viernes, 5 de agosto de 2011

Memín Pinguín #437-439

Eufrosina decide hacerse la liposucción con resultados desastrosos que ponen en riesgo su vida. ¡Ahora si lo he visto todo!

El partido de beisbol entre los cuatro amigos termina y pasan a otro día, justo al final de otro partido. Memín sale con sus tonterías antes de despedirse y largarse a su casa. Encuentra a Eufrosina viendo a la modelo “Ninel Duque” por televisión, envidiando su figura al sentirse menos (¿o más?) en comparación. 

Demandando comida, su retoño consigue que se olvide de momento de su tribulación.
En casa de Carlangas, Isabel está por terminar de limpiar cuando es interrumpida por Mercedes, invitándola a una pasarela de modas del famoso modista Pierre Cárdenas que estará únicamente ese día en la ciudad. Isabel deja un recado para Carlos y se une a ella para asistir al evento, decidiendo que primero pasarán por Eufrosina. Como de costumbre, ella se encuentra lavando la ropa de una clienta (la Dra. Lemus, a quien luego conoceremos). Le cuentan como está la cosa y la invitan pero Eufrosina vacila al considerar que no tendrán ropa que le quede o la haga lucir bien, excusando que tiene que terminar su trabajo. Mercedes le deja una tarjeta para que pueda entrar si cambia de parecer (pese a que el evento está por comenzar en una hora, tienen cuidado de indicar que el tal Pierre Cárdenas suele ser impuntual). Necia, Eufrosina las ve irse y sigue trabajando aunque no deja de sentir curiosidad por ver el desfile de moda.
Pasamos a Memín que se despide de sus amigos tras echarse una cascarita, recordando que tiene que hacer la tarea. Inmediatamente, nos llevan a la casa de los Arozamena donde Carlos encuentra el recado de Isabel y Carlangas no tarda en llegar, anunciando que él ya fue enterado porque (fuera de escena) Mercedes había ido a buscar a las otras madres a la escuela. Creo que está explicación de más, desperdicia una página entera que ni al caso.
De vuelta con Memín, como ya sabe sobre la pasarela, asume que Eufrosina andará por allá, sorprendiéndose al encontrarla limpiando. Acomedido como suele ser cuando se trata de su má linda, Memín ofrece terminar de lavar la ropa para que se de el lujo de asistir (y todavía darse un baño ¿Cuánto tiempo ha perdido ya vacilando?).

Conmovida, Eufrosina le agradece y se alista con su mejor vestido que compró en Nueva York (al menos se acuerdan de ese clásico evento). Memín ya está listo para acompañarle pero ella le advierte que esos eventos son sólo para mujeres (y para ciertos “hombres” ¿no?), conformándose con conducirla (más bien empujarla) al camión.
En el evento, Mercedes e Isabel se impacientan cuando por fin el modista se digna a aparecer (pero si ya tenía esa fama, deberían de habérselo esperado). Por supuesto, es el típico francés con acento remarcado y toda la cosa (pero que no se sabe ni una palabra de francés). Al mismo tiempo, Eufrosina entrega su tarjeta en la entrada para que la dejen pasar. El encargado la admite pero se traslucen sus maliciosos pensamientos sobre su desconocimiento de exhibiciones de balones playeros en el lugar.
De vuelta con Pierre, está por salir la primer modelo pero en su lugar es Eufrosina quien se pasea por la pasarela, despertando risas y comentarios burlones de parte de las asistentes.

 Muy avergonzada (aunque no tanto como el modista por el breve momento en que parecía haber bajado considerablemente los estándares de sus modelos), toma asiento con sus amigas y disfrutan del resto del evento. No nos muestran mucho, apenas un minivestido para lucir en la discoteca (¡Wow! Ese modista si que está super anticuado). Mercedes e Isabel se entusiasman ante tantos vestidos y prendas que les sentarían increíbles mientras que Eufrosina sigue lamentando no tener la figura apropiada. Ellas la animan en el regreso, comentando que hay prendas para todas las tallas y con modos de pago muy accesibles.
Al día siguiente, Memín y sus amigos comparten impresiones sobre el entusiasmo de sus madres por la ropa (para que hablen de esto, quiere decir que se les acabaron los temas de conversación). Sólo Memín no tiene nada que decir ya que Eufrosina se abstuvo de comentar, lo que de algún modo da pie a que Ernestillo imagine como luciría su madre con ropa como esa (okay, es oficial, el chiquillo está traumado porque estoy seguro que si me acordara de mi madre muerta, lo que menos imaginaria de ella es como lucirìa con ropa de modista).
Presentan a la Dra. Lemus, la cual no está muy contenta al ver el mal estado en que dejaron su ropa, decidida a quejarse en la cara de Eufrosina, ignorante del lio que hizo sin querer su retoño (¿acaso no se molestó en checar la ropa antes de entregarla?).
De regreso con los mocosos, estos ahora se acuerdan de Diana, creyendo que sería una excelente modelo. Memín trata de bajarles los humos a sus amigos al señalar que las modelos son mayores de edad pero Ricardo señala que también existen los desfiles de modas infantiles.
 Memín se imagina en voz alta a si mismo de la mano con Diana en uno de esos eventos, logrando que Carlangas y Ernestillo se burlen al considerar lo ridículo que se vería (y que lo digan).
La Dra. Lemus llega con Eufrosina, recibiendo las quejas y dándole una sentida disculpa. A la lavandera le da por ponerse a divagar, contándole a la mujer lo que hizo y lo ingenua que fue al ilusionarse con ropa que nunca será para ella. Lemus tiene una idea diabólica y la ofrece ayudarla haciéndole una liposucción, alegando tener la habilidad para efectuar ese tipo de operaciones. Tras explicarle en que consiste, Eufrosina se imagina a si misma delgada con una figura envidiable (no creo que las lipos funcionen así, solamente extraen la grasa pero no pueden realzar la figura que normalmente se obtiene con ejercicio moderado y una buena alimentación) pero no lo cree posible al carecer de los medios para costearlo. La Dra. Lemus le ofrece una “cuota honoraria” y en eso, son interrumpidas por la aparición de Memín. Eufrosina la toma contra él, tomando la tabla para castigarlo por su descuido.
 Es salvado por la doctora, adoptando una actitud comprensiva (alegando que se debe a que practica yoga y está en armonía con el universo) para dejar pasar el descuido. Vuelven al tema que las ocupa después de que Eufrosina manda a Memín a volar (más bien a ver la tele o ver si ya puso la marrana y éste opta por lo primero cuando se acuerda que tiene que hacer la tarea). La Dra. Lemus le pone la “cita” a Eufrosina para operarla y se retira. Al traslucir sus pensamientos mientras va en su coche, se pone en evidencia que esta mujer no ha practicado una liposucción en su vida, creyéndola una operación muy sencilla que le servirá para practicar con otras gordas desesperadas y así hacerse de mucho dinero. La ingenua Eufrosina continua lavando (el pago acordado será que le lave diez docenas de ropa), muy contenta y emocionada por la solución poco ética a su problema, tomando la resolución de mantenerlo en secreto (ya que tiene un hijo muy chismoso).
Pasan los días y la Dra. Lemus hace los preparativos, contratando los servicios de Sonia, un amiga suya, para que la asista en su operación clandestina.
Llega el gran día y Eufrosina no deja de irradiar felicidad en la mañana, extrañando a Memín, al que prácticamente echa de la casa para que se vaya a la escuela, negándose a dar explicaciones.
Ernestillo saluda (o más bien asusta) a Memín en la escuela cuando éste anda ensimismado en sus pensamientos, preguntándose que asunto tendrá tan feliz a su mà linda que implica ir con la Dra. Lemus. Comienzan las clases en un cuadro que nos da la vista exterior de la escuela y al siguiente, ya terminaron (ni vimos a Romero ni el salón) y los cuatro amigos andan echándose un partido de beisbol con algunos extras.

 Distraído, Memín ocasiona que su equipo pierda y sus amigos le reclaman pero ni así consiguen que les ponga atención. Hasta entonces, revisa su reloj (¿desde cuando este chaparro tiene reloj de pulsera y como puede pagarlo?), viendo que ya es la hora en que Eufrosina dijo que iría con la doctora. Sale corriendo y tras considerar que su amigo anda muy raro, los otros deciden seguirlo.
Mientras, Eufrosina es recibida por la doctora y su asistente, invitándola a pasar para dar inicio a la operación. Desde la ventana, Memín alcanza a escuchar y se vuelve al ver a sus preocupados amigos. Les cuenta de que trata el asunto, habiendo escuchado apenas la palabra “operación” que Ricardo interpreta como que le aplicaran crema para las arrugas. Memín intenta decir que tiene una corazonada de algo anda mal pero no le sale la palabra y prefiere seguir espiando. Sus amigos se dan por vencidos y regresan al callejón para aventarse otro partido con sus rivales.
Eufrosina se saca de onda con el hecho de que la vayan a operar en una casa en lugar de en un hospital como se debe pero la Dra. Lemus le asegura que las dos son profesionales. La recuestan y se disponen a proceder. Memín se alarma al escuchar la palabra “hospital”, golpeando la puerta para que lo dejen entrar. Sonia abre la puerta, creyendo que es un vendedor y el negrito entra corriendo. Cuestiona a Eufrosina sobre lo que están haciendo pero ella sólo se molesta y pronto lo echan afuera. Sin más, le aplican la anestesia para comenzar.
En el callejón, Memín llega a tiempo para echar a perder el partido para sus amigos, ignorando su enojo para contarles lo que están haciéndole a su madre. Intrigados, abandonan y van con él para ver que sucede.
La operación sale mal cuando Eufrosina despierta (habiendo escuchado que la doctora se refirió a ella como “elefanta”) al no haberle puesto bien el anestésico, espantada al ver la sangrante abertura en su vientre donde iban a extraerle la grasa. Desconcertadas, Lemus y Sonia echan a correr en el auto, dejando a la lavandera a su suerte. No estoy seguro de que esto sea muy buena idea…O sea ¿Operan a esa mujer en la casa de la doctora y la dejan morir desangrada, sabiendo que ahí están todas las evidencias que necesita la policía para determinar que estaban realizando una operación clandestina? Es un arresto seguro y retiro inmediato de la licencia medica. La doctora parece ser suficientemente inteligente como para saber que esto le va a estallar en la cara…Por otro lado, para cubrir sus huellas teniendo una enorme mole de que encargarse…¡Quizá si sea más conveniente darse a la fuga!
 Memín y sus amigos irrumpen y descubren el lamentable estado de Eufrosina. La impresión es tan fuerte que Memín se desmaya un rato en lo que Carlangas llama a una ambulancia para que se la lleven. Los paramédicos acuden enseguida, desconcertados al considerar la gran pérdida de sangre (¡ugh! ¡Voy a vomitar! ¿Para que teníamos que ver esta escena sanguinolenta los lectores?) pero se la llevan prontamente. Advierten que tendrán que hacerle una transfusión y Memín ofrece su sangre mas al ser un niño no pueden aceptarlo como donador. El padre de Ricardo los lleva a todos en su ambulancia y Memín les cuenta que Eufrosina tiene un tipo de sangre muy rara que no puede recordar. Dentro de la ambulancia, los paramédicos nos confirman que es AB negativo y convenientemente tienen un poco ahí mismo para administrarle. Sin embargo, una inconveniente complicación tiene lugar cuando la ambulancia colisiona con un coche donde una pareja de atolondrados (que no saben que las ambulancias tienen fuero para cruzarse los semáforos en rojo y que deben apartarse de su camino…como que están usando un mensaje cívico ¿no?) en plan de ir al cine.El impacto sacude a ambos vehículos y sus ocupantes sin severas repercusiones (la pareja llevaba puestos sus cinturones de seguridad, otro mensaje cívico). 
Prosiguen su camino y por fin llegan al hospital donde atienden enseguida a Eufrosina. Sin embargo, no tienen suficiente sangre para mantener las transfusiones necesarias para salvarla del peligro. Su única alternativa es recoger otra dote de un hospital en Guadalajara y el Sr. Arcaraz se apunta enseguida para traerla. Ricardo y Carlangas van con él mientras que Ernestillo y Memín se quedan en el hospital.
En la sala de espera, Memín se angustia ante la preocupación por su madre, desquitándose con Ernestillo que intenta instigarlo a mantener el optimismo. Al mencionar su falta de madre, Ernestillo se pone a llorar (¡supéralo ya, mocoso!) y el negrito tiene que disculparse, conmoviendo a una mujer que también andaba por ahí, admirando su solidaridad de amigos.
 En el otro hospital de Guadalajara ya aguardan por los que vendrán a recoger la sangre. Recordando su último viaje reciente a Guadalajara, Rogelio conduce directamente hacia el hospital y van por el paquete. Carlangas y Ricardo se comprometen a llevar los contenedores de las unidades de sangre, aferrándolos durante todo el camino de regreso (logrando que la enfermera también se conmueva ante su solidaridad de amigos… ¡vamos! Cualquier buen samaritano haría lo mismo hasta por un desconocido en esas circunstancias, me consta). Por conducir a toda prisa, son detenidos por un policía, obligando a Rogelio a detenerse y mostrarle sus documentos. Al aclararle que se trata de una emergencia, el mismo oficial se ofrece a abrirles camino hasta la caseta.
En el hospital, el tiempo se le acaba a Eufrosina y el nerviosismo de todos aumenta. Carlangas y Ricardo entran corriendo con las unidades de sangre y las entregan para que los médicos procedan inmediatamente. En lo que estos se ocupan, Rogelio y Juan charlan casualmente sobre el trabajo (quizá ya dejó de ser una emergencia pero no entiendo porque en medio de esa situación deben irse por un tema tan irrelevante). La falta de sueño provoca que Memín sufra uno de sus accidentes típicos cuando aparece el doctor para informar que la operación fue un éxito y Eufrosina está fuera de peligro.

Memín se emociona y se echa sobre el doctor antes de salir correrriendo rumbo al cuarto donde le dijeron que ella estaba descansando, mas la enfermera no le permite entrar. 
Habiendo pasado la crisis, todos regresan a sus casas. Memín se siente especialmente solo en la suya sin Eufrosina, consolándose con hablar con un retrato de ella. Ricardo pasa a recogerlo para llevarlo con Eufrosina, habiendo recibido el aviso de que ya puede recibir visitas. Memín no puede contener su alegría (en especial cuando Ricardo informa que su padre pagará la cuenta del hospital…como que a veces les da pena pedirle dinero para otras cosas, pero para esto no ¿verdad?) y un cuadro después ya está en brazos de su mà linda. Eufrosina se disculpa por haberlo preocupado y actuar a sus espaldas. La enfermera advierte que aun deberá tomarse unos días de reposo y aprueba la iniciativa de Carlangas de ir a denunciar a la Dra. Lemus para prevenir que siga con sus practicas inescrupulosas (ya debe haber salido del país para estas alturas, le dieron demasiado tiempo). Memín no entiende esa parte y pide a la enfermera que vacune a Eufrosina contra los "escrúpulos", desatando carcajadas generales.
Se disponen a llevar a Eufrosina a la casa y Memín le agradece por todo a Rogelio. Ricardo, Carlangas y la enfermera batallan para empujar la silla de ruedas de Eufrosina y Memín pide mano para demostrarles como lo hace un “experto”, provocando que está se deslice por la calle y choque con Rogelio (milagrosamente, ambos aterrizan sanos y salvo sobre los asientos delanteros del coche).
 Cortan la parte del reproche de sus amigos para irse directo a la llegada a la vecindad. Un camión militar les estorba un momento para dejar a un joven elemento (ocasión que aprovechan Carlangas y Ricardo para señalar como los militares tienen permitido estacionarse donde les de la gana) y a Memín le da por desear ser un soldado.
Un deseo que se cumplirá en la próxima y última secuencia de la revista.

Sin comentarios. Para irse por una trama tan simplona como esta, diría que se quedaron sin ideas pero eso era muy obvio desde hace tiempo. Al menos trataron de dar un sabio mensaje: Di no a las lipos. 

Memín Pinguín #434-436

Para ayudar con los gastos de la casa, Memín empieza a trabajar en una tienda de antigüedades pero pronto se ve inmiscuido en los problemas legales del dueño auspiciados por su codicioso nieto.

Eufrosina supone que un ladrón se metió a la casa al escuchar a alguien hurgando en la alacena, y acaba por darle de escobazos a Memín. Unos apapachos después, el negrito se recupera y tras explicarse, Eufrosina lo manda a la tienda a comprar para desayunar con el poco dinero que le queda.
Memín bromea sobre que sólo le alcanzará para un frijol (la pobreza no es un chiste) y ella lo apura a largarse, cerrándole la puerta. Una vez fuera, el negrito reflexiona sobre la situación, poniéndose serio, y se dirige a la tienda de Don Venancio (si, que bonito que sigan usando a un personaje regular que tenia rato sin volver a salir pero de español ya no tiene nada, sólo la fachada mas no su peculiar modo de hablar, indicando que el nuevo argumentista no sabe nada de nada). Memín intenta comprar un kilo de huevos pero no le alcanza más que para dos míseros huevitos y tiene que conformarse.
En el camino, tropieza con una escalera, derribándola y poniendo en situación precaria a un viejo anticuario. El anciano le pide que le ayude pero Memín es lento de entendederas, tardando mucho en colocarle la escalera de vuelta, ocultando el hecho de que él se la tiró. Como los huevos se le rompieron al tropezar, pide al anciano reponerle un kilo, pero éste no es nada tonto, notando que el negrito está abusando, por lo que le hace una proposición, invitándolo a pasar a su negocio. Memín desconfía pero el viejo resulta ser un antiguo vecino que lo reconoce a él y a Eufrosina, así que no tarda en entrar. Con su poca sutileza de costumbre, Memín critica los cachivaches que el anciano tiene en la tienda pero éste ni se ofende, presentándose como Don Goyo (y ya, aclara que no le gusta usar sus apellidos, ni que hicieran falta, muchos personajes de la revista ni han tenido).
Le ofrece trabajo a Memín para que pueda ayudar mejor a Eufrosina con los gastos, pero el inconsciente y flojonazo negrito le huye a la palabra “trabajo”, rechazando su intento de ayuda.
Ya de vuelta en su casa, al ver que Eufrosina llora mientras hace cuentas que no cree poder pagar, concientiza un poco más y tras explicar lo que pasó con los huevos (no se muestra la reacción de Eufrosina luego de gritar indignada), pasan a otro día en el siguiente cuadro. Memín encuentra a Don Goyo en la tienda tratando con su nieto, Gregorio, el cual le saca algo de dinero y le trata de dar lastima para que acepte venderle unos artilugios que un amigo le regaló sin revisarlos de antemano. En cuanto se va y entra Memín, Don Goyo expresa su pena de que su nieto le ha salido malo, metido en negocios de dudosa procedencia y que sólo viene a pedirle dinero. Detienen la conversación para que Memín empiece a trabajar, sacudiendo el polvo. El negrito limpia lo que toma por un retrato pero sólo es un marco tras el cual está la anciana madre de Don Goyo, lo que le sirve para hacer otro mal chiste.
Inexplicablemente, pasan al siguiente cuadro (sin presentación) en que Eufrosina se despide de Memín que ya anda en su uniforme de trabajo (una replica de la indumentaria de Don Goyo ¿qué pasa? ¿creen que todos los que trabajan en tiendas de antigüedades se visten así o que?), dispuesto a iniciar su jornada. Memín prueba una antigua cámara que le fue heredada por su padre a Don Goyo y su nieto rechazó cuando se la ofreció, demostrando que aun funciona, por lo que el anciano decide regalársela. En eso, llega Gregorio con las piezas a vender, dejándole todo a Don Goyo sin más ni más. Mientras las inspeccionan con lupa, Don Goyo se percate que datan de la época virreinal y no pueden ser posesión legitima de nadie, confirmando sus sospechas del mal negocio de su nieto cuando unos policías arriban a la tienda, deteniéndolo por robo.
Memín intenta impedir (demasiado dramáticamente tomando en cuenta que apenas lo conoce) que se lleven a Don Goyo pero en su intento, sólo consigue aventarlo más rápido a la patrulla. El anciano convence a los polis de que lo dejen hablar con el negrito, pidiéndole que mientras él anda en la cárcel (asumiendo que podrían tardar semanas o meses en soltarlo) cuide de su madre y guarde en secreto la muy probablemente autoría de su nieto en el crimen. Memín accede e intenta colgarse de la patrulla para que le den raite a su casa pero sólo lo dejan caer en la calle, donde no tarda en ser orinado por un perro.  Frustrado, regresa con la anciana para darle las malas noticias y se echa a llorar. Después, inexplicablemente, se le ocurre una idea y toma el control de la silla de ruedas de la anciana para llevársela. Se detiene a tomar un refresco, dejando la silla estacionada, pero el mismo perro de la secuencia anterior le sale al encuentro, molestándolo y aprovechando su descuido para desatrancar la silla. La anciana, atrapada en la silla, se va cuesta abajo por la calle y Memín intenta alcanzarla, quedando colgado en el peligroso viaje.
Convenientemente, chocan con Ernestillo que andaba por ahí tomando un helado y se les une en la precipitada bajada donde de puro milagro se salvan de estrellarse con un camión de gasolina. Chocan con un cerco de madera y finalmente la silla aterriza tras dar un salto, justo frente a la casa del negrito. Ernestillo y Memín no quedan muy bien pero la anciana està intacta y divertida, indicando que gusta de las emociones fuertes. Los dos amigos entran y presentan a la anciana con Eufrosina para indicar que vivirá con ellos por un tiempo (como Memín nunca preguntó su nombre, asume que se llama “Doña Goya”). ¿Cuál era la gran idea que se le ocurrió? ¿Sólo llevarse a la anciana? Parece que si… Al parecer, el atolondrado argumentista confunde la reacción de acordarse de algo con la de tener una idea. Sin más, Memín y Ernestillo se regresan a la tienda donde descubren que Gregorio anda robando el dinero que su abuelo dejó en la caja registradora, retirándose y creyendo que no hay testigos. Por su promesa, Memín no puede hacer nada y en vez de eso, le presume a Ernestillo su nueva cámara antigua, dándole una demostración con la que termina dejando a su amigo cubierto de polvo. Irritado, Ernestillo lo persigue hasta un parque y nomás no se surte a Memín porque son interrumpidos por un hombre y su hija, solicitandoles una foto.
Ernestillo sugiere a Memín aprovechar la oportunidad de ganar algo de dinero para ayudar a Don Goyo (pagar la fianza parece más importante que sostener la tienda, para que al viejo le espere quedarse en la calle cuando salga) y vacilando ante la posibilidad de repetir el accidente, el negrito logra tomar sin problemas la foto. Memín se aprovecha aun más, mandando al señor a recoger la foto a casa de Ernestillo, trasladándose ahí en breve para improvisar un cuarto oscuro de revelado. Mandan llamar a Carlangas y a Ricardo para que les ayuden y pronto la foto queda revelada.
Más tarde, el señor se presenta para recoger su foto, quedando impresionado por la calidad con que la tomó el negrito (pura chiripa), declarando haber encontrado al fotógrafo que necesitaba para su periódico. Memín tarda en captar sus intenciones y todavía está a punto de regarla al insinuar que la hija arruinó la foto con su presencia (pero sus amigos le tapan la boca al idiota que no puede evitar decir lo que piensa). El hombre le deja una tarjeta, invitándolo a comenzar a trabajar mañana mismo. Sus amigos celebran su nuevo trabajo, pero Memín, flojonazo como siempre, ya le anda sacando porque no le gusta levantarse temprano. Tras algunas divagaciones, el negrito termina contando de nuevo la historia con Don Goyo ya que Ricardo y Carlangas no estaban informados, retornando al tema que los ocupa, donde mediante indirectas, Memín los convence de echarle una mano con el trabajo. Al negrito se le olvida que no está en su casa y ya los quiere correr a todos pero Ernestillo no tarde en corregirlo y echarlo a patadas, aventándole la cámara (que poco cuidado para un artículo tan antiguo…el cual podría vender para obtener suficiente con que pagar la fianza). Desanimado porque sus amigos lo ponen a trabajar en vez de darle ayuda económica (¡en serio que este enano no tiene vergüenza!), Memín emprende el regreso a su casa y en el camino, divisa a un gato persiguiendo a una rata. Considerándolo un excelente tema de foto, se detiene para tomárselas, pero el “flash” de la cámara enardece a los animales, y lo corretean en consecuencia. Una pareja los ve pasar y al creer que la rata persigue al gato (en vez de ir por su camino, en pos del negrito), lo interpretan como una señal del fin del mundo. Memín se detiene y alcanza a ver a Gregorio, otra vez robando en la tienda, y aprovecha para tomarle una foto sin disimulo alguno.
 Éste se da cuenta (¿pues que esperaba? Estas cámaras antiguas no son nada discretas) y persigue a Memín, chocando con el gato y la rata. Habiéndola librado, Memín regresa a casa donde una airada Eufrosina lo espera, reprimiéndolo por su tardanza, y lo surte a tablazos inmediatamente.
 Al día siguiente, Memín se dirige a trabajar, quejándose de lo adolorido que quedó tras la paliza (todavía pensando que nunca había visto tan enojada a su madre… ¡peores cosas ha hecho y ella le ha pegado igual! Admitan que es una bruta que le pega por todo). Sus amigos lo esperan y lo acompañan rumbo al edificio donde el dueño del periódico lo espera. Memín se decepciona al ver que solo es un diario local limitado a la colonia y no una gran empresa como esperaba. La cosa empeora cuando recibe sus primeros encargos que son de pura nota roja, llevándolo (junto con sus amigos que le hacen de asistentes) de un lado a otro, tomando fotografías de un pleito en el mercado y un accidente automovilístico. A Memín no le va bien en ninguna de las dos, siendo agredido en la primera por una mujer furiosa, y en la otra, recibiendo junto con Carlangas, los ataques de un luchador enojado que había chocado con él en su bicicleta (y todo porque el mismo negrito puso al frente a su amigo para que saliera en su defensa pero ni las manos puso).
 Hagamos una pausa para analizar…. ¿Que clase de periódico contrata a un menor de edad como fotógrafo y para la nota roja? Y peor aun… ¿un fotógrafo con una cámara antigua, que no son nada discretas para efectuar la labor adecuadamente? Ese tipo debía estar ciego o muy desesperado (pero ciertamente en ningún momento se vio que tuviera más personal, así que eso lo explicaría todo).
Tras revelar las fotos en el cuarto oscuro (con Memín comentando que debería ganarse un “Oscar”…uf, este no sabe nada de nada), vuelven con el dueño del periódico, quien indica que no pueden utilizar ninguna ya que tomaron pésimos ángulos. Memín ya quiere mandar todo al demonio cuando el hombre termina viendo la foto de Gregorio (bueno, suena a que no checaron las fotos ellos mismos luego de revelarlas ¡que descuidados!), admitiendo que esa salió bien y saldrá publicada en la siguiente edición (¿pero el negrito aun tendrà trabajo o no? sepala).
Pasan varios días y encontramos a Memín, sentado en la acera, lamentando el no poder hacer nada por Don Goyo. En eso, el anciano aparece, habiendo recogido a su madre de la casa del negrito. Le cuenta que la foto que publicaron en el periódico sirvió para exponer las fechorías de su nieto, por lo que salió en libertad (¿por andar robando en el mismo lugar donde dejò las cosas robadas? como que el tipo no es muy brillante). Muy torpemente, Memín intenta mantenerse en el anonimato como el responsable de la foto, aun cuando el viejo está muy agradecido, recapacitando sobre que Gregorio merecía un escarmiento por la vida que escogió. Oportunamente, sus amigos llegan para invitarlo a un partido de beisbol y Memín se va, recibiendo el callado agradecimiento del anciano. Ya estando lejos con sus amigos, Memín comparte su ingrata y estúpida decisión de dejar de trabajar con Don Goyo debido a que se metió en muchos problemas (¿pero acaso no continuarán los problemas económicos en su casa?).

Una trama más donde todo lo manejaron trayendo a Memín de una fumada a otra, improvisando y perdiendo el tiempo en tonterías que ni al caso. Simplemente, ya no saben ni que hacer en esta revista. 

jueves, 4 de agosto de 2011

Memín Pinguín #431-433

Accidentalmente, Memín acaba acompañando al padre de Carlangas hasta Cuba, viviendo una serie de aventuras a su particular estilo de meterse en problemas a causa de su imprudencia innata.

Después de otro típico día de clases, Memín y sus amigos regresan a sus casas. En el hogar de Carlangas, Isabel atiende la llamada de una mujer llamada Georgina que busca a su marido, lo que la pone muy insegura durante un buen rato. Carlangas lo comenta con sus amigos más tarde y Memín inmediatamente adivina la situación, alegando que ella era ex novia de Carlos y quiere volver con él. A su vez, Carlos tranquiliza a Isabel, contándole que Georgina sólo lo llamó para pedirle viajar hasta Cuba y revisar un edificio que ella ha diseñado puesto que también se dedica a la ingeniería. Para el viaje le indicó que podía realizarlo con su familia, pero Isabel excusa quedar con Carlangas por cosas de las boletas de calificaciones, confiando en Carlos para que vaya solo.
Llegue el día de la partida y todos se reúnen para despedirlo en el aeropuerto. A Memín le entra por conocer lo que él supone es la zona de las aeromozas, metiéndose al compartimiento donde se guardan las llantas del avión, quedándose atrapado cuando retiran las escaleras. El avión despega y Memín se va en calidad de polizón accidental (¿cómo pudo meterse en ese predicamento si él ya ha viajado en aviones en varias ocasiones?).
En el aeropuerto, sus amigos e Isabel se percatan de su desaparición y consigan que les permitan llamarlo por los altavoces, pero él ya está fuera de su alcance. Dentro del avión, el ingeniero Arozamena traba conversación con su compañero de asiento, un gordinflón llamado Miguel al que dicen “El Flaco” (personaje irrelevante ¿para que molestarse en darle nombre?), que se esmera en hacerle platica mundana.
Mientras, los amigos de Memín deciden que ha de haberse ido a su casa, y van para allá, acabando por angustiar a Eufrosina.
En Cuba, el avión arriba al aeropuerto y hasta entonces descubren a Memìn, casi muerto de frio por su incomodo “camarote”. “El Flaco” resulta ser medico (ni tenia la pinta) y se ofrece para atenderlo pero Memín se recupera enseguida. A Carlos no le queda otra opción que cargar con él.
Isabel informa a Eufrosina que ya llamaron a las televisoras para comunicar la desaparición de Memín (¿no deben haber pasado 48 horas para eso y todavía más para recurrir a los medios de comunicación?) pero Carlos llama por teléfono, notificándoles de la situación del negrito. Como no puede enviarlo de regreso solo, tendrá que mantenerlo a su lado hasta el regreso, con lo que Eufrosina ya queda tranquila.
En Cuba, Carlos y Memín se dirigen a su hotel, tomando un guagua para que los transporte. Memín confunde el concepto con un perro y ya anda pensando que las cosas ahí tienen nombres de animales.
Dentro del guagua, un hombre observa a Memín y le pregunta si es de Camagüey (¿a poco el acento de Memín suena como para que sea originario de ahí?). El negrito responde criticando que ese es un nombre horrible para un lugar, provocando la furia del hombre que oportunamente es aplacada por Carlos, excusando que Memín está cansado y no sabe lo que dice.
Al poco rato, se encuentran en un restaurante, donde Memín se hace el ignorante cuando les preguntan que van a ordenar, comentando si se encuentran en un cuartel (como si fuera la primera vez que va a un restaurante, además creo que ese chiste ya lo usó en el pasado). Para evitarse problemas, Carlos le tapa la boca y ordena que empiecen por servirles agua.
En México, Eufrosina, Isabel y los amigos de Memin celebran que ambos hayan llegado con bien a Cuba, por lo que Isabel siente la necesidad de hacer un brindis. Eufrosina protesta creyendo que es licor pero Isabel asegura que es pura agua. Sobra decir que esta escena es muy irrelevante para la historia…
Ahora si, Carlos y Memín ocupan su habitación en el hotel. Carlos llama a Georgina para reportar su llegada, pero Memín le arrebata el auricular, creyendo que habla con Eufrosina, hasta que se lo arrebata y ya sigue hablando tranquilamente con su “vieja amiga”. Una vez que cuelga, Memín le comenta de su suposición de que ella es su ex, y Carlos confirma que en efecto, así es. Como Eufrosina andaba en la casa de los Arozamena, Memín ya no pudo comunicarse con ella (no les avisaron cuando hablaron con Isabel) pero poco le afectò. Empleados vienen a colocar una cama extra para Memìn, aprovechando para bromear que están poniendo al “tigre”. Carlos les da su propina y deja que Memín se eche un baño de burbujas, tomándose un respiro y comprendiendo que Carlangas no ha exagerado sobre lo difícil que es aguantarlo. Después del baño, Memín siente que sus tenis están muy sucios y utiliza el cepillo de dientes de Carlos para limpiarlos (por supuesto, sin haberle perdido permiso y Carlos ni se entera cuando siente asco en la boca mientras cepilla sus dientes) y al poco rato se disponen a dormir. A Memín no le dura mucho el sueño y le pide a Carlos que lo ayude cantándole una canción, pero él le sale con una de cuna. Memín le da un ejemplo de las canciones que le gustan, echándose un repertorio muy desafinado de canciones con las que acaba por quedarse dormido.
A la mañana siguiente, por fin van al despacho de Georgina, quien se ve completamente dispuesta a tirarle los perros a Carlos. Deja a Memín en un parque infantil para que se distraiga y lleva a Carlos a un centro nocturno que ofrece un espectáculo de exóticas bailarinas para que empiece a entrar en “ambiente” (¿si es nocturno porque está abierto a esas horas de la mañana o el tiempo en verdad ha pasado tan rápido?). Memín se aburre en el parque y se reúne con ellos, acabando por participar en el espectáculo de las bailarinas. Georgina se molesta ya que interrumpe el momento justo en que iba a declarársele a Carlos.
En el trayecto hacia el edificio que quiere que Carlos revise, la presencia y cháchara de Memín la irritan tanto que prende la radio, sintonizando una estación de canciones que ponen al negrito a cantar y bailar, empeorando el humor de la mujer.
Finalmente llegan al edificio de trece pisos, teniendo que subir las escaleras al no funcionar el elevador, para pesar del flojonazo de Memìn, prosiguiendo con la inspección del pent-house.
Ahí, Georgina hace más obvias sus intenciones de ligarse a Carlos, llegando incluso a pedirle matrimonio (si él ya le explicó que está felizmente casado, que descarada). Memín se distrae siguiendo a una araña, llegando hasta la cornisa, donde no tarda en percatarse de su precaria situación. Carlos escucha sus gritos de auxilio, justo cuando estaba por rechazar los avances de Georgina, y se mete a la cornisa para ayudarlo, olvidándose de que es muy grande para darse la vuelta, complicando el problema. Georgina llama a los bomberos, quienes tienen problemas para realizar su labor al encontrar varios errores de diseño en el edificio, pero consiguen poner una lona para salvar a Carlos mientras que a Memín lo tienen que cachar al aire (dramáticamente, al mismo tiempo que Eufrosina se inquietaba y le rezaba a la Virgen, recuperándose inmediatamente después, presintiendo que le quitaron ese mal presentimiento).
Los bomberos se marchan y Georgina llora con amargura, considerando el renunciar a su profesión, revelando que ese era su primer edificio ya que su ex esposo no le permitió ejercer su carrera antes. Carlos la anima a no darse por vencida y comenzar corrigiendo todos los errores en el diseño del edificio. A su vez, Memín sugiere poner insecticida para que no haya bichos que atraigan a los niños a las peligrosas cornisas (como que para eso sólo se necesita no ser tan estúpido ¿no?).
Habiendo cumplido su cometido, los dos regresan a México, teniendo un aun más difícil viaje de regreso, todo por culpa de Memín y sus ocurrencias. Para empezar, se pega a la azafata para colarse a la cabina del piloto, y como éste anda muy distraído pensando como le hizo para meterse, se sube encima de él y toma los controles, poniendo en riesgo a los pasajeros al caer en picada. La azafata lo saca de ahí y todo vuelve a estar en calma, hasta que más adelante les toca vérselas con una bolsa de aire. Memín iba al baño cuando ésta lo toma por sorpresa y la azafata tiene que llevarlo de vuelta al asiento.
A Carlos le da por ponerse a comentar de que siente tener el “Síndrome de Jamaicón”, pero Memín lo malinterpreta a su gusto por un equipo de futbol, declarando a todo pulmón su apoyo hacia el Atlante. La azafata se exaspera de nuevo, poniéndose en vergüenza ante los demás pasajeros. Carlos termina de contar su comparación, alegando que al igual que aquel jugador del Guadalajara, él tampoco aguanta más de dos días lejos de casa. Hasta entonces le da por preguntarle si no tomó su cepillo de dientes aquella noche, pero por supuesto que el negrito lo niega.
Ya de vuelta en México, a la hora de despedir a los pasajeros, la azafata excluye a Memín de decirle que vuelva pronto, sino dentro de un par de siglos. Tienen lugar las reuniones de las familias, donde la que más llama la atención, como siempre, es la de Memín y Eufrosina. Tras apapacharlo, ella pide prestado una tabla a un empleado y procede a corretearlo para darle su buena tunda fuera de cuadro (no creo que sea buena idea hacerlo en un lugar publico, no seria difícil que la detuvieran ahí mismo por maltrato infantil). De regreso en su casa, Eufrosina le sirve a Memín un frugal alimento, provocando que en la mañana se despierte con mucha hambre y se pone a buscar algo para comer en la alacena.

Y con el hambre de Memìn, inicia otro arco y éste termina. Presentar a Cuba como escenario para variar no fue para tanto y en cierto modo se limitaron, pero con los demás elementos de la trama, tampoco diría que nos dieron una historia fuera de lugar (por esta vez) asi que es aceptable.

lunes, 1 de agosto de 2011

Memin Pinguín #428-430


Presionado por Memín, Carlangas se inscribe en un torneo de artes marciales, contando con el negrito como su improvisado “sensei, llevando a una serie de situaciones jocosas y desabridas muy típicas.

Memín y sus amigos se encuentran en casa de Ricardo para ver la lucha libre en su televisión. El negrito no pierde tiempo en atascarse con las botanas, ofendiendose ante las quejas de sus amigos, todavía atreviéndose a criticar al “servicio”. Carlangas le baja los humos con una zancadilla, y Memín se disgusta tanto que voltea su silla, negándose a ver las luchas con ellos. Ellos no le insisten y dirigen su atención al televisor, mientras el negrito sufre y se hace fuerte para resistir la tentación (todavía hasta rezándole a Dios…si, estoy seguro de que a El le preocupa mucho ayudarnos a proteger nuestro orgullo por razones estúpidas). Predeciblemente, no aguanta y brinca para unirse a ellos. 
De pronto, la televisión deja de transmitir y Memín se apunta para repararla del modo tradicional: darle un golpe. Sus amigos lo reprenden pero desisten al ver que su método ha dado buenos resultados, aunque instantes después los de la transmisión indican que tienen una falla técnica. En lo que esta se arregla, Ernestillo y Carlangas le sugieren a Ricardo ver que hay en otros canales y terminan poniéndole a una exhibición de peleas de artes marciales. Memín no comparte su emoción, considerando que las “artes marcianas” no tienen mucho chiste. La objeción de Carlangas lo pone a la defensiva e inician una pelea donde el negrito trata de lucirse, conectándole una patada voladora a la tele por accidente. Alega que no ha pasado nada y solicita su ayuda para levantar el aparato, disponiéndose a intentar arreglarla con sus dudosos conocimientos del funcionamiento de las teles que el cree que todavia ocupan fusibles. 
La compone de chiripa pero recibe una descarga eléctrica y queda atorado. Carlangas intenta jalarlo y se electrocuta también, hasta que Ricardo desconecta el cable para salvarlos. Ernestillo ignora su dolor y les indica poner atención al anuncio del presentador, aclarando que lo que estaban viendo era una película de artes marciales (¿una con trama o la grabación de un torneo pasado? Eso no queda claro), como parte de la publicidad para la apertura de un “Gran Torneo Anual de Artes Marciales y Karate” en el que podrán participar todas las escuelas de la ciudad, ofreciendo como premio un hermoso trofeo (el cual debe ser tan apantallador que ni una imagen de este nos pueden mostrar, basta con ver las expresiones de Memín y sus amigos). Memín se emociona junto con ellos pero no por el trofeo sino por la feria que van a ganar, hasta que ellos le aclaran que el locutor no mencionó tal cosa. El negrito vuelve a su arrogancia al considerar que ganarse un mugre trofeo es muy poca motivación, irritando a Ernestillo y a Ricardo. Carlangas se limita a hacerles ver que no hay quien represente a su escuela de todos modos. Memín cambia de parecer en un segundo sin razón aparente, indicándoles que si hay un peleador perfecto para participar en el torneo. Por supuesto, se refiere a Carlangas, que no lo capta al principio. Debido a su falta de experiencia en las artes marciales, se niega a involucrarse, temiendo que lo aniquilen. 
Memín promete dejarle flores en su tumba y Carlangas sale corriendo como un gallina.
La cosa se pone aun más infantil conforme pasan los días y Memín se le aparece a Carlangas en todos lados, insistiendo en presionarlo hasta volverlo loco. No puede más y grita en la clase de Romero (tras recibí una insistente nota de Memín), aceptando y comprometiéndose públicamente por accidente. En el recreo, Carlangas se lanza contra Memín, pero sus amigos lo tranquilizan. El negrito persiste en demostrar que su amigo tiene aptitud, procediendo a arrojarle piedras, que este bloquea con rápidos reflejos de manos y pies. Sus amigos quedan impresionados y el mismo Carlangas debe admitir que Memín tenía razón sobre su capacidad como peleador. 
Aun así, Ricardo les hace ver que existen dos requisitos a cumplir para los que se quieran inscribir al torneo: pagar una cuota de inscripción (que el mismo Ricardo ofrece pagarle a Carlangas) y contar con un entrenador calificado. Carlangas se inquieta al no conocer a nadie y Memín lo desconcierta al ofrecerse en el puesto (pese a no estar calificado ni como estudiante).
La sangronerìa insoportable de Memín no se hace esperar, atreviéndose a cobrarle a su amigo por sus “honorarios” pero ofreciendo una “rebaja”. Ernestillo y Ricardo se unen a la indignación de Carlangas, dándole un ultimátum a Memín para que haga algo en lugar de andarse haciendo el payaso, dejándolo preocupado durante la clase. Bastante exagerado, Memín ya se anda dando por muerto pero ve como librar su situación cometiendo insolencia tras insolencia, ganándose que Romero lo saque del salón (primera vez que este actúa más como el educador que es, pero sin molestarse en dar sermones ni inmiscuirse en el problema del negrito con sus amigos).
De vuelta en la comodidad de su casa, Memín cree haberse salvado de la furia de sus amigos (por favor, peores cosas les ha hecho y no le ha ido tan mal) pero ellos no tardan en tocar la puerta, luego de pasar otra escena en que saca a Eufrosina de sus casillas al tratarla de sirvienta. 
Memín intenta que Eufrosina les prohíba el paso pero en su terquedad, ella los deja entrar. Eufrosina se va al mercado para que jueguen a gusto y en cuanto se va, los tres le ponen una guamiza a Memín que no vean (así es, sólo ponen los efectos de sonido tras la puerta, no vemos nada). Con esto, logran “convencerlo” de cooperar y Memín los cita en el callejón, negándose en darles detalles sobre lo que planea para ayudar a Carlangas, desconcertándolos y sacándolos por la puerta (¿no acababan de pegarle entre los tres?).
Al día siguiente, Memín llega tarde y se hace el misterioso en lo que los encamina a una casa abandonada que ha acondicionado como “centro de entrenamiento” improvisado, empezando con poner a prueba los reflejos de Carlangas cuando les cae encima un espejo (poniendo a todos en peligro, incluyéndolo a él mismo). Después, Memín le ofrece a Carlangas su traje de karateca, el cual tomó "prestado" de un vecino (incluyendo una cinta negra sacada de los resortes de su ropa interior para evitar que se le caigan los pantalones ya que no es de su talla). 
Carlangas comienza a entrenar con entusiasmo, soportando las indicaciones de Memín, que consisten a ponerlo a hacer puras cosas básicas, presumiendo de que todo lo que sabe lo aprendió viendo películas (por lo que prácticamente no sabe nada más que clichés). La mayor prueba es la clásica faena de romper la tabla de un cabezazo (normalmente con la mano pero con el “sensei” Memín no se discute).
Tras varios días e intentos, Carlangas por fin rompe la tabla (¿no se habrá roto la cabeza antes?) y con eso, según Memín, ya está listo para la competencia, que es justamente al día siguiente. 
Y así, un cuadro después, ya todos están ahí, incluyendo a sus padres, Romero y su esposa, entre el publico asistente. ¿Cómo se supone que lograron cumplir el requisito de la inscripción sobre contar un entrenador calificado? Al parecer, cortaron la parte en que falsificaban las credenciales de Memín o contrataron a alguien para que fingiera ser el entrenador. Quien sabe ya con las babosadas que vemos en este revista, lo único que les importa es irse rápido con la historia (todo por desperdiciar el tiempo con las constantes vaciladas de Memín).
Memín demuestra no tener nada de fe en las habilidades de Carlangas (ya dándolo por muerto) pero éste gana su primer combate rápidamente y así con todos los demás, llegando a la final contra un oponente de nombre bastante ridículo (¿Jaimito Eguisastegui? Wow, eso es casi abuso infantil). Memín  y sus amigos ya la ven regalada, contando con tener ese trofeo (decídanse ¿quieren el trofeo o dejar en alto el nombre de la escuela? En todo caso, hablan como si todos ellos contaran cuando Carlangas es el único que está peleando). Pero como siempre, Memín  echa todo a perder en el ultimo momento, entrando sin avisar y golpeando a Carlangas con la puerta, dejándolo demasiado aturdido como para poder pelear. 
Memín sugiere que Ernestillo lo sustituya pero éste solo se enoja para después calmarse y aceptar que perderán por default. En lo que él y Ricardo se van para reportar que su amigo no peleará, Memín, inspirado por su deseo de obtener reconocimiento (ya soñando con una primera plana en el periódico donde lo nombran el mejor entrenador de karate de la historia), se pone ocurrente y se envuelve la cabeza para hacerse pasar por Carlangas. Francamente, no sè quien es más estúpido, si él por creer que con ese disfraz engañará a cualquiera, sus amigos por creer que es Carlangas milagrosamente recuperado o todos los asistentes (porque nadie parece notar que Carlangas ha tomado un bronceado extremo en tiempo record y que su estatura ha bajado considerablemente). El presentador señala que no debe pelear enmascarado pero Memín alega que las reglas no indican nada de eso y recibe el apoyo del publico corto de vista, logrando poner fin a la objeciòn para dar pie al combate. Ignorando lo del tradicional saludo inicial, Memín aprovecha para patear a su oponente cuando se inclina, perdiendo puntos por adelantarse. 
Comienzan a repartirse los golpes y obviamente, el negrito lleva las de perder, ya que su oponente es un cinta negra experto (habiéndose confiado y tomandolo por alguien más débil que él por el simple hecho de tener un nombre ridículo… ¡Pero que baboso! ¿Si fuera tan débil como habría llegado hasta la final?). Ernestillo y Ricardo (muy tardíamente) se dan cuenta de lo que ha hecho Memín pero éste insiste en seguir con la pelea. Carlangas, habiéndose recuperado, aprovecha cuando al negrito lo arrojan de una patada a los vestidores, cambiando lugares con él, poniéndose la mascara para no levantar sospechas (así que, ¿el público asumirá que mágicamente modificó su apariencia durante esos segundos? Si son invidentes, seguro) y derrota a Jaimito sin problemas. Sus amigos lo levantan en hombros, celebrando su victoria y reciben el trofeo (un enorme pero muy poco espectacular trofeo), mismo que Carlangas entrega a Romero como le había prometido (fuera de escena). Como premio adicional, le obsequian a Carlangas cuatro boletos para representar al país en el torneo internacional que tendrá lugar en Japón. Memín tarda en comprender que eso significa que ellos lo acompañaràn (según porque el premio incluye a todo el equipo del campeón…así que, de toda su escuela, ¿nomas a ellos les importaba este torneo?).
Algunos cuadros después, sus padres los despiden en el aeropuerto (desconociendo el hecho de que no tendrán supervisión adulta esta vez), deseándoles lo mejor para poner en alto el nombre de la escuela en el torneo (aunque Memín se queje de que ya la pusieron suficientemente alto). Hubo una época en la que esto tenia sentido (ya saben, en lo del partido de Monterrey Vs Dallas, Texas) pero ahora ya son mafufadas sin emoción ni drama en que los chicos pueden ir a cualquier lado sin grandes expectativas y regresar sin que haya significado ninguna diferencia para sus monotonas vidas.
Durante el vuelo, Memín parece haber olvidado como funciona el servicio gratuito de comidas para los pasajeros, dándose el atracón en cuanto se lo aclaran, derramando el contenido del vaso en el rostro de Carlangas que ya presiente que les irá mal en el viaje.
El avión llega a Tokyo y son recibidos en el aeropuerto para conducirlos directamente al torneo. Sin embargo, al haber dos edificios similares con anuncios en japonés (traducción incluida pero a ambos les ponen: “Torneo Anual de Karate” cuando el otro debería decir algo diferente…). Memín deduce que les corresponde el que tiene el lugar más grande y con mejor aspecto (dudando que organizaran el torneo en el "cuchitril" con el que calificaba al otro edificio). Bueno, para ser un evento internacional està claro que a nadie le importan mucho esta clase de competencias, dejando a cuatro niños sin direcciòn ni nada (el que los recoge se va para recoger a otros participantes pero igual esto es muy irresponsable ¿que no tienen suficiente personal?). 
Los organizadores se ríen a carcajadas cuando llegan a inscribirse. 
Memín solo se indigna y escribe el nombre de Carlangas, yendo con sus amigos a los vestidores para prepararse. Se anuncia el primer combate y las risas se extienden al público (aunque al dibujante le dio flojera dibujar al público). Muy pronto se comprende el error de Memín cuando un luchador de sumo sale para pelear con Carlangas. Ernestillo y Ricardo le espetan su metida de pata aunque Memín se confía de que Carlangas puede dominar cualquier clase de lucha, tardando en captar que su oponente es el gordito del pañal que suponía parte de algún espectáculo al inicio del evento. El luchador de sumo aplasta a Carlangas y Memín ve hacia una toalla y una cubeta, que Ernestillo interpreta como que se le ha ocurrido “tirar la toalla” para salvar a su amigo. En vez de eso, el negrito tira la cubeta sobre la cabeza del luchador de sumo, enojando a sus compañeros, que se sienten “deshonrados”. 
Vuelven su ira contra los niños y los corretean, dando pie a una alocada persecución en que terminan haciendo desastres en unos puestos de fruta y abordan un vehículo tradicional para regresar al aeropuerto. 
No tienen mucho tiempo para celebrar en el avión cuando los sorprenden los luchadores de sumo y al parecer, durante el viaje de regreso se la pasan golpeándolos sin descanso.
Muy mareados por los golpes, regresan a México para ser recibidos con alegría por sus padres y el maestro, importándoles muy poco el hecho de que no quedarán en ningún lugar (pero ni preguntándoles que pasó exactamente), felices de que hayan tenido una nueva experiencia. Pero ni tiempo les dejan para compartir tal experiencia, recordándoles Romero que mañana las cosas volverán a la normalidad en la escuela. Memín se queja de que no les den vacaciones pero sus amigos son optimistas, asumiendo que podría esperarlos otra nueva aventura. Memín dice que no le entrará pero acabará siendo el único entre los cuatro que la disfrute esta vez.

Vaya insulto para las artes marciales y la cultura japonesa. Otra excusa más para exhibir las vaciladas innecesariamente largas de Memín y darle de nuevo otra pequeña oportunidad de medioprotagonizar algo a Carlangas (déjenlo descansar, ¿no acababa de librarse de aquello del boxeo?). Ah, que chistositos. 

viernes, 29 de julio de 2011

Memìn Pinguín #425-427


Un nuevo alumno llega al salón de Memìn revelándose como el clásico abusón que abusa de su fuerza sobra los más débiles por diversión y Carlangas de inmediato se convierte en su rival.

El maestro Romero se encuentra dando la clase cuando tocan la puerta y Memìn ya anda deseando que sea la visita de uno de los que regalan estampitas (¿a que se refiere? ¿Qué hoy en día ya cualquiera metido en la publicidad puede venir a interrumpir las clases o que?). Resulta ser un alumno transferido de nombre Isaías, que a primera vista les cae gordo a todos por su aspecto “cara dura” y que en seguida le hace la barba a Romero con elogios baratos. A la hora del recreo, Isaías escoge al más pequeño del grupo (más que Memìn, tal vez por eso nunca lo habíamos notado antes porque sólo se ha de distinguir con lupa) y lo agarra como saco de boxeo, sin darle oportunidad de defenderse y amenazándolo con no decir nada si no quiere que le pegue otra vez (pero técnicamente, si no dice nada podrá seguirlo golpeando cuantas veces quiera, que lógica tan errada esta de los abusivos, es difícil saber quienes son más tontos, si ellos o sus victimas). Al niño no le queda otra más que aguantarse y disimular cuando Romero le pregunta sobre su ojo morado. 
Al día siguiente, Isaías continúa incomodando a todos dándole una manzana a Romero (¿en que siglo vive? Ya nadie les regala manzanas a los maestros). Llega la hora del recreo e Isaías elige a  Memín  como su próxima victima, esperando la oportunidad de encontrarlo solo. Como siempre, el negrito se hace el chistosito y tarda en comprender las cochinas intenciones de Isaías, recibiendo un par de trancazos bien dados antes de que Carlangas acuda en su auxilio. 
Isaías y Carlangas comienzan a pelear pero Romero los detiene, imponiendo su autoridad (y todavía a Memín  se le ocurre llamarle “inoportuno”). Con todo, Isaías le habla a Carlangas por lo bajo, citándolo a la salida para que prosiga el combate.
El resto de la clase, tanto Carlangas como Isaías se la pasan reflexionando sobre lo que piensan de las habilidades del otro, ambos denotando miedo por lo que pase en el encuentro, lo que es más evidente en Carlangas. Se supone que el ya se ha enfrentando a adultos mayores mucho más fornidos que Isaías. ¿Cómo puede titubear sobre enfrentar a un muchacho de su edad que solo tiene la diferencia de tener nociones de boxeo? Tantas peleas deben haber licuado el cerebro de Carlangas...
Memín  y los demás se dan cuenta de que Carlangas está vacilando y el negrito se apunta a ayudarle, trayendo un pañal para que se lo ponga durante la pelea y evite ensuciarse, ganándose la típica lluvia de coscorrones sobre su calva cabeza. 
En el sitio acordado para la pelea, Isaías y un grupo de admiradores ya andaban esperando a Carlangas, teniendo que disimular cuando pasa una patrulla.  Luego de ahorcar a Memín con el pañal, Carlangas se presenta pero le pide a Isaías que espere un mes para la pelea, teniendo así suficiente tiempo para entrenarse, señalando la injusta ventaja de que él ya sepa boxear (insisto, Carlangas ya ha peleado en peores condiciones, como cuando le tocó aquel bestia del Moro). Isaías acepta y los admiradores se retiran, decepcionados. Carlangas y sus amigos se van por su lado y Memín  no deja de dar su opinión sobre que la estrategia de Carlangas debe ser irse a esconder muy lejos durante suficientes años para que Isaías envejezca tanto que no pueda vencerlo (creo que para que esto funcione, Carlangas más bien debería meterse a una cámara criogénica o estaría igual de carcamal ¿no?). Los tres se carcajean un rato, pasando a opiniones de Ricardo y Ernestillo sobre que su amigo nunca se raja. Sin embargo, Carlangas admite temer a la habilidad de Isaías, poniéndose dramático, con el narrador describiendo como derrama una lagrima y arrastra los pies al caminar (podemos verlo por nosotros mismos, narrador incompetente). Sus amigos se tragan la actuación hasta que él se echa a reír, indicando su intención de prepararse en ese tiempo, entrenando. Memín se alegra tanto de que su amigo no sea un cobarde que da un salto con su clásico “¡Jaray jay jaay!” (exagerado, guárdalo para cuando derrote al otro).
Finalmente se separan y Carlangas regresa a su casa, donde decide no decirles nada a sus padres sobre la pelea pendiente con Isaías. Sin razón alguna (más que demostrar que el guionista se puso las pilas para checar números clásicos de Memín), Carlangas piensa en su abuela, Doña Candelaria, imaginando como seria si ella viviera y le sirviera como entrenadora. 
En casa del negrito, él también disimula ante Eufrosina lo que ocurrió, alegando que su ojo le quedó morado por tropezarse con una piedra.
Llega otro día y ahora Isaías le cambia a regalarle un racimo de plátanos a Romero, convencido de que así pasará de año (este chico es un verdadero tonto anticuado, hoy en día se le tiene que hacer otro tipo de “favores” a los profesores para que te pasen). Memín  se enfada con su desfachatez pero se consuela al pensar que Isaías entra con mayor retardo que él, haciéndolo ver menos peor. En el recreo, los cuatro discuten sobre la próxima pelea. Memín  se separa para ir a comprarse algo en la cooperativa pero en cuanto ve a Isaías se regresa y se hace tonto ante sus amigos que fácilmente suponen lo gallina que es. De vuelta en el salón, Romero le habla a Isaías enfrente de toda la clase, exigiéndole dejar de andar de zalamero ni que le de más regalitos, y Memín  no desaprovecha para burlarse. Isaías enardece pero se aguanta las ganas de darle hasta ajustar cuentas con Carlangas.
Carlangas inicia la búsqueda de un entrenador, pasando por varios gimnasios hasta que da con uno donde conoce al “Kid Tolteca”, que en realidad es un second, pero se aprovecha de su ingenuidad para sacar algo de dinero, convencido por su cómplice pugilista, Luis, de entrenar al chico. La primera lección que acepta darle por quince pesos, es básicamente saltar la cuerda por un rato, despidiéndolo y comprometiendo a pagar cincuenta para la próxima (que fraude pero Carlangas se lo merece por tonto, ni que fuera a batirse con Isaías en un encuentro de box, para una riña de moquetazos no hace falta por más que sepa boxear el otro). Carlangas comenta sobre esto con sus amigos, y se da tiempo para tratar a Isaías, jugando a ver quien intimida más al otro.
Carlangas hace mandados para reunir el dinero suficiente para pagar la siguiente lección al Kid Tolteca, decepcionando cuando este lo pone a saltar la cuerda otra vez. El cómplice del Kid había preparado una pelea clandestina pero su “contendiente” se echa para atrás para atender otro negocio, por lo que se le ocurre utilizar a Carlangas. Arreglándose con el Kid Tolteca, convencen a Carlangas de participar en ese encuentro, con la excusa de que le servirá de entrenamiento (además de ganarse cien varos) y el chico acepta, entusiasmado, sin importarle mucho el hecho de que le advierten que no lo comente con nadie.
En cuanto Carlangas se marcha, el Kid Tolteca y su cómplice celebran su oportunidad de ganar buen dinero con la pelea, deteniendose cuando llega el hijo del Kid, quien es ni más ni menos que Isaías, el cual le pide mucho dinero (sin indicar para que). Su padre le indica esperar hasta el sábado, comentando sobre la pelea pero sin aclarar quienes pelearan, exigiéndole que se largue. Inmutable, Isaías se va, pensando en un buen regalo para que el maestro lo pase del año (¿este idiota no entiende? ¡Romero ya le dijo claro que los sobornos no funcionarán! Un chantaje, por otro lado…). Luis le pregunta al Kid si alguna vez ha peleado de verdad y éste admite que no la hizo en el boxeo porque es un cobarde (y para ahorrarse el entrenamiento constante y dejar de tomar), cuya estrategia en el pasado implicaba reunir a una pandilla para conferirle una muy ventajosa ventaja sobre los que lo retaban. A Luis le parece muy mal de su parte pero el Kid se la voltea al espetarle que él va a pelearse con un niño, así que opta por cambiar de tema.
De vuelta en la escuela, Carlangas guarda el secreto de la pelea clandestina, pero considerando el dinero que recibirá, ya anda prometiéndole a sus amigos que les invitará helados dobles próximamente. 
Inmerso en su entrenamiento, los tres lamentan su ausencia por las tardes. Memìn no puede esperar a que llegue el día de la pelea pero sigue echándole la sal a Carlangas, dándole por sugerir una estrategia muy estúpida para descontar a Isaías.
Sobra decir que Ricardo y Ernestillo se enfurecen (aunque no le dan sus típicos coscorrones).
Llega la noche de la pelea y el Kid empieza a vender los boletos (mostrando lo pusilánime que es al ofrecer descuento a los clientes más canijos). Después, él y Luis comparten una gran preocupación debido a la tardanza de Carlangas, el cual no contaba con que esa noche sus padres se quedaran en casa (todo porque pasan en la tele una película de vaqueros, que son las favoritas del ingeniero Arozamena). Excusando que debe ir con el maestro para que le ayude con una tarea, Carlangas se va sin problemas.
Nomas porque si, nos muestran como la pasan los demás en sus casas: Memìn disfrutando de la comida de Eufrosina, Ernestillo trabajando con su padre en la carpintería y Ricardo con sus padres viendo la misma película que disfruta el ingeniero Arozamena (sin dejar de comentarlo).
Los asistentes al encuentro se impacientan y el Kid teme devolver el dinero cuando Carlangas se presente. Le exige vestirse rápidamente para entrarle a la pelea, advirtiéndole que le descontará 20 pesos por su tardanza.
Mientras, Isaías se encuentra a bordo de un camión rumbo a Monterrey, para visitar a su madre, indicando que la quiere más que a su padre y la extraña. Piensa en comentarle sobre sus hazañas en la escuela (¿Qué clase de madre se enorgullecería de que su hijo sea un abusivo que le pega a niños pequeños?) y al acordarse de Carlangas, de nuevo le entre el temor de si podrá ganarle (¡oh, por favor con estos mocosos peleoneros! ¿No les preocupa pelear pero les aterra perder?). También se da tiempo de preguntarse porque su padre contrató a otro para que le enseñara a pelear (o sea que tampoco sabe que el Kid Tolteca sólo es un vil second).
Por fin empieza la pelea entre Carlangas y Luis. Se dan con todo y el público se emociona, animando especialmente al chico que va tomando ventaja sobre el profesional. Luis tiene un record de veinte peleas invicto pero pese a dar su mejor esfuerzo, Carlangas lo derriba. El Kid (que también hace de réferi) cuenta muy despacio (impacientando al publico ¿Cuál es la diferencia de si gana su amigo o no? No era una pelea de apuestas) hasta que debe declarar a Carlangas como el vencedor. 
Como buen perdedor, Luis lo felicita y al rato el Kid ya ando proponiéndole que siga participando en peleas semanales, ofreciéndole 200 pesos por encuentro. Carlangas debe declinar, recordándole que solamente quería entrenarse para derrotar a un abusador y no quiere preocupar a sus padres haciendo una costumbre de participar en encuentros clandestinos. El Kid desiste pero le sugiere usar su estrategia de reunir a un grupo para partírsela a su enemigo. A Carlangas le repugna el método y exige su pago correspondiente, retirándose y pensando en que a sus amigos les dirá que lo encontró tirado nomas para prevenir que Memìn vaya con el chisme.
El Kid y Luis se quedan contando las ganancias, asombrados con la habilidad de Carlangas, esperando que cambie de parecer.
Al día siguiente, Carlangas cumple su palabra de invitarles helados a sus amigos. Ante la presión de cómo lo consiguió, siente que tiene que decirles la verdad, haciéndoles prometer guardar el secreto. Memìn no está seguro de hacer esa promesa ya que un chisme jugoso tendría que correr a decírselo a todo el mundo. Confirmando su presentimiento, Carlangas se limita a contárselo a los demás, dejando a Memìn fuera e indignado.
Finalmente, el día acordado para la pelea llega. Carlangas e Isaías están más que dispuestos, esperando a la hora de la salida para darse de golpes. Todos se reúnen detrás de la escuela, siendo divisados por Luis, quien casualmente pasaba por ahí. Reconociendo al hijo del Kid, corre a darle el chisme. Éste no admite que nadie toque a su hijo, e inmediatamente reúne a una pandilla contratada para que se lancen sobre el oponente de Isaías. Irrumpen antes de que inicie el intercambio de golpes, armados con palos, dándole una tunda terrible a Carlangas. Isaías se interpone, incapaz de admitir algo tan sucio, volviéndose hacia su padre con vergüenza.
Memìn, ante la presencia de la turba, huye y se trepa en un árbol. Mientras, Luis, reprobando la iniciativa del Kid, llama a la policía y el sonido de la sirena ahuyenta a los abusivos. Memìn se cae del árbol, justo todos se han dispersado y arriban Luis y los policías.
Una pagina después, todo vuelve a la normalidad, sin explicar que sucedió fuera de una carta que dejó Isaías para que Romero la leyera ante la clase, anunciando que se va para Monterrey a vivir con su madre, disculpándose y comprometiéndose a dejar de ser lambiscón y abusador. Memìn y sus amigos salen de clases, comentando sobre la decisión de Carlangas de comprometerse a no pelear más. El negrito duda que eso dure, demostrándolo después de salir de la tienda tras comprar una refrescos, cuando un chico fornido choca con Carlangas y no se disculpa. 
Se dan de golpes y el otro se rinde luego luego. Carlangas se apena pero vuelve a prometer que no peleará más en lo que Ricardo les dirige que se apuren a llegar a la casa para ver el campeonato mundial de luchas. De nuevo, Memìn duda que su amigo mantenga esa promesa. 
Y efectivamente, su corazonada se verá acertada en la próxima, patética aventura. 

domingo, 24 de julio de 2011

Próximamente: El retorno (y por ultima vez)

Así es, amigos. Este blog vuelve a la vida tras una larga suspensión para concluir definitivamente con la cobertura de la trayectoria de Memìn Pinguín.
Como sabemos, Memín está prácticamente aniquilado pese a sus ediciones repetidas por partida doble (o triple) pero nunca olvidado, por lo que estamos de vuelta en el negocio para terminar con sus arcos finales, asi como sus especiales extra del año pasado que respectivamente conmemoraran los aniversarios de la Independencia de México y la Revolución Mexicana.
Disculpen la demora pero ya estamos listos para trabajar de nuevo (no inmediatamente pero al menos ahora saben que el blog de Memín no está muerto). Gracias a todos los que han mostrado interés y entusiasmo por este particular tema de uno de nuestros tesoros nacionales que de repente pasan desapercibidos. Aun cuando sabemos que a Memín no le ha ido nada bien (artísticamente hablando, por pésimos argumentos de sus nuevas aventuras y demás defectos que para estas alturas ya he de haber dejado muy en claro), todo indica que vivirá por siempre como un recuerdo, mismo que hemos de terminar de recordar aquí, dándole su punto final.
Ya han sido advertidos. Estén al pendiente para las siguientes entradas. Esta continuación es gracias a ustedes por el apoyo que han dado a este blog. Suficientemente dicho.
Seguimos en contacto y hasta la próxima.
Continuemos y demos a Memín la despedida que merece. ¡Arriveverchi!