padre y después de comer, le da las gracias y vuelve a su casa. Sin embargo, apenas está llegando, cuando otra vez lo atormentan presentimientos de rechazo, y decide subir a la azotea para suicidarse (¡en serio que esto es muy incongruente! Es como si los personajes escribieran y dijeran lo que están escribiendo un montón de argumentistas en turno que no tienen un comun acuerdo). Aterriza sobre la espalda de Romero, quien está muy aturdido para captar la barbaridad que intentó cometer. Finalmente, le dice que al fin sabrá lo que han estado ocultando, y le pone una venda en los ojos, invitandolo a pasar a su propia casa, donde, predeciblemente para todos menos para el idiota de Memín, sus amigos le han preprado una fiesta sorpresa. Eufrosina les da las gracias a Romero y su esposa por todo, y ellos replican que todo fue en agradecimiento por salvar su relación (¿o sea que si no no? ¡Y Memín no hizo nada! A menos que aludan al pasado en que fue por su intervención que se unieron, pero ya ni quien se acuerde de eso). Memín recibe feliciaciones de todo y le ponen a soplar las velitas para pedir otro deseo. Antes de poder hacerlo, tocan la puerta y Romero anuncia que buscan al negrito. Sale corriendo, encontrandose con un hombre que lo llama “¡Hijo!”
O al menos eso nos hacia creer al final del #392. No, en realidad, despuès de darle muchas vueltas al asunto, aclara que dijo “¡Jijo!”La presencia del desconocido desconcierta a todos, en especial a Eufrosina, y su actitud de meterse y servirse pastel muy campante no ayuda nada. Despúes de paginas de cavilar innecesariamente, los amigos de Memín comprenden que no puede ser su padre, ya que éste está bien muerto. El hombre dice ser el hermano de su padre, y Memín comenta que pensaba que iba a salir con algo como que era su tio. Despues de reprocharle su tremenda ignorancia (que el negrito intentaba achacar a las deficientes enseñanzas de su maestro, acordandose al ultimo momento que Romero andaba por ahí). El “tio”revela que la razon de su presencia es entregar cierto papel a Memín que dejó su padre, pero Eufrosina se cansa de sus confiancitas y lo aturde de un bofetón. Discretamente, los invitados se retiran para dejar a los Pinguín atender el asunto familiar. El “tio” insiste con entregar lo que dice que es el testamento de su padre, pero Eufrosina sabe muy bien que él era muy pobre, por lo que no es posible que le dejara algo. Lo apuran a que se largue y éste se vuelve a advertirles que partirá a Veracruz al siguiente día, para que lo piensen. Ya solos los dos, Eufrosina admite que se parecia mucho a su padre y luego que ven el papel, donde dice que les dejó una fortuna, igual no le da importancia y lo hace cachitos, considerando que ni les dijo donde debian ir a recoger la dichosa herencia. Memín se entristece, queriendo ser millonario, y se duerme pensando en eso. Tiene lugar un sueño en el que habla con su padre, preguntandole de como conseguir esa herencia para salir de pobres, y así compensar su “abandono”. Por cierto que el diseño del padre de Memín no se parece en nada al que nos llegó a pintar Don Sixto. El sueño termina abruptamente antes de que pueda decirle, cuando Memín sienta la presencia de un intruso en la casa, al que Eufrosina descuenta con un sartenazo en la cabeza. Al percatarsde de que es el “tio”, intentan reanimarlo, pero el hombre ha quedado muy aturdido, y no se acuerda de la herencia por la que le preguntan.
Al dia siguiente, Memín comparte con sus amigos la pena de haber perdido esa oportunidad porque el “tio” quedó tarado (¿y no le preocupa que en esa estado y siendo familia van a tener que cuidarlo? Le han arruinado y se han arruinado la vida a la vez). En la clase, Romero iba a aplicarles un examen de Geofrafia, y es entonces que Memín comprende que el “tio” iba a ir a Veracruz, y no a “ver a Cruz” como él suponia, concluyendo que ahi podrá reclamar la herencia. Trata de darse importancia por su deducción brillante ante sus amigos, pero ellos lo coscorronean porque cualquier otro se hubiera dado cuenta enseguida. Memín pide a Ricardo que hable con su padre para costearlos el viaje hasta allá porque está lejisimos, y aunque titubea, al final lo convencen. Y ni vemos como le hizo, pero bastó con decirle que era por una “causa noble” (y cuando tienen problemas economicos de verdad ahí si andan con que no quieren molestar a los Arcaraz solo por ser adinerados ¡que imbeciles!). Llega el día de la partida, y ya andan todos en la estación. El “tio” sigue indispuesto, y como salen con que nomás alcanzaron a pagar cinco asientos, uno de ellos no podrá ir. Memín opta por envolver al “tio” con periodico y mandarlo en calidad de equipaje. El viaje a Veracruz transcurre sin problemas, fuera de los gritos del “tio” empaquetado ante cada parada brusca. Eufrosina se emociona por volver a su tierra natal (¿cuando dijeron que ella era veracruzana?) y se suelta llorando. Habiendo llegado a su destino, les dan su paquete, que al abrirse y revelar al aturdido “tio”, Eufrosina regaña a Memín por su acción tan tonta. Despues de eso, viajan en taxi, pero como saben a donde deben ir, el conductor se indigna y se pone a leer al periodico hasta que por fin el “tio” reacciona, guiandolos al malecón. Conduciendo como loco, los lleva hasta ahí, y el “tio” señala al faro, indicando que es el punto donde recibirian la herencia. Creo que a estas alturas es obvio que el señor no está bien de la cabeza, pero los amigos de Memín son tan tontos que suponen que ahí pudo haber escondido el dinero. Piensan en como llegar y el negrito sugiere que vayan nadando, pero ellos sólo señalan su estupidez, espetandole que él ni sabe nadar (ERROR DE CONTINUIDAD, hemos visto a Memín nadar en varias ocasiones, pero es obvio que el argumentista no). El “tio” consigue un bote para que lo aborden, y los cuatro suben, mientras Eufrosina se queda descansando, con sombrilla y gafas de sol que quien sabe de donde sacó. Al arrancar el motor del bote, Memín hace que el “tio” se caiga, pero ellos no se detienen a volver por él y siguen rumbo al faro, despidiendose de Eufrosina (quien no vio nada o es muy tonta al dejar ir a cuatro niños en un bote sin supervisión adulta).
Ahora, una secuencia muy secuencial de estupideces cometidas por Memín. Para empezar, insiste que lo dejen manejar, y ocasiona que la cosa se desprenda y queden varados en el mar, quedando muy retirados como para que alguien venga en su ayuda, a merced del sol, la subsecuente sed, y los tiburones acechando. Despues de lloriquear un rato por la falta de agua y con sus amigos impidiendole tomar del agua del mar, Memín encuentra una botella con agua purificada, creyendo haber encontrado la salvación. La riega de inmediato, y literalmente, vaciando su contenido en el mar, para usar la botella para enviar un mensaje de ayuda (ese metodo nunca funciona, la ayuda puede tardar años en llegar y no sirve si no dan las coordenadas). Sus amigos se echan sobre él, reptiendo una escenita tipica de nubecita de polvo mientras se lo suenan por ser tan tarado. Y no termina ahí. Memín revela tener papel y pluma para enviar el mensaje que quien sabe de donde sacó, pero la pluma se le escapa de las manos y cae al agua. Insiste en ir a recogerla, y sus amigos no pueden detenerlo, mortificados porque no sabe nadar y se acercan los tiburones. Para no saber nadar, Memín logra llegar al fondo por la pluma, pero le sale un tiburón, que recibe el golpe de un zapato arrojado por sus amigos (creo que el ignorante argumentista no sabe que arrojar objetos de ese tamaño no implica un golpe contundente ante la presión del agua en la profundidad, no a menos que lo arrojaran con una fuerza descomunal, que no podria ejecutar ninguno de los muchachos). Logran alejar a los demàs tiburones y Memín sube a la superficie, aunque recibe el golpe del ancla sobre su cabeza (eso si hubiera alejado a un tiburón). Ernestillo procede a escribir el mensaje, pero la pluma queda inservible por la mojada.
Ahora consideran usar un remo, y viendo a Memín, lo agarran, utilizandolo como tal, hasta que consiguen regresar al malecón, donde la ingenua Eufrosina los esperaba. Sacuden y exprimen a Memín para sacarle el agua de mar que bebió cuando lo usaban como remo, y deciden no contarle nada de su peligrosa (e inutil) travesia a Eufrosina. El “tio” se ha quedado congelado en su lugar, señalando al faro. Entonces, llegan miembros de un hospital psiquiatrico para llevarselo, revelando que era un interno que siempre se anda escapando y arrastrando a la gente con su cuento de la “herencia”. Segùn esto, nunca habia llegado tan lejos (¿del DF al Veracruz? ¿Un paciente mental fugitivo? Huy, eso si es insólito, y muy irreal como todo lo que pasò en esta trama absurda si me lo preguntan), y que ellos rondaban por ahí porque saben que le gusta pasarse horas contemplando el faro.
Eufrosina lamenta no haberlo reconocido, pero en verdad su memoria es pesima aun para acordarse de la familia de su esposo. A pesar de todo, ven el lado bueno de que pudieron viajar ahi y permitirse el conocer esa tierra. Asi que deciden turistear y pasarsela bien hasta que toca regresar a la ciudad. Tras despedirse de sus amigos, Memín asegura que le basta con tener a su má linda y no necesita más familiares (¿pero que no habia sido todo por el dinero? mira con el chaparro interesado, no le importaba saber más de su padre).

Eufrosina va a su habitación y despuès de que le caen encima las cosas del viejo ropero, decide darle su limpiada al día siguiente, o más bien, en la próxima secuencia.

lunes, 7 de junio de 2010

Memín Pinguín #389-391

Una nueva maestra en la escuela ocasiona problemas a Romero mientras Ricardo trata en vano de consquistarla. Aburrido.


Memín y sus amigos regresan a la escuela despuès de su desastroso debut como banda musical, de nuevo a las aburridas clases de Romero. El portero, que quien sabe si siga siendo el viejo Melquiades que raras veces salía o si al fin lo cambiaron, se perturba ante la llegada de una rubia impresionante, que se dirige a la direcciòn sin esperar una invitaciòn. El director la recibe, igualmente impresionado, y ella se presenta como la nueva maestra, Laura (ni apellido dijo), excusando su llegada tardia por el trafico. Mientras tanto, la clase de Romero sigue, con Memín importunando a Ernestillo. El director y la maestra Laura tocan a la puerta, interrumpiendo la clase de Romero sólo para presentarla (lo que parece muy impropio, por más que se haya tardado no se interrumpen clases para presentar maestros nuevos, ni que fuera inspectora escolar o un cargo de verdad importante). Todos los chicos quedan cautivados por su belleza, en especial Ricardo, al grado de andarse distrayendo en la clase cuando Romero la reanuda y se gana un buen regaño. Llega la hora del recreo y todos se van a jugar, menos Ricardo, que deja volar su imaginaciòn. Sigue una corta pero aburrida secuencia de fantasia en que a su princesa (la maestra) ya la reclamó una ridicula parodia de Memín, quien precisamente le habla en ese momento, devolviendolo a la realidad. Declina la invitaciòn de unirseles a jugar, nomás para seguir pensando en la rubia. Romero se entretiene en el salòn adelantado su siguiente clase, cuando la maestra Laura va a interrumpirlo, coqueteando descaradamente, pero la rehuye sin pensarlo mucho (y con una brusquedad que no caracteriza al Romero que soliamos conocer, pero en fin, hay que aceptar que ese no va a volver nunca). La rubia toma el rechazo como un reto y una invitaciòn a seducirlo por puro orgullo.
Pasan los dias y hasta ahora los amigos de Ricardo se preguntan que pasa con él porque ya casi no pasa tiempo con ellos. Carlangas propone que lo visiten en su casa y a eso mismo día van, encontrandolo bien inspirado, escribiendole poemas a la maestra Laura. Intenta disimularlo, pero al final, acaba admitiendo que está prendado de ella, y ellos mejor le preguntan sobre como va con los versos en vez de hacerle ver la imposibilidad de que una mujer asi pueda fijarse en un mocoso (por no decir que si lo hiciera, seria una relaciòn ilegal y ella acabaria en prisiòn). Como Ricardo solo pudo componer una linea, propone copiar versos de poetas de verdad, y sus amigos se le unen, seleccionando una cada quien de diferentes autores a ver que resulta (¡pero eso es plagio!). Todo esto está como que ni al caso, aunque sirve para hacer referencia a poetas celebres. Memín escoge uno de Gonzales Martinez que suena más a una amenaza que una declaración de amor y lo reprenden. Ricardo lee el que escogió, supuestamente compuesto por el señor Arcaraz y dedicado a Mercedes (aunque como dice que se lo “escuchó” me sorprende su buena memoria). Sus amigos lo aplauden, dejando de lado la etica de que hacer uso de algo dedicado a alguien más, menos Memín, que se queda curioseando los estantes de libros y ni le puso atención.
Al dia siguiente, la maestra Laura llega tarde por culpa del transporte publico, esperando que al casarse con Romero, el le compre un coche (si pudiera darse ese lujo, no seria profesor, ademas, ya deberia saber que él conduce una carcacha). El director se ve obligado a ocupar su lugar en el salón y la reprende por su tardanza, echandole en cara su irresponsabilidad, apuntando que ni un solo día ha podido llegar temprano. Ricardo anda nervioso en el recreo, preparandose para entregarle el papel donde escribio su poema, y sus amigos lo animan (cuando deberian desalentarlo). En su respectivo salón, ella se arreglaba para ir a coqueterarle de nuevo a Romero, pero se fuerza a ser amable y recibir al impertinente mocoso, detectando de inmediato que está enamorado de ella y puede usar eso a su favor. Con sutileza, logra que él le diga que Romero no está disponible sino bien casado, pero igual es una mujer sin escrupulos, y la información la anima a buscarlo más. Ricardo entrega el papel y sale corriendo, reuniendose con sus amigos, sólo para ver que en vez del poema plagiado, le dio su tarea, que era la descripción de una bruja (¿que clase de tarea para niños de sexto de primaria es esa?). Así que a la rubia le toca leer una descripción nada que ver con ella, al menos esteticamente. No le da importancia, consciente de que el chico se equivocó, y cuando vuelve finge no haber leido nada, preguntandole su nombre y dejandole leer en voz alta su poema para darle confianza, invitandolo a volverse a pasar por ahí al día siguiente. Hasta la hora de la salida Ricardo pone al tanto a sus amigos, muy emocionado y sin sospechar de las maldades que planea esa mujer. Ella trata de treparse en el coche de Romero, pero él la manda de paseo otra vez. La rubia se indigna, empeñada en que lo conquistará, sin importarle que sea pobre y casado. Despues siguen unos cuadros para mostrar lo feliz que es Romero con su esposa y su hijo (¡aburrido y cursi!).
Pasamos al dia siguiente, y Ricardo se viene muy elegante a la escuela, apestando a loción, decidido a declararsele a la maestra que no es nada pedofila. Sus amigos miran todo desde la ventana, y Ricardo se pone a hacerle platica y ella le pide que la tutee porque no es tan vieja. Al poco rato le pide de casualidad la dirección de Romero para que la oriente con unas cosas que no sabe por ser nueva y eso, y tontamente, Ricardo le escribe la dirección. La maestra Laura lo invita a a un helado al día siguiente, una aparente “cita” en que los amigos de Ricardo insisten en andar de mitoteros. Precisamente, Memín echa a perder el “momento romantico” de la declaración de Ricardo al estornudar cuando estaba a punto. Pasan días con la maestra que ya hasta da clases extracurriculares a Ricardo (¿con que objeto? Ya consiguió lo que queria). Tambien se ve que ella ha estudiado los habitos de Patricia, lo que le deja ver su oportunidad de encontrar solo a Romero en casa a la hora en que ella suele salir llevandose al niño. Ricardo se extraña de no hallarla en el salón un día equis. Tomando un taxi, Laura llega a tiempo para cumplir su empresa, y asi se le echa al maestro, dandole un beso ante los ojos de Patricia, que había regresado. Por supuesto, ella malinterpreta la situación, toma al niño, y abandona la casa. La rubia pierde completamente su compostura, mostrandose patetica al mendigar el amor de Romero, y acaba yendose bien indignada. Toda esta semana se me hace fusilada de cualquier telenovela, pero los dialogos son tan torpes, que no dan mucha emoción que digamos.
Los cuatro amigos batallan con las matematicas, y Ricardo sugiere que de paso vayan con Romero para que les explique, y a él le de consejos para conquistar a Laura (lo que le aconsejaria es alejarse de ella o la meterá en problemas). Encuentran al maestro muy abatido y ni las tonterías que dice Memín aligeran la tension. Sollozando, Romero les cuenta que Patricia lo ha dejado, y procede a narrarles como todo es por culpa de la coquetaría descarada de Laura. Hasta ahora le cae el veinte a Ricardo que ella lo usó y que jamás se iba a enamorar de un mozalbete. Romero lo anima, ya que apenas le fueron con el chisme de que andaba tras ella, y despuès de eso, pasan a ver que pueden hacer para que Patricia se contente. Memín encuentra el numero de la casa de la suegra, y la llama, logrando que le pase a Patricia, pero como ella supone que Romero lo mandó, no hace más que enfadarse más. A pesar de todo, Romero los invita a comer para no desperdiciar nada. Memín se trepa a la cuna del pequeño Rubén, envidiando la vida de los bebes y se echa una siesta, teniendo un absurdo sueño. En éste, el negrito sale como un personaje de cuentos, comiendo la casa de chocolate de una bruja, que en venganza, lo convierte en niño de chocolate. Despues, se transforma en hada madrina (con la imagen de la maestra Laura) e invita a las versiones de sus amigos a comerselo. Carlangas va a darle la primera mordida y Memín acaba gritando, y sus amigos responden, sacandolo del sueño. Después, viendo que es tarde, deciden irse a sus casas. En el camino, de casualidad, hallan a Laura en una cafeteria, platicando con una amiga. Improvisadamente, se les ocurre una idea. Dejan a Memín vigilando mientras los otros corren a casa de Ricardo para hacerse con la grabadora, y asi poder grabar las palabras de la mujer al ufanarse de haber destruido la familia de Romero (hasta llama “amigui” a su amiga para hacerla ver más como una frivola mujerzuela). Con su confesión grabada, corren a darle la buena nueva a Romero, y luego a Patricia, y encima planean algo más. Al dia siguiente. Memín entrega un recado a Laura de parte de Romero en el que le pide que se vean, y ella cree que al fin cayó, pero no, todo era un plan para humillarla, enseñandole una foto amplificada de él besando a su esposa. Indignada de nueva cuenta, la zorra sale de cuadro y ya no la vemos más en la revista. Este “plan” para humillarla lo planearon demasiado para ser algo tan simple y obviamente sacado de la manga. Romero y Patricia les dan las gracias por haberles ayudado, hasta que se dan cuenta que Memín no anda, ya que según Ernestillo tenia algo que hacer. Ellos consideran que es lo mejor, porque no quieren que se entere de una cosa.

Y dejandonos con la intriga de a que se refieren, se dan los indicios para la siguiente secuencia.

lunes, 31 de mayo de 2010

Memín Pinguín #387-388


Una visita a una estación de radio acaba por presentar una oportunidad para Memín y sus amigos de ingresar al estrellato como una improvisada banda musical. Sobra decir que la fama no les dura ni un instante.

Habiendo resuelto (o más bien haber perdido el tiempo en) lo de la secuencia anterior. Eufrosina lleva a Memín y sus amigos a la estación XEW. Les dicen que se dirijan al estudio 6, pero en el camino, se separan de Eufrosina. Memín se pone sangrón y ya trataba de que Carlangas lo llevara de caballito, pero éste no tarda en arrojarlo al suelo. En un cuarto donde están al aire, los regañan, y Memín demuestra no estar enterado de cómo funcionan las estaciones y sus programas. Sus amigos le insisten a que alcancen a Eufrosina, y Memín se queja de que ya no puede caminar más (con lo poco que se valora la radio hoy en día, las estaciones no pueden ser así de amplias ¿o si?). Recorriendo los pasillos, Memín divisa a diferentes celebridades regionales. Perdonen mi ignorancia, pero si él los reconoce, yo no (solo uno que parece ser Pedro Infante), y no mencionan sus nombres, tal vez por no tener los derechos o no involucrarlos de más en esta basura de revista. Les dice a sus amigos que ahí no pasa el tiempo (¿eran fantasmas? Si reconociera a todos los que salieron podría decirlo, pero no, lo siento). Por fin llegan al estudio 6, pero están confundidos, inseguros sobre si será ahí o no, y se desconciertan más al ver que el programa es uno llamado “El aficionado”, patrocinado por un producto de jabón (que para acabar se llama “Espuma Feliz”). Como Eufrosina no está ahí, suponen que se equivocaron de estudio. Tratan de salir, pero el portero se los impide, ya que nadie sale hasta que el programa termine. Les aclara además que ese es el estudio 9, y que algún chistoso puso al revés el letrero. Memín se pone grosero, pero le tapan la boca y no les queda más que resignarse a ver el programa, que presenta a una serie de aspirantes a cantantes muy desafinados. A uno de ellos le toca cantar con el micrófono desconectado. Memín le ayuda conectándoselo, pero eso produce una descarga eléctrica que lo deja indispuesto para continuar (si no fuera porque Memín lo hizo no tendría sentido que uno se de toques así, pero cuando se es bueno para tener u ocasionar accidentes desafortunados…). El locutor pide a alguien del público reemplazarlo, justo cuando los amigos de Memín tratan de sacarlo, creyendo que matará a alguien. En su intento, lo lanzan sobre el escenario, y sin querer, lo comprometen a ser el sustituto del que casi muere electrocutado. Memín pide que lo anuncien como “Memín y su trío”, arrastrándose a sus amigos a esa vergonzosa presentación. Ellos se enfadan, pero no les queda más que tomar los instrumentos que tienen a la mano y tocar. Apenas y se ve lo que tocaran, cuando el locutor anuncia su triunfo en el siguiente cuadro, y de premio ganan una dotación de detergente, que para Memín es una gran recompensa para ahorrarle mucho a Eufrosina con lo que necesita para la lavada. Salen y se encuentran con Eufrosina, mortificada por haberlos perdido, pero ya se los llevaba para volver a casa. Un hombre los retiene, y Memín lo toma por un policía que descubrió su “intento de homicidio”, pero éste se presenta como Arturo López, un representante artístico interesado en ellos, ofreciéndoles un contrato. Eufrosina se niega a consentir que su hijo se dedique a eso. Entre los amigos de Memín intentando disuadirla y la presión del representante asegurando que podría acompañarlos en la gira, ella considera que con la oportunidad que ofrece de viajar, podría visitar a su pueblo añorado, logran convencerla de firmar.
La gira comienza…de inmediato, en la siguiente pagina (¿mismo día? Si es así, ya fue un día muy largo, ¿no creen?). A bordo de un camión y por un camino en malas condiciones, los chicos y la señora van a la primera presentación. A Memín se le sube la “fama” (que ni ha comenzado) a la cabeza muy rápido, y ya se cree y viste como estrella. Protesta ante el deteriorado lugar en el que tocaran, pero el representante no hace caso y les indica donde se hospedarán. Memín se aprovecha brincando en la cama y queriendo acaparar la ducha, al grado de que lo echan fuera. Llega la hora de la comida, donde Memín se manda, esperando que le sirvan caviar y champaña, conformándose con los huevos con jamón. Ricardo les decía a los otros que le tuvieran paciencia, pero él mismo pierde los estribos ante tanta impertinencia del negrito, demostrando que nadie puede aguantarlo mucho tiempo. Se alistan para la tocada, que no dura mucho y tiene muy pocos asistentes. Memín exagera al recibir las ovaciones y ante su actitud, Ricardo le arroja una maraca. Por hacer una reverencia, el negrito la elude y ésta golpea en la cara a un asistente, enfureciendo a sus amigos y se lanzan a darles su merecido a los músicos (parece que todo era un pueblo rural, con gusto por los pleitos). La turba enfurecida los obliga a correr junto con Eufrosina de regreso al camión, y sólo hasta que han vuelto a la ciudad, notan que dejaron varado allá al representante. No pierden tiempo preocupándose de ello (¿y que pensó Eufrosina de todo el asunto? ¡nada! ya ni se le vio hacer ni decir nada, en verdad que de pronto le dan un uso muy mediocre a este personaje en sus participaciones) y se van a casa, aunque Memín se queda embobado admirando a una bella mujer, que es un indicio de lo que sigue.